Un espacio de refugio para los vulnerables que homenajea al Papa Francisco
Este martes 21 de abril se cumple un año de la muerte del Papa Francisco I y en distintas partes del país se realizarán misas para recordarlo y homenajearlo. El religioso argentino estuvo al frente del Vaticano desde marzo del año 2013 cuando fue elegido como Sumo Pontífice hasta principios del 2024; 11 años.
En un barrio de la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba, encontraron otra manera de rendirle homenaje poniéndole su nombre a un espacio que brinda contención, acompañamiento y ayuda a personas en situación de calle y a quienes padecen consumos problemáticos de alguna sustancia.
La imagen y la esencia de Francisco está impregnada en cada rincón del espacio desde el comienzo de la iniciativa que buscaba brindar un lugar para los más desfavorecidos. Según un artículo del diario La Voz del Interior, los propios voluntarios eligieron la denominación "Papa Francisco" para bautizar el lugar.
Sin embargo, la historia comenzó hace una década, casi de forma paralela a la asunción de Jorge Bergoglio como Papa. Un grupo de jóvenes empezó a acercarse al barrio Cámara de la ciudad cordobesa, visitaban a los vecinos, tomaban mate y charlaban para interiorizarse sobre las problemáticas de la zona.
De esos primeros encuentros nació una capilla, después vio la luz un hogar de día y centro barrial llamado "La otra orilla", hasta que en octubre del 2025 se creó el refugio. Leandro, responsable de la casa, le contó al medio citado que el proyecto surgió a partir de que detectaron que "varios hombres no tienen un sitio donde dormir".
Así, el espacio no solo se convirtió en un techo que cobijaba a quienes necesitaban descansar, sino también pasó a ser un lugar de escucha y acompañamiento para las personas más vulnerables.
“Francisco nos habló de una Iglesia en salida. Y a mí su modo de ser me cambió la vida. Por eso queremos replicar de alguna manera esa atención y cercanía por el otro”, manifestó Lucas, coordinador del hogar de día.
Un chico de 18 años, el más joven que concurre el refugio cada noche, está por mudarse a otro sector de la red "Hogar de Cristo" para empezar un tratamiento contra las adicciones. “Está bueno que te pongan un límite. Al principio me costó, era un poco rebelde, pero ahora me siento mejor. La comunidad es muy importante”, sostuvo.
El espacio funciona en una casa, en la cual antes había un depósito de ropa de Cáritas. Todas las noches abre sus puertas y ofrece una ducha, cena y desayuno, además de la compañía de dos personas del equipo de trabajo que están de forma permanente.
El refugio y el centro barrial actúan de manera complementaria. El primero se encarga de asistir durante la noche, mientras que el segundo brinda ayuda como lugar de tránsito hasta que la persona pueda volver a desarrollar hábitos saludables y recupere su autonomía. “A la espiritualidad se la tiene presente porque muchas veces ayuda a salir adelante”, explicó Leandro.
Las historias que convergen en el lugar tienen denominadores comunes, donde los obstáculos, la soledad y la falta de un proyecto de vida fueron una constante. En el refugio encuentran un lugar de aceptación y contención que les da fuerzas para salir adelante.
Los cimientos del proyecto están inspirados en el mensaje de Francisco y en la misión del "Hogar de Cristo", quien en el 2008, cuando era arzobispo, impulsó una cruzada contra el consumo de drogas (principalmente el paco) en barrios vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires.
Los voluntarios tienen claro el lema que los mueve: "abraza la vida tal como viene", sin juicios ni abandonos.
El espacio cuenta hoy con el auspicio de Cáritas y el apoyo del Arzobispado de Córdoba, la Pastoral de Adicciones y la Vicaría de los Pobres. También ayudan la Municipalidad de Alta Gracia y el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Córdoba.
El arzobispo Ángel Rossi destacó el legado del Papa argentino durante la apertura del refugio en octubre pasado: “Este refugio significa cobijo y protección, y funciona bajo el amparo de Francisco, cuya obsesión más santa fue cuidar de los más débiles”.
“En este medio año aprendimos que el cuidado no es solo un acto técnico: es un acto de amor. Es entender que mi mano solo tiene sentido si está tendida a alguien más”, reflexionaron desde el refugio.
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