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Lunes 02 de febrero 2026

Una “pampeana” en la Gran Manzana

Redacción 02/02/2026 - 00.04.hs

“Todas las veces que fui a Santa Rosa me pareció una ciudad muy interesante, con mucha gente informada, creativa, interesante para charlar y conocer. Más allá de la conexión que tengo a través de mi padre, es algo que me gusta hacer”, cuenta Sofía a través del teléfono mientras envía una foto en la que aparece muy niña junto a su madre filipina en una quinta sobre la avenida Perón, en uno de esos viajes familiares desde Estados Unidos a La Pampa.

 

Sofía Mareque tiene 25 años, vive en New York y actualmente trabaja en una revista como foto editora. Es hija de Héctor Alberto “Tano” Mareque, un santarroseño que hizo el secundario en el colegio Normal, estudió en la UNLPam y que, recibido de geólogo, se fue en 1989 para hacer una maestría en Medio Ambiente en el New York City College y, también; para trabajar en la Organización de Naciones Unida (ONU).

 

“Mi papá creció ahí en Santa Rosa y conoció a mi mamá en Nueva York. Ella es May Ontal, es de Filipinas y a fines de los ‘90 ambos se fueron a Ginebra porque mi mamá también trabajaba en la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Yo nací en Suiza, crecí hablando francés en la escuela, inglés con mi mamá y español con mi papá. Cuando finalicé el colegio me fui a estudiar Historia a la Universidad de Londres y luego quería estudiar Abogacía. Siempre me encantó la escuela, la universidad, estudiar mucho y trabajar duro, me iba bien en escribir y en ese momento no me hice muchas preguntas respecto a lo que realmente quería y me inscribí en leyes. Tenía un sentimiento de que no era eso, de que tenía que saber bien qué otras carreras había y lo que yo deseaba así que les dije a mis papás que no quería Abogacía y que quería Fotografía”, cuenta Sofía en una nota con LA ARENA.

 

“En los últimos años en Londres empecé a tomar fotos y me di cuánto me encantaba. Tengo un tío fotógrafo que él me impulsaba y al mismo tiempo tocaba el violín, el violenchello, la guitarra. Me encanta cantar y por suerte en mi casa me brindaron una educación cultural muy amplia y eso es espectacular. Me gusta mucho lo cultural y la comunicación, la comunicación visual es muy variada y llena de posibilidades. Pero ser artista en estos días es muy difícil y a mis padres mucho no les gustaba la idea, así que les pedí un año para explorar y sacar fotos y ver cómo me iba. Estuve como asistente en una productora londinense, hicimos un libro, hicimos fotos de artistas, de eventos, trabajé en una película como asistente de producción y eso fue muy importante porque me di cuenta de lo que me gustaba: crear cosas en el arte visual, trabajar en eso. Me presenté para una revista en Filipinas y me mudé ahí para trabajar unos meses. Fue una experiencia increíble, vivir en Asia, hacer amigos nuevos, conocí Manila, escribí algunos artículos para la revista también”, resume Sofía sobre su recorrido.

 

The New Yorker.

 

Luego de su periplo filipino, la joven ingresó a la universidad de Columbia, en New York, “para hacer periodismo y ahí pude reunir todas las cosas que me gustan y que siento que puedo hacer bien. Me presenté a un master en Columbia, en la que es considerada la mejor escuela de periodismo del mundo, y tuve la suerte de tener a un profesor como Daniel Alarcón, que escribe mucho para New Yorker sobre Latinoamérica y además tiene un podcast que se llama ‘Radio ambulante’, y trabajé con Patricia Sulbarán, que también es una periodista latina, y no sólo me enseñó mucho en lo profesional sino también en lo que es comunidad, trabajar en conjunto. Eso fue increíble y tomé clases de fotos y de periodismo visual. Incursioné en el foto periodismo y además aprendí el trabajo de editora de fotos, que es algo que no conocía y que me abrió un mundo nuevo”.

 

Cuando finalizó el master en Columbia, Sofía ingresó como editora de fotos, junto a otras cinco personas, en la mítica revista The New Yorker, un emblema del periodismo internacional y que ya tiene un siglo de trayectoria.

 

Desafíos.

 

“Aprendí muchísimo, el New Yorker saca un periódico por semana y todo va al sitio web junto a otra información, con noticias más cortas en la web. Hice un poco de todo: artículos largos, cortos, una variedad amplia. Te mandan el artículo, lo leés y buscás una foto adecuada. A veces puede ser una nota sobre el genocidio de Israel en Palestina, entonces buscás imágenes de fotoperiodistas de todo el mundo para acompañar un artículo muy duro, muy difícil; y eso es complicado porque tenés que elegir cómo mostrar gente que está muriendo, sufriendo y al mismo tiempo preservar su humanidad, mostrar su dignidad pero también el nivel de destrucción que tiene a su alrededor. Esos temas sobre guerras y conflictos son los desafíos más importantes: cómo mostrar a la gente con dignidad pero sin esconder la verdad, demostrar lo que pasa aunque sea un poco incómodo para el lector. Hay que mostrar la verdad y ese equilibrio fue muy difícil pero a la vez súper movilizador y desafiante”.

 

Dura realidad.

 

Sofía vive en un país cuyo presidente (Donald Trump) representa una amenaza en muchos sentidos. Y como integrante de distintas publicaciones con mirada política y social, tiene su propia visión sobre el país del norte, sobre New York, acerca de Venezuela o de Palestina.

 

“Claramente son tiempos difíciles para vivir en Estados Unidos. Todas las políticas de Trump, toda su ofensiva internacional pero también su ataque interno hacia minorías y hacia inmigrantes, es una muestra despiadada de lo que está dispuesto a hacer. Lo que sucedió en Venezuela nos tocó muy de cerca por todo lo que implica Latinoamérica. Fue un avasallamiento grave a la soberanía de una nación y cuando te toca trabajar de primera mano con temas muy sensibles, como el genocidio que ocurre en Gaza, sentís de cerca el sufrimiento diario de miles de personas”, analizó la joven quien, en contrapartida, celebra que New York haya elegido como alcalde a Zohran Mamdani, el socialista de origen musulmán que se antepone al proyecto y a la plataforma de gobierno trumpista.

 

“Para mucha gente que pensamos y vivimos de una manera determinada, Mamdani representa una esperanza. Es un inmigrante muy joven (34 años), que ya en su primer discurso tras asumir el cargo dejó en claro hacia dónde irá su gestión. Veremos cómo sigue en el tiempo pero sí, su irrupción es un soplo de aire fresco para todos”, remarcó.

 

Otra revista.

 

En la actualidad, Sofía trabaja como foto editora para The Cut (www.thecut.com), una revista que forma parte del New York Magazine y que se enfoca, sobre todo, en cuestiones culturales y de moda.

 

“Es un lugar en el que tenés mucho contacto con músicos y directores de cine, por ejemplo. Se apuesta mucho por la creatividad y contamos con una gran independencia para trabajar. Se puede leer en web y se hacen dos ediciones impresas por año. Es un gran gran equipo con mayoría de mujeres y es una revista muy joven, con mucha onda y es muy placentero trabajar en este lugar”, valora Sofía justo antes de ponerle valor a sus visitas a suelo pampeano.

 

“Ahora hace bastante que no voy, pero desde chiquita que he ido a La Pampa con mis padres y cada visita fue de mucho placer. Santa Rosa me parece una ciudad muy linda y sobre todo su gente. Gente creativa, con inquietudes, con charlas muy interesantes. Eso es lo que me llevé cada vez que fui al lugar de donde es mi padre así que mi anhelo es poder volver pronto y estar un tiempo allá”.

 

The New Yorker, en un docu de Netflix.

 

Aunque recién tiene 25 años, Sofía Mareque se dio el enorme gusto de trabajar en The New Yorker, una de las revistas más famosas del periodismo en el mundo y que el año pasado tuvo un gran homenaje en la plataforma Netflix con el estreno del documental “The New Yorker cumple 100 años”.

 

El docu resulta atrapante desde el minuto uno ya que además de recorrer la historia de la revista y sus personajes, menciona algunos de los más famosos artículos, como la cobertura sobre Hiroshima de John Hersey; la denuncia de Rachel Carson sobre las fumigaciones contaminantes y cancerígenas; la serie de entregas de lo que sería ‘A sangre fría’, de Truman Capote: emblemática y no menos problemática en el sentido de cómo The New Yorker tuvo que rever los recursos literarios asociados al periodismo, las denuncias de abuso sexual del productor de Hollywwod Harvey Weinstein o las coberturas de Jon Lee Anderson, a quien se le escucha decir, en diálogo con el director de la publicación, que está trabajando en un artículo sobre Milei, “the crazy guy” (el artículo que el presidente argentino luego celebró en sus redes, aun cuando lo que se decía en la nota no era nada favorable).

 

El documental también retrata el vaivén político de los tiempos y el impacto que supone el gobierno actual de Donald Trump, a quien The New Yorker confronta con información. Este rasgo constitutivo del oficio aparece acompañado de instancias tales como las largas discusiones sobre el uso de una palabra o la inclusión de una coma, junto a la tarea extraordinaria de los “verificadores”, encargados de corroborar todas y cada una de las referencias que circulan por los textos próximos a publicarse.

 

Postales entre La Pampa y New York.

 

Nota.

 

En una de las visitas del “Tano” Mareque a su tierra natal, en la década del ‘90, este diario le dedicó un espacio en la sección denominada ‘Personajes’. Allí contaba su trayecto desde que había desembarcado en EE.UU. y ofrecía su mirada sobre la Santa Rosa de ese momento.

 

Visita.

 

La pequeña Sofía junto a su mamá, May Ontal, retoza en una quinta santarroseña en uno de los viajes de la familia al país. “Siempre me gusta ir a la Argentina y especialmente a La Pampa, claro. Tengo una conexión fuerte a través de mi papá y por eso me gustaría ir pronto”.

 

Fotos.

 

Sofía trabaja como fotoeditora de una revista y a través de esa tarea ha reflejado distintas cuestiones, desde dramas humanitarios en conflictos bélicos hasta tendencias de moda. En esta imagen está ella en su visita al Museo de Frida Kahlo, en la ciudad de México.

 

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