Avales y semejanzas
Por una de esas casualidades que suele tener la realidad cotidiana, en la semana que pasó se registraron dos actos de índole parecida, internacional uno y provincial el otro. El relativo al exterior consiste en uno de los papelones que se repiten en la diplomacia del gobierno mileísta, esta vez rechazando la declaración de las Naciones Unidas que condena la esclavitud sufrida por los pueblos africanos desde hace cuatrocientos años casi hasta la actualidad. Para peor, el voto se concretó alineándose en actitud cipaya con los gobiernos de los Estados Unidos e Israel.
El otro suceso es más cercano y hace a nuestra provincia; y también, muy posiblemente, a la cabecera norte de la Patagonia. Se trata de una acción realizada en la localidad de 25 de Mayo por autoridades judiciales, gremiales y policiales, en forma conjunta, en una chacra de aquella localidad. La inspección tuvo conclusiones más que lamentables, porque demostró -las pruebas estuvieron a la vista— que en el lugar desempeñaban tareas diecinueve trabajadores de los llamados “temporarios”, originarios de la provincia de Tucumán. Estos grupos se originan generalmente en lugares de condición muy pobre y esa misma característica los obliga a emigraciones temporales para aprovechar la oferta de trabajo que se genera en algunas regiones del país, mayoritariamente en época de cosechas, cuando se requiere mano de obra.
La práctica es antigua y ha ido disminuyendo con la introducción de máquinas especializadas, pero tiene vigencia en sitios donde la tarea requiere procedimientos manuales. Pero en el caso comentado, los obreros se encontraban sin tener un registro oficial para con el gremio y lo más lamentable e indignante del caso eran las condiciones en que estaban alojados ya que, según el informe oficial, “se constató la ausencia de agua potable, instalaciones sanitarias y un espacio adecuado para la alimentación. La vivienda era precaria e inhabitable, representando un riesgo para su seguridad y no se les había entregado ropa de trabajo ni elementos de protección personal”. Aunque en el comunicado no se indica, el o los nombres de los propietarios, el establecimiento fue clausurado,
La semejanza a la que se alude en el comienzo de este comentario radica en el vergonzoso voto de la diplomacia argentina y en la indigna situación de los obreros en 25 de Mayo. Ambos parecen tener una concepción similar respecto a la vida y al trabajo, una suerte de aval de la esclavitud con distintos niveles e intensidad. Y con una paradoja: la ocurrencia de ambos sucesos fue casi simultánea, armónicas con la concepción mileísta del trabajo.
Pero si el trato para con los trabajadores del sur provincial resulta vejatorio, las motivaciones y resultados del voto argentino son indignantes. Las noticias internacionales informan que, al ser consultado el delegado argentino en Naciones Unidas sobre el porqué de esa actitud, se sonrojó abiertamente y atinó a decir que no estaba informado y que la orden “había venido de un nivel superior”. Al parecer este nivel no era la Cancillería –que al parecer había advertido al Poder Ejecutivo de las consecuencias que el voto podía tener para la Argentina— sino que remitía más o menos directamente a Presidencia.
Sea quien fuere el responsable de esa orden, parece que no recordó o no quiso recordar, que para la cuestión de las Islas Malvinas los africanos votaron siempre por la postura de nuestro país.
Para completar la negatividad del panorama, es oportuno señalar que nuestro país pensaba postulares a la Secretaría General de la ONU, una aspiración de la que ya puede despedirse, al menos en lo que hace al apoyo de los países africanos.
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