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Miércoles 03 de junio 2026

Luego de cincuenta se ordenan cuentas

Redacción 09/03/2010 - 00.48.hs

SEÑOR DIRECTOR:
En nuestros días tiende a predominar el tema de la edad, es decir, el que se origina en el hecho de que cada vez más personas avanzan en años, allende las "fronteras" que se consideraban regulares hasta no hace muchas décadas.
Porque es un hecho actual y porque soy parte de la legión de los que agujerean los viejos límites, me obligo a atender lo que propone esa cambiada situación.
Días atrás, en la columna de Rodrigo Fresán (siempre nutricia, en Página/12 de los jueves), se pudo hallar un enfoque propio y también la referencia a un autor importante de nuestro tiempo. En lo propio, Rodrigo empieza por decir (omito comillas) que hubo un tiempo en que llegar a viejo era una hazaña comparable a ganar una guerra o matar a un dragón. Ahora, los viejos pasan a ser una molestia que no tarda en exceder el círculo de íntimos. Y que, en un mundo en que cada vez nace menos gente, los viejos van a llevar a la ruina a las cajas de pensiones, salud pública y las demás cuentas del Estado. Esto porque no va a haber jóvenes suficientes para mantener y cuidar a tantos viejos. Y los desempleados jóvenes empezarán a perder la paciencia. Por eso es que España trata de aumentar la edad de jubilación en dos años.
Por otro lado, Rodrigo ve signos del cambio: los alegres jubilados ingleses comienzan a abandonar sus paraísos en la Costa del Sol y en la Toscana y en la Dordogne. Dos de cada tres han debido retornar y ahora esos lugares turísticos esperan que puedan llegar quienes los reemplacen (hablan de rusos, ucranios, etc.). A esta altura (Fresán) hace aparecer a Martin Amis, para comunicar que acaba de salir su novela The Pregnant Widow, y que conversó con él en Barcelona. Al aparecer el tema de los viejos, que ocupa al novelista norteamericano, dice Rodrigo que, en la charla con él, Amis le dijo que el asunto es así: -a los 40 tienes tu primera crisis ("la muerte no va a ignorarnos"); -a los 50 mi cuerpo me susurra que la muerte ya tiene una cierta curiosidad por mí. Y -pasados los 50, 51, 52..., la vida vuelve a expresarse en uno, "hallas dentro tuyo como un continente por descubrir". Es el pasado, que asume su papel, dice Amis. Mientras leía esto, yo pensaba que además del pasado, con ese continente emergen otros componentes, pues si bien se achica el lugar para planes individuales, sobreviene la urgencia por ejecutar lo que se hubiese querido (y quizás podido) hacer, pero que se fue demorando: dar forma de libro a sus experiencias o advertir que lo cotidiano tiene también velos y que debajo de cada uno hay un color, una nota, a veces toda una canción o una revelación filosófica, y que el viejo halla quehacer gustoso en develarlos. En cuanto al pasado, trae inagotable propuesta. Hasta la noción del tiempo con que nos manejamos se transforma y pierde esa capacidad de ser la pared de Daniel en el festín de Baltasar (tus días están medidos, contados y pesados). De modo que si uno pone manos a la obra en esto de explorar el continente que se muestra y llama a partir de los 50, 51, 52..., pues, la vejez deja de ser esa cosa tristona y pesarosa.
La propuesta que surge de lo que dice inicialmente Fresán (lo que está pasando en la sociedad como efecto de la prolongación de la edad promedio y la caída de los nacimientos) es de otro tipo. No está referida a la persona que llega a las edades altas, sino al conjunto de la sociedad, cuyas formas resultaron de un estado de cosas diferente. Es menos una propuesta filosófica que una demanda política: cómo hacer en el tiempo debido los cambios y adaptaciones necesarios para que la sociedad no termine repitiendo el canibalismo, la guerra de las generaciones, que se dio tantas veces en la duración de la larga marcha del hombre sobre la Tierra. Porque nuestra especie (y todas las especies) han tenido siempre desafíos severos. En algunos casos, la respuesta llegó a tiempo y permitió seguir, pero el pasado guarda una larga enumeración de fracasos.
Atentamente:
JOTAVE

 


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