Cuando tenía 11 años hizo un diseño que se convirtió en la bandera de su ciudad
Las tareas, por lo general, son algo que hacemos por obligación, para cumplir y en la mayoría de los casos no pensamos mucho en las repercusiones que pueden llegar a tener a futuro. En la infancia mucho menos porque vivimos más anclados en el tiempo presente.
Sin embargo, con el paso de los años uno puede llegar a tener dimensión de la importancia de actos anteriores, aunque por ahí no lo sorprenda tanto como a otras personas.
Una situación de este tipo vivió Pablo Martínez Haller, quien con solo 11 años de edad participó en un concurso que para él fue solo una consigna de la escuela, pero por intermedio de la cual ganó como el mejor diseño que se terminó convirtiendo en la bandera de la ciudad de Bahía Blanca.
“Recuerdo estar en clase y ver que entra la directora a avisar que el ganador del concurso estaba en la escuela. Dijo mi nombre y mis docentes y compañeros me felicitaron”, relató el joven en una entrevista con el diario La Nueva, como si se tratara de un recuerdo más.
“No me acuerdo más de ese día”, reconoció. Claro, para un chico que todavía ni siquiera había entrado en la adolescencia el hecho no era relevante. “Yo no entendía bien cómo era el concurso ni lo que implicaba. Dije ‘tengo que hacer esto’ y lo traté como si fuera una tarea de Plástica”, explicó.
Luego, el paso de los años lo llevó a considerar de otra manera ese acontecimiento debido a que su diseño empezó a ganar lugar entre charlas, actos escolares y distintos encuentros. “Fue cuando tuve que dar charlas en actos en algunas escuelas, pero más que nada cuando me hacían hablar del tema. Suelen sorprenderse”, contó.
El diseño de la bandera que realizó Pablo estuvo supervisado por su madre, quien lo ayudó aconsejándole que lo tome como una tarea, y su padre, que colaboró con los elementos identitarios locales. De ese trabajo familiar surgieron los símbolos que hoy conforman la bandera bahiense: la fortaleza, los colores, el ancla, el engranaje, la guarda pampa, la espiga, la pluma y el sol.
Para su autor, tantos elementos la vuelven “cargada” al estandarte. Sin embargo, eso no le impidió disociarse de su propia obra. “Ya la naturalicé tanto que no relaciono que estuve involucrado”, admitió ante La Nueva. No obstante, reveló que hubo una vez que lo emocionó esa bandera, fue cuando le tocó ser abanderado.
Asimismo, mirando hacia atrás, el joven reconoció que si volviera a hacer el diseño lo único que mantendría sería el símbolo de la fortaleza y los colores.
La vida tiene formas curiosas y hoy, 14 años después, Pablo no se dedica al arte plástico ni al diseño. Estudia Filosofía en la Universidad Nacional del Sur, pero es consciente de que, en algún punto, su situación personal no cambió del todo respecto a ese niño de 11 años. “Todavía tengo el privilegio de elegir qué quiero hacer”, expresó.
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