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Lunes 23 de febrero 2026

El odio al cepo y sus oscuras razones

Redacción 23/02/2026 - 00.17.hs

El cierre de la histórica fábrica argentina de cubiertas FATE, el despido de la mitad del personal de la embotelladora de la popular cerveza Corona, el preventivo de crisis de la fábrica de tractores Pauny, la suspensión del personal de la fabricante de golosinas Marengo (la que apoyaba fervorosamente al presidente, tanto que le tributó una línea de caramelos con la marca “No hay plata”) y su inminente cierre definitivo, fueron solo algunas de las noticias que marcaron en la semana que pasó, las consecuencias reales del plan de destrucción de la economía que lleva adelante el gobierno libertario.

 

No hay que ser doctor en economía ni tener un master en Harvard para saber que la causa del derrumbe es consecuencia del cóctel envenenado de apertura de las importaciones con dólar subsidiado, y recorte brutal de los ingresos de la población que echa abajo todo el andamiaje industrial que le dio a nuestro país niveles de empleo y bienestar que lo diferenció de buena parte del resto de Latinoamérica.

 

No es la primera vez que pasa. Es un plan que se camufla cada vez como algo nuevo para engañar a los argentinos con un discurso que quiere adjudicarle todo el mal de las crisis periódicas al modelo que hizo de este país un lugar digno de ser vivido con estándares superiores al resto de la región.

 

El plan comenzó gestarse con el golpe militar genocida de 1976 con la excusa de que la inflación era el indicador de la inviabilidad del modelo de sustitución de importaciones, desarrollo local de la industria, inversión en educación superior e investigación científica y protección de los trabajadores con derecho legales.

 

Así, se impuso un modelo de transferencia brutal de ingresos de los sectores de la producción y el trabajo hacia los antros especulativos financieros que se las ingeniaron para hacerle pagar al todo el pueblo argentino su acumulación de miles de millones de dólares que fugaron al extranjero.

 

Ellos llamaron a ese robo del esfuerzo y la riqueza nacional con el eufemismo de Formación de Activos Extranjeros que es un dato clave para entender el funcionamiento del mecanismo de apropiación inaugurado por los militares genocidas y sus cómplices civiles.

 

El desconocimiento de lo que significa esta fuga de capitales y de sus beneficiarios con nombre y apellido, forma parte del mar de ignorancia en el que se ha sumido a la sociedad argentina para perpetrarla.

 

Menos del 1% de los argentinos tienen atesorados en el extranjero 453.000 millones de dólares, mientras el país se debate en una crisis por escasez de divisas y tiene que pagar con sangre sudor y lágrimas la deuda externa que explica más de la mitad de esa acumulación de divisas en manos de unos pocos que la sustraen del país.

 

El único freno a este asalto a la riqueza del país ha sido el llamado impropiamente, “cepo al dólar”. Una medida de política económica que impidió o casi esta fuga en varios períodos, el último instaurado entre 2020 y 2023. El actual gobierno ha reimplantado la fiesta de la fuga de capitales que es récord. Solo el año pasado salieron 30 mil millones de dólares mientras el Estado debió recurrir a endeudarse en una cantidad similar para seguir con la mentira del plan económica de ajuste, desempleo y cierre de empresas.

 

Que haya argentinos que consideren que el llamado cepo es malo para el país, da cuenta de la perfección del plan de desinformación, ocultamiento y deformación de las verdaderas causas del estancamiento económico. Sin cepo ese uno por ciento de ricos del país seguirá punzando la riqueza nacional y culpando a trabajadores, jubilados y empresarios de los males que ellos provocan para su provecho.

 

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