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Martes 24 de marzo 2026

Y un día Alicia volvió al Peñi Ruca

Por Redacción 24/03/2026 - 08.08.hs

“¿Si me siento una heroína? ¡No! Mis hijos y nietos bromean con eso… Y sí, supongo que sienten cierto orgullo por aquello que pasó. Pero todos saben que soy muy tímida, y me he sentido un poco incómoda porque en estos días me han llamado de diversos medios periodísticos”, admitió Alicia Chaves por estas horas donde su nombre ocupa un lugar especial en la memoria pampeana.

“Lo que pasa es que a partir de esa nota que salió en LA ARENA hace tiempo (fue el 21 de marzo de 2020), muchos saben lo que pasó aquella noche. Y ahora que se inaugura una nueva plaza pública en el corazón del Barrio (‘Aquiles José Regazzoli’, ex ‘Peñi Ruca’) me llamaron de algunas radios y de los canales de TV para que cuente esa historia”, explica. “Por eso mis nietos me cargan… ¡es famosa la abuela!, dicen”, y sonríe Alicia, que no tiene problemas en decir que hoy está rondando las siete décadas.

Desde que llegó el tiempo de su jubilación –se fue con la categoría 4, como Jefa del Departamento Coordinación de Compras y Licitaciones del IPAV-, vive tranquila en su casita del barrio Butaló. Disfrutando de su familia, yendo cada tanto a ver algún partido de sóftbol (es suegra de Lucas Mata y varios de sus nietos/as juegan), y asume como puede este momento porque “la verdad es que soy muy tímida”, afirma.

 

Se venía el golpe.

¿Y cómo es que aquella vez se animó a tanto? “No sé. No tuve miedo… me mandó a llamar don José, a la madrugada, a la casa donde ya vivía con mi hijo mayor Pablo y mis padres (tuvo después a Roxana y Mery), y fui a Casa de Gobierno”.

La del 24 de marzo era noche cerrada todavía. Pocos sabían que vendría aún una noche aún más negra, y que se iniciaba una de las etapas más aciagas de la historia argentina.
El movimiento de tropas en todo el país preanunciaba el peor de los finales, y el advenimiento de un nuevo gobierno de facto. Aquí, en La Pampa, el gobernador Aquiles José Regazzoli aguardaba junto a su gabinete el desenlace inminente, mientras los militares andaban ya por pasillos y dependencias de Casa de Gobierno.

 

“Busquen a Alicia”.

En un momento Regazzoli casi pareció acordarse de algo: “Vayan a buscar a Alicia Chaves”. El Flaco Mario Macagno, acompañado de un policía llegó a la “casa 2” del que luego sería en principio barrio Peñi Ruca (hoy Aquiles José Regazzoli) y despertó a la familia que ya vivía allí. “Mi madre se sorprendió, pero le expliqué que me llamaba el gobernador y me fui”, cuenta Alicia.

Integrante de una familia numerosa, es hija de Nely y Evelio (ambos fallecidos), y tuvo varios hermanos. El más conocido tal vez ha sido el eximio guitarrista Foreto; y los otros son Ana, Kelo, Luis, Marta, Daniel y Sergio.

“Me mandó a llamar el gobernador”, le dijo aquella noche cuando un soldadito le preguntó dónde iba. “El golpe se olía en al aire, y Don José ya tenía pensado entregar el Peñí Ruca antes que pasara, pero vinieron los militares y eso no había pasado, así que cuando llegué me preguntó dónde estaban las llaves. Cuando le dije que en Vivienda me preguntó si me animaba a ir a buscarlas, para distribuirlas esa misma noche”, recuerda Alicia.

Y hay que imaginar el momento: Alicia era una pibita de 18 años, y podía sentir naturales temores. “Pero no, no me pasó. No si era inconsciencia o qué, pero no tenía miedo. Me acompañó un policía y Lalo Gigena (era Director de Prensa) y fui hasta la oficina”.

Un par de militares le salieron al paso: “Dónde va usted?”, le inquirieron. Rápida de reflejos la jovencita respondió: “Dejé unas llaves en la oficina y las necesito”. El oficial -era el mayor Calderón- dudó un poco pero la dejó pasar.
“¡Me dejaron entrar, y agarré un tablero lleno de llaves y me lo llevé bajo el brazo…”, se ríe Alicia. “No sé, tendría un metro de largo por 50 centímetros de alto… Cómo será que el policía que me acompañaba me tuvo que ayudar. Y tuve suerte porque cuando salí el mayor Calderón no estaba, y el soldadito no se animó a pararnos”, completa.

 

¡A ocupar el barrio!.

“¡Las tenés que entregar ahora mismo, a cada uno de los adjudicatarios!, ¿te animás?”, le dijo Don José.
Y sí, Alicia ya estaba entusiasmada con su misión, y acompañada por Avelino Cisneros (sólo ellos dos) partieron hacia el barrio ubicado detrás del Molino Werner, donde hasta ese momento vivía la mayoría de los beneficiados con una vivienda en el Barrio Peñí Ruca.

Listado en mano fueron diciéndoles a los adjudicatarios que debían mudarse esa misma noche. Porque después, ya con los militares en el poder, todo podría llegar a complicarse.
“Con mis padres y mi hijo Pablo que era muy chiquito, ya vivíamos en el Peñi Ruca, en la casa n° 2 (sería la primera habitante), porque antes estábamos en una casita muy humilde en Villa Parque, y Don José nos adelantó la entrega… Así que cuando los nuevos fueron llegando al barrio con Avelino los íbamos acomodando en cada casa… porque yo conocía el lugar”, rememora.

 

Mudanza acelerada.

Por un rato todo fue vertiginoso. Los vecinos de atrás del Molino precipitadamente abandonaban las que eran sus humildes moradas hasta ese momento para cargar en autos, carros, motos y hasta en bicicletas lo más elemental para meterse en el nuevo barrio. “La gente llegaba en lo que podía y se iba metiendo en sus viviendas”, evoca Alicia.

Más tarde serían avisados el resto de adjudicatarios que vivían en otros barrios de la ciudad.
“Agarramos lo que pudimos y nos vinimos. No teníamos luz, ni gas, ni nada… Así que por las noches estábamos a la luz de una vela…”, nos cuenta una vecina a 50 años de aquella mudanza exprés.
Y completa: “Aquí no había nada. La Avenida de Circunvalación no existía, y era apenas una calle de tierra… enfrente sólo esa casa que ahora está al lado de Ratto (la agencia de autos) y más atrás una chanchería”. La vecina, una de las pocas que quedan –sí hay familiares más jóvenes de aquellos primeros ocupantes-, no quiere dejar de reconocer “el enorme coraje de esa chica (Alicia) que nos entregó las llaves”.

Algunos vecinos de antaño -han pasado exactamente 50 años- siguen viviendo allí, o lo hacen sus hijos u otros familiares. Fueron 80 familias que desde ese día “gracias a Don José tuvieron un techo”, dice Alicia y se emociona.

En las primeras horas después del golpe hubo muchas detenciones. Funcionarios –empezando por Regazzoli y todo su gabinete-, militantes, periodistas. “Sí, por supuesto a mí también me llevaron! Cuando la policía paró en la puerta de casa sabía que me venían a buscar. Mi mamá lloraba, les explicaba que tenía un bebé de un año, pero igual fui a parar a la Jefatura de Policía. Me hicieron muchas preguntas, y contesté. Don José me había dicho: ‘si la llevan usted diga la verdad, que yo la mandé’”.
La tuvieron varias horas hasta que a las 2 de la mañana del día siguiente la dejaron libre. Caminando lentamente, repasando lo sucedido, regresó caminando un montón de cuadras de regreso a su casa.

 

“La chica de las llaves”.

Después todos sabemos lo que pasó. La crueldad de la dictadura, el horror, la muerte, las desapariciones.
Han pasado 50 años… Alicia volverá esta tarde al “Aquiles José Regazzoli”. Se reencontrará con algunas de las personas que aquella noche gracias a su coraje recibieron sus casas. Con su humildad de siempre porque como dice “no me creo nadie especial. Me tocó hacer eso, y si siento orgullo es por Don José, que él sí merece todos los reconocimientos”.
Alicia Chaves será recordada por siempre como “la chica de las llaves”, y sin dudas merecería un especial homenaje por tanta valentía.

 

“¡Cómo me engañó usted!”

 

“¡Fue a buscar una llave y se fue con un tablero bajo el brazo! ¡Cómo me engañó usted...!”. Sonríe Alicia al rememorar esos días en el Instituto Provincial de la Vivienda (todavía no era autárquico), cuando el mayor José Edgardo Calderón (fallecido) la llamaba a su oficina y le ordenaba serio: “Siéntese ahí…”. Pasaban algunos minutos hasta que el militar volvía a hablarle.

Era el oficial que la noche del 24 de marzo de 1976 acompañó a aquella piba de 18 años –o poco más- hasta las oficinas donde funcionaba Vivienda para retirar “una llave”. Alicia estaba cumpliendo una de las últimas órdenes de Regazzoli como gobernador: “Traiga las llaves del barrio (Peñi Ruca se iba a llamar) para distribuirlas esta noche antes que los milicos se hagan cargo…”, le había dicho.

 

La joven recorrió –casi de madrugada- los pasillos casi a oscuras y vacíos de Casa de Gobierno para cumplir el mandato. Ingresó, miró que Calderón se había ido y se llevó no una sino un gran tablero con 80 llaves que al rato -en medio de la noche-, iba a distribuir donde vivían los adjudicatarios. “Métanse ahora porque mañana puede ser tarde”, les recomendaba.

 

Calderón fue, durante la intervención militar ministro de Bienestar Social, y cada tanto convocaba a Alicia Chaves a su despacho para “recriminarle” de qué manera lo había engañado llevándose el tablero completo. “Al final terminamos casi amigos…”, recordó ahora la entonces empleada. Lo que sucedía es que que en realidad el oficial parecía admirar la valentía de esa muchachita que se animó a tanto, sin medir posibles consecuencias.

 

 

 

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