Asombrosa manifestación
La asombrosa cantidad de personas que han solicitado hablar en la audiencia pública (casi 90.000) quizás despierte en alguna cabeza lúcida de quienes integran el gobierno alguna clase de inquietud preventiva respecto al motivo de semejante hecho. Si eso ocurriera –y es dudoso— debería enfrentar al presidente Milei para quien el cambio climático, y la consecuente disminución de los glaciares, no son más que un invento, muy posiblemente de los izquierdistas que, según él, siguen medrando en el mundo.
La posible modificación de la Ley de Protección de Glaciares, que motivó esa masiva manifestación popular, no es un hecho aislado. Busca reducir las áreas protegidas, eliminar la prohibición de minería en zonas periglaciares priorizando la actividad extractiva sobre la conservación hídrica y está inserta en procesos económicos –minería fundamentalmente— que afecta a todo el planeta. La humanidad lleva cuanto menos tres décadas desoyendo a la ciencia que advierte sobre las consecuencias que los gases del efecto invernadero tendrían –tienen ya- sobre el clima. Algunos empiezan a ser evidentes: el derretimiento de los glaciares es uno de ellos.
La Argentina percibió tempranamente la necesidad de proteger esas masas de hielo que escurren desde la alta montaña y, escuchando voces autorizadas y apelando a la lógica de conservación del equilibrio ambiental dictó una ley de protección, la que hoy se pretende modificar. Ese instrumento legal, aunque vigente, llevaba tiempo sin ser reglamentado en su totalidad, y ese es el resquicio que tratan de aprovechar los legisladores oficialistas, más obedientes a sus superiores políticos que a los intereses del país. Es cierto que así, casi súbitamente, a nivel popular comenzó a concretarse esa necesidad de protección, una actitud que recuerda aquello de “rezarle a Santa Bárbara cuando truena” pero ha sido una reacción lógica ante esta iniciativa del gobierno, que claramente es ilegal e inconstitucional.
Para el Presidente y quienes lo siguen es evidente que poco les importa y poco saben de la importancia y función de esos ríos de hielo que se ubican en todo el planeta. Para ellos lo único importante es la economía y a ella debe subordinarse todo o casi todo. Ese enfoque armoniza perfectamente con la idea de los grupos que apuntan al aprovechamiento de nuestra riqueza y variedad minera pero, como pisan sobre seguro, no quieren ninguna ley o aparato judicial que los controle.
El proyecto a debatirse en la Cámara de Diputados, aunque con argumentos disimulados entre las palabras, reduce la protección de los glaciares y el ambiente periglacial que les es propio y al tiempo que aparece como favorable al sector minero, viola el presupuesto de armonía ambiental y ecológica previsto en la Constitución.
Aunque se mantiene la denominación original de la norma, el proyecto cambia sustancialmente el objeto y la forma en que se dispone la protección prevista en la ley; disimula o ignora la idea de cuencas hidrográficas y deja en una vaguedad conceptual sujeta a distintas interpretaciones la condición glaciaria de reserva estratégica de recursos hídricos. Y no menos importante: si la reforma es aprobada serán las provincias y no la Nación las que determinarán cuáles serán los glaciares y geoformas complementarias que cumplen con esos requisitos. Es obvio que el cambio implicaría el paso de un criterio de tipo científico a uno de oportunidad y conveniencia política.
Lo expresado no es una especulación. Basta recordar el proceder en la provincia de Mendoza, donde el accionar minero amenaza seriamente la base económica de la agricultura bajo riego. Con el apoyo de las autoridades provinciales, se dan largas al tema ignorando incluso los informes de la Universidad de Cuyo, claramente negativos al tema en lo que hace a las áreas periglaciares, que en los años de escasez pluvial y nival obran como una suerte de esponjas reguladoras del agua generada por el hielo derretido. Al respecto conviene recordar que la Argentina está atravesada de norte a sur por la Franja Arida Sudamericana y que los ríos que la atraviesan y generan oasis de regadío se originan todos en glaciares de la Cordillera de los Andes.
Artículos relacionados
