Viernes 17 de mayo 2024

De los “barones” no se sabe nada

Redacción 14/03/2023 - 08.31.hs

Sea con razones que implican apoyo político, sea por las inversas, prácticamente todos los medios de difusión, de cualquier índole, se ocupan en estos días del tremendo drama de la inseguridad rosarina. Fueron poco los medios -éste entre ellos- que desde sus mismos comienzos vieron detrás del tema algo mucho más trascendente, y peligroso, que lo que encerraban las noticias iniciales. Ahora la gravedad de las medidas tomadas subrayan el error del gobierno nacional cuando optó por no intervenir en el tema, que abarcaba a la cerealera Vicentín, adoptando una actitud conciliadora para con los grandes -y sospechosos- intereses que controlan los puertos cerealeros ubicados sobre el río Paraná.

 

No se puede pensar en una relación abierta de las grandes empresas con la droga distribuida en Rosario pero está a la vista que ese producto no llegaba a la ciudad por contrabando hormiga ni, mucho menos, por aviones; los barcos que descendían del norte productor eran (acaso son todavía), el vehículo ideal para introducir la materia, especialmente si se contaba con el beneplácito de una policía cuya corrupción ya se comprobaba años atrás con el enjuiciamiento de funcionarios de mediano y alto rango.

 

En la semana que pasó, con la repetida muerte de inocentes, el público del país asistió al resultado de los elementos básicos antes comentados: proliferación de la droga, ensoberbecimiento de quienes la manejan en niveles inferiores y una reacción popular inesperada y desmedida, con saqueos a las viviendas de presuntos matones y vendedores narcos que transcurrieron a la vista y paciencia de un escuadrón que se supone especializado de la policía provincial. Los afectados, la gente común, sintetizaron ante las ávidas cámaras de la TV: “nos cansamos de reclamar a las autoridades, a los políticos, a la policía… siempre recibíamos promesas pero nunca hechos. Ahora estamos jugados”.

 

Esa apreciación, con mucho de desesperada, increíblemente tuvo una rápida respuesta con amenazas de muerte por parte de los narcos a través de los teléfonos celulares de la gente. Y reforzando aquella jactancia de semanas atrás, cuando tiroteaban dependencias judiciales en pleno día -“con la mafia no se jode”, advertían- hace un par de días balacearon un vehículo que trasportaba guardiacárceles, esto en pleno despliegue de varios centenares de efectivos federales que arribaron a la ciudad ante la manifiesta ineficacia del gobierno provincial.

 

Esas medidas impresionan al gran público pero, si se observan los hechos con una perspectiva amplia y más original, aparece otra visión del asunto: hasta ahora el tema de la droga en Rosario es visto, o lo presentan, como una suerte de cuestión debida a la rivalidad de bandas que se disputan el negocio. Una mirada más profunda descubre la raíz: ese narcomenudeo se nutre de niveles mucho más poderosos y calificados, que operan en horizontes políticos y económicos de enorme poder, con personeros insospechados acaso pero en manera alguna no detectables para organizaciones gubernamentales tan poderosas como la policía y los servicios de informaciones, cuando proceden debidamente y no los ha ganado la corrupción. Pero el cuadro de situación no evidencia más que la aparición de “perejiles” en cuyas repugnantes acciones se cifra la vindicta pública… De los “barones de la droga” argentinos no se sabe nada.

 

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