Las jubilaciones y sus tribulaciones
SEÑOR DIRECTOR:
La eliminación de la jubilación privada ha desatado uno de esos debates crispados que han caracterizado al año en curso.
Hasta donde entiendo el problema, las empresas de jubilación privadas resultan indefendibles. Aparece, pues, como razonable disponer su eliminación en vista del agravamiento de los factores que las afectan (crisis financiera mundial). Un argumento contundente a favor de esta iniciativa resulta de preguntarse qué se hace en otras partes del mundo. Saber que Francia tiene sistema único, estatal, con rango constitucional, y que el congreso de los Estados Unidos rechazó un proyecto de creación de empresas privadas semejante al argentino, parece un dato concluyente. Lo países desarrollados no tienen AFJP. Chile, con jubilación privada única, parece venir en apoyo de nuestras AFJP, pero cabe recordar que esta creación, dispuesta durante la dictadura de Pinochet, no incluyó a los militares, lo que parece demostrar que el general Pinochet tenía una visión contradictoria: lo que juzgaba bueno para la comunidad chilena no lo veía bien para sus camaradas de armas. Las empresas chilenas están mostrando ahora su insuficiencia, al tiempo que la mayor parte de los chilenos no tiene acceso a ellas. Si la jubilación es un derecho del ciudadano, según resulta de nuestra norma constitucional, la empresa privada sólo ha sido accesible, aquí, a quienes tienen empleo estable y en blanco, al tiempo que el Estado está acudiendo a favor de los jubilados por el régimen privado, con aportes de dinero público de magnitud y en constante crecimiento. Se advierte, favorecido por la transparencia que ha brindado la crisis que estalló en Wall Street y que sacude a todo el mundo, que jugar el retiro de las personas al azar de las combinaciones financieras, las inversiones especulativas y siempre de riesgo, es contrariar la previsión constitucional. En los catorce años de nuestras AFJP (creadas en 1994) hubo seis crisis financieras en el mundo, cuyos sacudimientos determinaron ocho años de malos resultados para esas empresas privadas. Un economista dice que en esos 14 años el Estado dejó de recibir cien mil millones de dólares, cantidad que, curiosamente, equivale a lo que creció la deuda externa en ese período.
Este tema ha sido abordado en otras columnas de nuestro diario y no es mi propósito abundar al respecto. Lo que me motiva es la reflexión de un analista (José Natanson), publicada en un diario que no acompaña a los medios que transmiten y acrecientan la resistencia de las AFJP. Dice Natanson que, más allá de la evidente conveniencia de terminar con este ensayo de las AFJP, lo que hay que pensar ahora es cómo sostener la seguridad social en una economía en la que el 40 por ciento de la población trabaja en negro. O sea, casi la mitad de los aportantes potenciales, no lo hacen (pero como ciudadanos adquieren derecho a la seguridad que impone la Constitución). La perspectiva es que costará mantener el pago regular y el buen nivel adquisitivo del jubilado. Natanson hace una segunda observación que es preciso considerar: lo que precedió a las AFJP, la jubilación de reparto, hasta l994, no era lo ideal. Permitió que existieran islas de privilegio (jubilaciones de las fuerzas armadas y de la justicia) y producía un creciente déficit fiscal. Lo que quiere significar es que "no se trata de recuperar un sistema ideal, se trata de crearlo".
El valor de estos puntos de vista se acrecienta por su oportunidad. Natanson no defiende a las AFJP, antes, al contrario. Pero tiene memoria y quiere que estas crisis sean utilizadas para generar situaciones nuevas, propuestas más consistentes. Lo que cabe esperar es que el debate por darse en el congreso no se engañe con espejismos. Que no vacile en suprimir lo que es dañino e ineficaz, pero que aproveche la experiencia total de la Argentina en materia de jubilaciones.
ATENTAMENTE:
JOTAVE
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