Tiene 12 años, un coeficiente superior a la media y ya se graduó en la universidad
La Real Academia Española define al coeficiente intelectual como un “número que expresa la inteligencia relativa de una persona y que se determina dividiendo su edad mental por su edad física y multiplicándolo por 100”.
Un artículo periodístico del diario Clarín puntualiza que “el 68% de la población obtiene entre 85 y 115 puntos, mientras que solo el 2% supera el 130, umbral asociado a la superdotación”.
Pues bien, la chica de esta historia tiene tan solo 12 años de edad biológica y posee un coeficiente de 132, según detalló una nota del portal InfoFunes que retrató el caso a mediados del año pasado.
Su nombre es Lara Ghione, es oriunda de Funes, provincia de Santa Fe, y en diciembre finalizó la Diplomatura en Community Management en la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Cuando se anotó en esa carrera se convirtió en la mujer más joven de las ciudades de Rosario y Buenos Aires en cursar un trayecto universitario.
La cursada la realizó de manera virtual para que no se sintiera incómoda en el aula, pero al mismo tiempo terminó con el sexto grado en una escuela de Fisherton. Sin embargo, a pesar de su capacidad intelectual, no todo fue a favor en la vida de esta adolescente.
Los primeros años
Nació y tuvo que estar cuatro meses en el hospital porque no podía asimilar ningún líquido y atravesó un cuadro de desnutrición. La sala de jardín de 1 año la hizo en Rosario, pero con compañeritos de 3 años, la salita de 5 fue en Funes, donde tenía un compañero con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Un día la maestra le llamó la atención y Lara le dijo que era “una intolerante”.
Cuando pasó a primer grado en plena pandemia, la niña ya sabía manejar programas de edición digital, entonces los directivos del colegio le pidieron que no se conectara a las clases virtuales porque, según ellos, “iba a distraer a los alumnos”. A cambio, le aprobaron el paso de año.
Seis colegios de Funes, su lugar natal, no la aceptaron bajo el argumento de que “no estaban preparados”, contó su madre. Hasta que una institución en Fisherton la aceptó y allí pudo encontrar contención emocional y desplegar todo su potencial. En tercer grado dio una charla sobre bullying para sus compañeros y unos años después hizo un curso de programación en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
A los cinco meses ya gateaba, a los seis dijo sus primeras palabras y a los dos años de vida le preguntó a su mamá Yamila si “Manuel Belgrano creó la bandera celeste y blanca por votación” porque a ella le hubiera gustado que sea “rosa y amarilla”.
Cuando tenía seis años, Lara fue diagnosticada con Alta Capacidad. A esto se sumó otro diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDH). Asimismo, terminó la primaria con los compañeros de su edad porque sus padres prefirieron que no quemara etapas, aunque tranquilamente podría haber adelantado y hecho el nivel secundario.
La normativa universitaria establece que para ingresar al nivel superior se deben tener 18 años y tener título secundario o, en todo caso, ser mayor de 25. Con Lara, según contó su madre a Infofunes “hicieron una excepción por su capacidad, que bien pudo demostrar”.
Una chica común
La joven santafesina no solo es una mente brillante, sino que también le gusta disfrutar de los mismos pasatiempos que a los chicos de su edad. Va a clases de danza, adora el K-pop, practica vóley, le gusta leer, mirar series y estar con sus amigos.
“Mis amigos y compañeros me apoyan mucho, voy a la escuela por ellos, porque los temas ya los conozco, pero me gusta que me traten así, como una más. Aparte soy de hablar mucho, así que enseguida me hago amigos por todos lados”, expresó Lara ante el medio citado.
Se siente atraída por las artes escénicas, pero no le gusta dibujar. Aprendió educación financiera gracia a su padre, que es matemático. Tanto es así que Lara ahorra su dinero en bonos.
En una nota reciente con el diario La Nación, la joven contó su experiencia universitaria y resaltó poder haber conocido personas de otras provincias. “Aprendí de diferentes culturas”, dijo.
“Me tenía que sentar a explicarles a las maestras que mi cerebro funciona diferente y que cada uno tiene sus tiempos”, recordó en la entrevista respecto a los rechazos que sufrió durante su educación primaria.
“Siempre me sentí distinta, pero cada uno tiene su peculiaridad. No somos todos iguales. Esto recién empieza y cuando se descubran más personas así va a ser más fácil para los docentes, quienes tendrán que capacitarse. Espero que mi caso abra un camino para los demás”, sostuvo.
A Lara no le gusta que la traten “como si tuviera una mente superior” o “como si fuera una prodigio”. “Soy una nena de 12 años”, afirmó. Es una niña con mucha conciencia acerca de su condición.
“Las personas que tenemos TDAH tenemos Altas Capacidades, discalculia, autismo… a veces se dice que no prestamos atención y en realidad nuestro cerebro está en otra dimensión. La mayoría de los neurodivergentes son ‘metiditos para adentro’ y diferentes a mí, aunque todos seamos distintos entre sí. Aunque vos tengas neurodivergencia, no somos todos iguales”, explicó ante La Nación.
Herencia de madre
La situación de Lara permitió que su mamá, Yamila, también encontrara su propio diagnóstico que es igual al de su hija. A los pocos años de vida ella también mostraba capacidades superiores a los chicos de su edad. Tal esa así que hizo tres carreras: periodista, Project Manager y extraccionista.
“Siempre fui la rara del colegio y sentía algo diferente en mi persona. Cuando fuimos a Córdoba a hacernos los estudios con Lara me entrevistaron y dijeron que las Altas Capacidades se heredan por parte de la madre”, relató Yamila, de 37 años.
Su alto coeficiente intelectual le permitió entenderse perfectamente con Lara. Señaló que junto a su esposo siempre le contestaban de manera adulta a su hija y eso trajo algunos conflictos con otros familiares.
“Obviamente que a veces me ponía a llorar porque era una nena que no paraba de hablar y preguntar. Me saturaba a tal punto de pedirle, por favor, que deje de hablar”, reconoció.
Lara entró en un cuadro depresivo debido a que fue víctima de bullying y de maltrato en la escuela por ser considerada “diferente”. Su madre la ayudó a salir de esa posición donde no le encontraba “sentido a la vida”.
“El mundo ya está hecho y uno se tiene que adaptar. Si a vos te molestan los ruidos, ponete tapones”, ejemplificó Yamila en relación a la forma en que educó a su hija para que enfrentara los problemas del mundo real.
La pequeña genio sueña con las mismas cosas con las que podría solar cualquier adolescente. Está entusiasmada con el viaje de egresados a Villa Carlos Paz y en seguir formándose como bailarina para algún día poder estar en un escenario.
En su perfil de Instagram sube videos donde ella misma cuenta lo que significa ser neurodivergente y cómo procesa toda la información. “Mi cerebro no sigue el mismo camino que la mayoría, pero llega. Y a veces, más rápido”, explica.
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