Una colonia de pingüinos en Río Negro multiplicó su población por más de 500
El monitoreo integral de 65 colonias de pingüinos de Magallanes determinó que la reducción de ejemplares en zonas tradicionales, como Punta Tombo, coincide con un desplazamiento de la especie hacia el norte patagónico. Los científicos asocian estas migraciones al desgaste del suelo que los propios animales provocan mediante el pisoteo y la excavación de nidos. Tras censar 1,34 millones de parejas activas en el país, los especialistas confirmaron la estabilidad poblacional de estas aves.
El mapa reproductivo del pingüino de Magallanes está experimentando una transformación histórica en las costas de la Patagonia. Una investigación exhaustiva desarrollada por el Centro Nacional Patagónico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Cenpat-Conicet) reveló que la especie se encuentra en un proceso de redistribución hacia el norte.
El caso más emblemático de este fenómeno se registra en el Parque Nacional Islote Lobos, ubicado en la provincia de Río Negro, donde la población de estas aves se multiplicó por más de 500 durante las últimas dos décadas, pasando de apenas 22 parejas en el año 2002 a unas 12.000 en la actualidad.
El estudio, que implicó un minucioso relevamiento bibliográfico y de campo, echó por tierra los pronósticos alarmistas que auguraban un declive general de la especie basados únicamente en la histórica colonia chubutense de Punta Tombo. Según un artículo periodístico del diario Río Negro, a nivel nacional se registraron 1,34 millones de parejas activas. “Queremos dejar en claro que no es que la especie esté en peligro, ni que esté bajando. Tenemos una población estable”, enfatizó Jésica Hombre, la bióloga e investigadora que lideró el proyecto científico.
Para explicar este comportamiento, los expertos recurren al concepto de "dinámica metapoblacional", lo que significa que los pingüinos no operan como una masa estática, sino como una red de colonias conectadas entre las que se trasladan de forma constante. “Esta especie tiene una dinámica metapoblacional. Esto quiere decir que no es solamente una población, sino que se van moviendo entre colonias”, describió Hombre al medio citado.
Mientras asentamientos menores como El Pedral o la Estancia San Lorenzo (ambos en Chubut) muestran tasas altas de expansión, las colonias de Río Negro se consolidan hoy como las más septentrionales del continente.
Las causas del éxodo
Entre las hipótesis que cobran mayor fuerza para explicar la migración se destaca la degradación que los propios animales ocasionan en la geografía que habitan. Al analizar imágenes satelitales de Islote Lobos previas al asentamiento masivo, el equipo del Cenpat-Conicet notó un cambio rotundo en el paisaje.
“Cuando fuimos para atrás con las imágenes satelitales, nos dimos cuenta de que antes de que llegaran los pingüinos los islotes eran mucho más vegetados y ahora están cada vez más secos”, detalló la científica.
Este deterioro ambiental, vinculado a las excavaciones de cuevas y al pisoteo constante, ya ha sido documentado en Tierra del Fuego como un factor de estabilización y posterior abandono del territorio.
A la par del desgaste del suelo, la comunidad científica evalúa variables marinas y antrópicas. Los cambios en las rutas de los cardúmenes por la presión de la pesca comercial, el impacto del turismo costero y los efectos globales del cambio climático sobre las corrientes alteran la disponibilidad de alimento, forzando a los pingüinos a buscar nidos más estratégicos.
Sorprendentemente, las altas temperaturas no representan un obstáculo para su adaptación en Río Negro: los ejemplares soportan los veranos de 40 grados refugiándose en sus cuevas. Con el fin de desentrañar los niveles de fidelidad al nido, los investigadores comenzaron a implantar chips intradérmicos en los ejemplares rionegrinos, apostando a monitoreos de largo plazo que permitan comprender el futuro de la especie.
Artículos relacionados
