Trebolares, un pueblo olvidado
El viento matinal sacude el polvo de las calles que atraviesan Trebolares, una pequeña localidad de treinta habitantes situada en el departamento Maracó, a sólo veinte kilómetros de esta ciudad. El advenimiento de las nuevas tecnologías y el crecimiento de las grandes ciudades de la región atentaron con la autonomía de un poblado, cuyas actividades recaían en la producción de miel y cueros y que hoy se contempla desierto, arrastrado por el paso del tiempo.
Trebolares se estructura en una larga calle atravesada por cuatro arterias paralelas. "Al terminar el pueblo hay una quinta y un tambo en funcionamiento", cuenta un joven de la localidad.
Con nostalgia, señala las pilas de cajones de miel en desuso, los contendores y la vieja capilla donde los devotos solían acudir en las mañanas dominicales. "Ya no queda nada", dice resignado. Neumáticos, basura en las calles y una cancha de fútbol con pasto puna completan el paisaje del lugar.
Según un censo realizado por el INDEC, Trebolares contaba en 2001 con 52 habitantes, dos más que en 1991. Gubernamentalmente depende de la Municipalidad de General Pico que, a través de Corpico, lo provee de energía eléctrica.
Sin agua ni gas.
Tiene un departamento policial, una posta sanitaria y una plaza cercana al único establecimiento educativo, adonde concurren niños de 5 a 15 años. Un poblador sostiene que los baños están edificados a la intemperie y que las viviendas no tienen agua ni gas. "Usamos garrafas y vamos a buscar agua al purificador de la escuela", dice. Y agrega: "A la escuela rural asisten 32 niños provenientes de Trebolares, Pico y los campos aledaños".
Como los colectivos no ingresan al pueblo, los pasajeros deben dirigirse a la ruta provincial 1 para poder viajar a otro lugar. "El que no tiene auto está condenado", afirma.
Los episodios de inseguridad no son ajenos a la localidad, en donde escasean las fuentes de trabajo. La mayoría de los jóvenes que terminan el EGB 3 se van a trabajar a Pico y sólo algunos optan por continuar en el pueblo.
Un adolescente de 17 años cuenta que al finalizar el ciclo básico eligió emplearse en la cría y faena de animales, una de las pocas opciones laborales que tiene en el lugar.
Producción apícola.
Los habitantes de Trebolares suelen reunirse por las noches para compartir algún asado y jugar al truco, una de las diversiones más frecuentes. "Nos reunimos entre nosotros para mitigar la soledad", dice un antiguo poblador.
Cada uno de los consultados, coincidió en que hace unos años la localidad contaba con una fructífera producción de miel pero luego los productores decidieron emigrar hacia las grandes ciudades. "Había tres boliches (galpones donde se realizaban bailes tradicionales) corría el tren de pasajeros y la estación estaba llena de gente", recuerda un hombre. "Hoy vivir acá es muy triste, no hay nada y parecemos olvidados".
Trebolares fue fundado en 1927 por inmigrantes italianos que arribaron con la aparición del tren de pasajeros. El pueblo, que contaba con una actividad económica y social propia, es uno de los más antiguos del departamento.
Hoy es un sitio desolado y agreste, con basura en las calles y un paisaje triste y solitario, como la mirada de los que se quedaron y se asombran ante la presencia de alguien que no les resulta familiar.
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