Lunes 06 de febrero 2023

Un músico en medio de la rutina

Redacción 24/01/2023 - 00.15.hs

Los artistas callejeros se dejan ver cada tanto en Santa Rosa-sobre todo en esta época del año, cuando los días de calor invitan más a andar por allí--, si bien en general tienen la particularidad de no ser no son oriundos de la ciudad, sino que es gente que anda de paso hacia otros lugares. Seguramente buscando en esos sitios turísticos un mejor rédito para su arte.

 

De todos modos, en el centro santarroseño se los puede ver de tanto en tanto, algunos con sus guitarras o un bajo, otros -aunque menos-- con un violín; y alguno se ha podido observar en una esquina con un contrabajo.

 

Casi siempre son músicos transhumantes que van por el mundo con su arte y cierto aire de bohemia y despreocupación, ocupados más que nada en el diario vivir y lo que ellos mismos hacen.

 

Algunos sólo ejecutan música, y otros también interpretan con su voz distintas melodías. Siempre dejando al pie de su figura, en el piso, la clásica gorra -que a veces no es precisamente esa prenda sino que puede ser la funda del instrumento, o simplemente una caja de cartón-- donde los transeúntes pueden ir dejando su contribución.

 

Y cabe decir... mal no les va a los musiqueros por estos lares, porque los vecinos y vecinas saben apreciar el arte callejero y les dejan su óbolo, que puede ser más o menos interesante. Hoy en día, claro, ya no son aquellas monedas de tiempos idos --¿a propósito, no circulan más las monedas?--, sino que es una contribución que se hace en billetes de mayor o menor valor.

 

Decíamos que lo habitual es que se trate de músicos que andan de paso rumbo a otros destinos; pero la semana anterior se pudo observar en la vereda de La Recova -frente a la plaza San Martín-, un muchachito que con su saxo hacía las delicias de quienes acertaban a andar por allí.

 

Sólo 16 años.

 

Tímido, con la voz apenas audible -como un poquito avergonzado (sin motivo, claro)-, se presenta Lautaro Baras que tiene sólo 16 años, y es el mayor de una familia en la que son cinco hermanos.

 

Empezó a tocar un instrumento cuando tenía nada más que 9 años y ya le daba a una batería, por lo que la música es una pasión que cultiva se puede decir desde muy pibe. Hoy en día el adolescente se está dando el gusto de tocar públicamente... eso sí para un auditorio ocasional y efímero que de todos modos lo escuchará con atención.

 

"La semana anterior me decidí y empecé a venir al centro... antes había participado tocando en la Feria del Regalo, en las fiestas de fin del año pasado", empieza a decir siempre en voz baja.

 

Es hijo de Dante y de Yanina, quienes ahora mismo se están dedicando a hacer panificados -productos que ofrecen en la feria saludable-, con la idea en algún momento de poder venderlos en comercios de la ciudad. La familia vive en "Colonos Pampeanos", barrio ubicado en cercanía de Los Hornos.

 

Una ayuda para la casa.

 

Lautaro cuenta que hizo la primaria en la Escuela 74 y actualmente cursa el 5° año en la EPET haciendo la especialidad de Electromecánica. "Sí, soy bastante buen alumno...", resume siempre con modestia.

 

"La idea de tocar en la calle tiene que ver con hacer lo que me gusta... y de paso aportar alguna ayuda para mi familia", continúa.

 

Reconoce en Matías Rach a alguien que contribuyó fuertemente a su formación y le dio conocimientos musicales en su paso por Ensamble de Vientos y Percusión de General Pico, agrupación en la que hacían música de películas, mix de distintos artistas como Chris Potter, Michael Jackson y otros.

 

En Pico.

 

En algún momento estuvo integrado a la Orquesta Infanto Juvenil de Toay, pero la pandemia terminó con ese proyecto; y fue por eso que empezó a viajar a General Pico. Lo hacía junto con Darío Gigena (reconocido músico que tocaba la trompeta). "La verdad es que sentí mucho su fallecimiento, porque era un maestro y un guía para mí", lo menciona con emoción.

 

Lautaro admite que tener que viajar regularmente a General Pico suponía un sacrificio adicional y no le resultaba fácil.

 

De todos modos el jovencito sigue con la firme idea de seguir aprendiendo y hacerse un lugar entre los músicos lugareños. "¿Proyectos? Lo que en principio tengo por delante es terminar el secundario, y por supuesto seguir con la música que es lo que más me gusta. En este tiempo estoy pensando en concurrir a algunos restaurantes y tocar ahí, pero veremos si se puede", dice, mientras una señora espera que toque su instrumento para sacarle fotos; y un señor amable se agacha para dejarle algunos pesos en la funda que permanece a sus pies. "No me puedo quejar... recién empiezo y me está yendo bastante bien", dice Lautaro con una leve sonrisa en el final.

 

Lo que viene.

 

Ciertamente hay que decir que los artistas callejeros, en nuestra ciudad, son mirados con cierta simpatía (aunque obviamente no todos piensan igual). En los semáforos -más allá de algunos malabaristas que por allí realizan pruebas tal vez un poco elementales-- se han podido ver otros que sí son de excelsa calidad, practicando números que tienen mucho que ver con lo circense y que bien merecen las recompensas que les dan los automovilistas por sus actuaciones. En el caso de Lautaro, que recién comienza a mostrarse, hay que decir que muestra sus aptitudes y, por suerte, mal no le va...

 

Pero el pibe tiene claro que lo primero es lo primero: "Tengo que terminar el colegio y después sí... me voy a poder dedicar de lleno a lo que más me gusta". Por ahora ofrece su arte en las calles, y no deja de ser una linda manera de iniciarse en el camino de la vida... Bien Lautaro. Muy bien.

 

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