Una familia se reencontró con un pez que criaron y los reconoció
Una emocionante situación tuvo lugar en el bioparque Temaikén de la ciudad de Escobar cuando una familia viajó para reencontrarse con un pez que tuvieron en la pecera de su casa durante dos años.
La sensibilidad les ganó a todos los presentes cuando el anfibio, cuyo nombre es “Gordo”, se acercó al vidrio del estanque donde habita ahora y se quedó unos minutos allí, como correspondiendo a las caricias que les hacían sus anteriores dueños.
Según publicó el portal TeleJunín, el pez “Gordo” fue trasladado desde Santa Fe hace varios meses. Jorge, su esposa Gladys y su hijo Joel viajaron hasta el ecoparque bonaerense para reencontrarse con él, después de haberlo cuidado durante dos años en su hogar.
La especie del pez es gato de cola roja y actualmente pesa 7 kilos. Vive en un sector de Temaikén junto a otras especies.
La historia
En diciembre del 2025, el diario Aire de Santa Fe publicó la encrucijada en la que se encontraba Julio que había comprado en un acuario un pez gato de cola roja de tamaño pequeño y se le había crecido hasta límites superiores a los de la pecera de su casa.
Esta especie es originaria del Amazonas y el ejemplar de Julio llegó a crecer hasta los 80 centímetros de largo. Con ese tamaño, la pecera le quedó chica y no podía moverse con comodidad.
“Es mansito, no muerde, se acerca cuando uno se arrima a la pecera y se deja tocar”, contó el hombre a fines del año pasado durante una entrevista con el programa “Ahora Vengo” por radio AIRE.
Son peces de comportamiento dócil, pero tienen necesidades muy específicas. De hecho, cuando Julio lo tenía en su casa reconoció que algunas veces dejó de comprar comida para su familia para poder alimentar a su mascota.
Comía una sola vez al día porque si lo alimentaba con mayor frecuencia crecía mucho más rápido. Su dueño pescaba mojarras especialmente para dárselas al anfibio y cuando no conseguía pescado le daba filet de pollo o cornalitos. Luego de comer, “Gordo” se quedaba quieto en el fondo de la pecera en posición vertical, que era su manera de dormir.
Julio se dio cuenta que ya no podía seguir manteniéndolo en su casa y pidió ayuda de manera pública. Su preocupación era que fuera trasladado a un lugar especial para que pudiera vivir en condiciones óptimas.
“No quiero venderlo ni que sea un negocio. Quiero que esté bien hasta el último día”, expresó emocionado en esa oportunidad. Varios meses después, su deseo se cumplió y pudo ver con sus propios ojos el buen presente de “Gordo” en Temaikén.
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