La maternidad libre del orden patriarcal

Redaccion 18/10/2021 - 21.13.hs

La libertad de ejercer derechos sexuales y reproductivos desmantela las órdenes de maternidad patriarcal, para validar únicamente aquélla deseada.

 

VICTORIA SANTESTEBAN*

 

El mandato de maternidad dictado por el orden patriarcal no sólo ha insistido en maternar como obligación de toda mujer en su condición de tal, sino que ha validado una única manera de serlo: aquella que posterga la propia vida, esclavizada románticamente en un hogar que la consume. Con la incorporación de las mujeres al mercado laboral, a este modelo de santa madre abnegada como único válido se agregó el de súper madre de carrera exitosa y cuerpo perfecto. En contraste con esos ideales de madres que todo lo pueden y todo lo aguantan, la mirada patriarcal del mundo se ha empeñado en demonizar a aquellas que no encajan en esos moldes como también a quienes deciden no ser madres. Reversionar estos andamiajes culturales desde los feminismos importa la validación de la multiplicidad de formas de ejercer la maternidad.

 

Trabajo.
En la Argentina de los últimos meses, la maternidad patriarcal ha sido cuestionada especialmente a partir del decreto 475/21 y de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. El decreto 475/21 de julio de 2021 reconoce el valor económico de las tareas de cuidado a cargo de madres y recupera así su ninguneada trascendencia para el desarrollo social. De esta forma, el decreto considera por fin la maternidad como verdadero trabajo y contrarresta la invisibilización histórica de las tareas de cuidado para acortar la brecha de género. Por supuesto, la sanción de la ley 27.610 de interrupción voluntaria del embarazo se corresponde también con la interpelación feminista al andamiaje patriarcal. Ni la maternidad puede vivirse como obligación ni el aborto como estigma sociocultural y religioso. Así, la libertad de ejercer derechos sexuales y reproductivos desmantela las órdenes de maternidad patriarcal, para validar únicamente aquella deseada.

 

Santa Madre.
La división sexual del trabajo escindió la productividad y la reproducción en dos compartimentos, asignado el rol de cuidadoras por excelencia a las mujeres, encargadas de la crianza y cuidado de la familia. Como explica la socióloga catalana Esther Vivas, «El patriarcado redujo la feminidad a la maternidad, y la mujer a la condición de madre». Instalada como obligación «natural» y única alternativa al proyecto de vida, la maternidad aparece históricamente como exigencia que responde a un pretenso instinto en el que sería deseo homogéneo de toda mujer tener hijos e hijas. Este modelo de maternidad patriarcal manda a la postergación de la vida sin chistar, al sacrificio romantizado de la madre que da su vida por sus hijos e hijas con total disfrute. Tamañas exigencias -de ser madres abnegadas que además disfrutan de esa maternidad de dedicación exclusiva- se suman a todas las que el machismo carga sobre los cuerpos feminizados y así, se grandísimas culpas se gestan sobre quienes no logran encajar en ese molde pretensioso de madre exhausta pero feliz. Un sistema de culpas para el disciplinamiento diseñado con inteligencia patriarcal desquicia minuciosamente con órdenes y contraordenes gestando más culpas en torno a la maternidad: por no poder concebir, por concebir y no querer ser madres, por adoptar y dar en adopción, por abortar, por maternar solas, por maternar fuera de la heteronormatividad, por tener un único hijo o por tener demasiados. Culpas para quienes siquiera piensan en la posibilidad de convertirse, algún día, en madres. Culpas, también, para quienes no cumplen con el mandato de belleza hegemónica post-parto de panzas chatas y pieles sin estrías; culpas por un cuerpo que no logra esconder que concibió, gestó y parió.

 

Súper madre.
En este sentido, la socióloga catalana Esther Vivas explica en su libro «Mamá desobediente» que hacia la década del ochenta, con la incorporación de las mujeres al mercado laboral y la vida pública, irrumpió globalmente un auge de los discursos promaternales y profamiliares, que complejizaron el ideal de «buena madre», aumentando culpas y exigencias: «Las mujeres ahora no solo debemos ser madres devotas, sino supermamás o «mamás máquina», tan sacrificadas como las madres de siempre, pero con una vida laboral y pública activa y, por supuesto, con un cuerpo perfecto. Se trata de un «nuevo mamismo», una maternidad inalcanzable, que de facto devalúa lo que las madres reales hacemos. El resultado es la frustración y la ansiedad. La maternidad sufre así una «intensificación neoliberal», en la que se mezclan cultura consumista e imaginarios de clase media.» De esta forma, al modelo tradicional de santa madre sacrificada por su descendencia se suma como alternativa válida la super madre, funcional al capitalismo, que triunfa en el mercado laboral, tiene una vida profesional exitosa y cuerpo de revista.

 

Libres.
«La maternidad es un terreno en disputa», escribe Vivas y -porque lo personal es político- apela a politizar la maternidad en sentido enmancipador. Desmistificarla, desidealizarla, desromantizarla, personalizarla, diversificarla para desarticular las alternativas hegemónicas asfixiantes. La era de las maternidades deseadas se desentiende de mandatos y modelos, para maternar en libertad.

 

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.

 

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