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Domingo 26 de abril 2026

Cada vez más secos

Redacción 26/04/2026 - 00.13.hs

Entre la ley de glaciares y la economía, nos secan por todos lados. Ya nos secaron los bolsillos y pronto –si no prosperan las medidas judiciales- también nos secarán los tanques de agua.

 

Los traidores no tienen respuestas ni dan la cara. El futuro les depara malos momentos, como a Milei y a Adorni, con cada vez menos apoyo en las encuestas.

 

Con la inflación se les quemaron todos los papeles. Repitieron el error de Macri, que dijo que se arreglaba todo en cinco minutos y que el que no lo sabía hacer era un incompetente. Las urnas lo condenaron. No parece que vaya a ocurrir algo distinto con Milei en el futuro cercano.

 

Mientras tanto, el pueblo no puede comer carne y no puede llenar el tanque del auto. Cuando hay guerra el precio del combustible sube, cuando hay tregua no baja. Nunca hay una a favor para los consumidores.

 

Rabiosos contra Ravier.

 

Así y todo, algunos todavía se animan a confrontar, pero no les va muy bien. Ni jugando de local, como le pasó al diputado Ravier en el Congreso de la Nación. Primero quiso defender su voto a favor de las mineras para cambiar la Ley de Glaciares y los pampeanos hicieron cola para retrucarle las barbaridades que dijo. Sin sustento político ni científico, se quiso hacer el distraído, sin aceptar que está en riesgo el abastecimiento de agua potable para casi toda La Pampa.

 

Días más tarde, en una comisión parlamentaria, trabajadores y pequeños empresarios en crisis cuestionaron un modelo económico que los perjudica en forma salvaje. El mismo legislador, que es profesor de una universidad pública pero que vota en contra del financiamiento educativo, se tiró encima de la granada para defender a su presidente y habló de un momento económico destinado a una especie de “reconversión laboral”. Sus interlocutores no tardaron en terminar rabiosos con Ravier, a quien acusaron de lanzar recomendaciones desde un lugar de comodidad, absolutamente alejando de la realidad de quienes se están “muriendo de hambre”. En realidad, los laburantes fueron bastante más directos en la forma de graficar el momento desesperante que están pasando. Pero la realidad es así: este modelo les secó los bolsillos y no se ven indicios de mejoras para un futuro cercano, aunque Ravier y los suyos sigan prometiendo un tiempo de bonanza y con inflación “cero coma” que siempre se posterga. En realidad, hay un “cero coma”, pero literal: hay gente que tiene un sueldo que se le termina mes a mes cada vez más rápido y ya no tiene qué comer.

 

La resistencia.

 

El panorama se va oscureciendo cada vez más. La justicia tiene venda para un solo lado, pero las irregularidades se hacen día a día más complicadas de ocultar. Al gobierno nacional ya no le queda ni vocero. Entonces, el presidente tiene que salir a intentar atajar los penales y explicar lo inexplicable. Termina en el absurdo de sostener que si se restan los aumentos de los precios de la carne y del combustible el índice sería más bajo, pero parece que eso pasa solo en Argentina. ¿Por qué los demás países no sufren lo mismo? Pero esas cuestiones sus “periodistas amigables” no se lo preguntan. Así y todo, aún con notas inocultablemente guionadas, el especialista en crecimiento económico “con o sin dinero” termina patinando con su lengua y armando frases que no dicen nada.

 

Hay otros políticos que acompañan en pleno desconcierto político. Por ejemplo, los radicales pampeanos, que hacen una pirueta dialéctica digna del mejor circo para criticar al gobierno peronista provincial al que no le perdonan una, y a la vez se olvidan de cuestionar al gobierno libertario nacional del que son socios. No admiten que esa gestión es la que recorta los fondos que terminan complicando a los intendentes de la UCR que gobiernan localidades pampeanas. Increíble pero real.

 

Pero por más que venga casi todo en contra, no hay lugar para la rendición. Hay que resistir con el orgullo como bandera, confrontando en cuanto foro se presente y en cuanto juzgado sea necesario, desde el Estado provincial y desde las organizaciones sociales. Al final del camino, cuando haya que rendir cuentas, las diferencias quedarán a la vista. Habrá quienes darán giros idiomáticos sin decir nada, balbucearán con ese latiguillo cansador de “a ver, o sea, digamos” para agregar a continuación cualquier argumento sin sustento alguno. Del otro lado, al menos los pampeanos podremos decir lo mismo que los que la están pasando mal: secos pero honrados.

 

DANIEL ESPOSITO

 

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