Cuando una amenaza aparece en la pared: lo que los adultos no podemos ignorar
Por Adriana Barona*
Por estos días, distintas escuelas se ven atravesadas por una situación que inquieta: la aparición de mensajes escritos en paredes o baños que anuncian posibles hechos de violencia, como tiroteos. Frente a esto, la primera reacción suele oscilar entre el miedo y la negación. Sin embargo, ninguna de las dos ayuda. Lo que sí ayuda es comprender.
Un mensaje de este tipo no es simplemente una “broma pesada”. Es, ante todo, una forma de comunicación. Y como todo acto comunicacional, expresa algo que muchas veces no encuentra otro canal. Detrás de esas escrituras puede haber enojo, frustración, sensación de exclusión o una necesidad urgente de ser visto y escuchado.
Desde una mirada grafológica, el análisis no se limita al contenido, sino también a cómo está escrito: la presión del trazo, la forma de las letras, el tamaño o la desorganización. Estos elementos pueden dar indicios de tensión, impulsividad o agresividad contenida. Pero es importante aclararlo: la grafología no diagnostica ni reemplaza el abordaje profesional. Es una herramienta más que puede orientar la comprensión.
Analizando los grafitis amenazantes que aparecieron en las escuelas, aparece la virgulilla ( pequeña onda de la letra ñ), muy cercana a la letra n, que implica una carga emocional contenida. No hay descarga ni aire entre idea y acción. La emoción queda pegada al impulso.
Estaría manifestando fusión entre pensamiento y reacción. La persona no toma distancia, actúa desde lo inmediato. Está mostrando una posible hostilidad contenida que busca una salida rápida.
En definitiva este tipo de gesto puede ser una señal de: mal manejo de la frustración y dificultad para canalizar las emociones. No expresa automáticamente de una conducta violenta concreta, pero sí de procesos que van acumulando una tensión que puede ser muy problemática, si no es contenida
La prevención no empieza cuando aparece la amenaza. Empieza mucho antes: en la construcción de vínculos, en la educación emocional, en la escucha cotidiana. Una escuela que habilita la palabra es una escuela que reduce la necesidad de que el malestar se exprese de manera violenta.
Estos mensajes no siempre anticipan un hecho concreto. Pero siempre hablan de algo real: un malestar, una tensión, una necesidad no atendida.
* Grafoanalista. Matrícula Nacional 370
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