Alba, la pequeña proteccionista que ama a los animales
Una niña de dos años sorprende a propios y extraños por su sensibilidad con los animales. Junto a su familia rescata y asiste a perros y gatos en situación de vulnerabilidad. Su historia visibiliza la importancia de la empatía aprendida desde la primera infancia.
Mientras la mayoría de los niños de su edad dedican su tiempo a los juegos y a los primeros aprendizajes numéricos o alfabéticos, Alba Pollio realiza preguntas que conmueven profundamente a su entorno.
Con apenas dos años y siete meses, la pequeña oriunda del barrio Terrazas de Neuquén se convirtió en la proteccionista de animales más joven de la región. Su vida transcurre entre perros y gatos asustados, traslados de urgencia y hogares de tránsito, una realidad que asimiló con absoluta naturalidad gracias al legado familiar.
Una nota publicada por el diario La Mañana de Neuquén da cuenta de la historia de esta pequeña alma sensible. La abuela materna de la niña, Ivana Malaspina, se desempeña como rescatista desde hace casi 17 años e integra la organización Neuquén Adopciones.
Este lazo cotidiano con la problemática del abandono moldeó la personalidad de la pequeña de forma temprana. “Ella nació viendo esto. Para ella es natural ayudar”, relató Malaspina al medio neuquino.
Cada tarde, luego de asistir al jardín de infantes, Alba se alista activamente para participar de los operativos de asistencia. Su abuela detalló que, cuando surge la necesidad de buscar un animal desamparado, la niña sola prepara sus pertenencias: “Agarra un pañuelito, agua, galletitas y me dice: ‘Vamos a buscar un perrito’. Yo le explico que tal vez está enfermo o que lo tenemos que llevar al veterinario, y ella entiende todo”.
El compromiso de la pequeña proteccionista quedó en evidencia tras el rescate de Emma, una perra hallada en graves condiciones de salud en la meseta neuquina. El animal se encontraba aterrado y manifestaba conductas esquivas con los seres humanos; sin embargo, desarrolló un vínculo inmediato con la niña.
"Ella le preparaba pedacitos de queso con la medicación. Emma solo se dejaba tocar por Alba", recordó Malaspina en la entrevista periodística. La conexión fue tan profunda que, al momento de difundir las imágenes para buscarle un hogar definitivo, la menor se hizo escuchar. “Yo la rescaté. Emma es mía. Yo soy su familia”, sentenció. Finalmente, la perra fue adoptada de forma permanente por la familia.
El caso de Emma no es aislado; los animales más temerosos que ingresan en tránsito suelen buscar la contención de la pequeña, compartiendo su cama y sus rutinas diarias. Para su abuela, el rol de la niña constituye un faro de esperanza frente a la crudeza del maltrato animal. "Ella representa la empatía aprendida desde la infancia. La compasión natural. La idea de que cuidar a otro ser vivo no debería ser una excepción, sino algo cotidiano", concluyó Malaspina.
Artículos relacionados
