Jueves 18 de abril 2024

Hasta que la muerte nos una

Redacción 25/02/2024 - 10.45.hs

Dries van Agt, quien fuera primer ministro de Países Bajos entre 1977 y 1982, murió el pasado 5 de febrero en su ciudad natal de Nijmegen. Este dato no tendría nada de particular ("morir es una costumbre que suele tener la gente", decía Borges) si no fuera porque a su lado también falleció su esposa Eugenie, quien como él también tenía 93 años de edad. Murieron tomados de la mano, en un acto de eutanasia conjunta, luego de estar casados por 65 años. La información no consigna detalles de la ceremonia, una suerte de matrimonio inverso, en el cual, en vez de la habitual promesa de vivir juntos hasta que la muerte los separe, cometieron el acto de ingresar, juntos también, al otro mundo.

 

Holanda.

 

La noticia causó conmoción en el país antes conocido como Holanda, uno de los pocos que tiene legalizada la eutanasia, desde comienzos del milenio. No tanto por el acto conjunto -esta suerte de "pactos suicidas" oficiales vienen incrementándose- sino por la notoriedad del ex primer ministro, un devoto católico, esto es, de un credo que no avala la muerte por mano propia.

 

Van Agt se había iniciado en la política como militante de la Democracia Cristiana, pero curiosamente su trayectoria política describió un arco que, partiendo del conservadurismo, fue virando hacia posturas cada vez más progresistas. Fue durante su gestión y con su impulso que Amsterdam legalizó el cultivo y consumo de marihuana. Y, más adelante, abrazó con fervor la causa palestina, y fundó una ONG llamada "Rights Forum" destinada a promoverla.

 

Su condición física se había deteriorado seriamente luego de sufrir un accidente cardiovascular en 2019. Como quiera, no habrá sido un decisión fácil, sobre todo considerando que la pareja dejó hijos y nietos en este mundo. Se ignora qué papel cumplieron éstos -si alguno- en los procedimientos finales.

 

Suicidio.

 

La cuestión de la eutanasia -una forma de suicidio asistido- está rodeada de tabúes y miedos. Nadie discute que no es justo obligar a sufrir innecesariamente a un ser que no tiene expectativas de sanar, y le espera una muerte segura. Pero de ahí al acto concreto de provocar la muerte hay un salto existencial que cuesta encarar.

 

Esto no quiere decir que no se haya avanzado en el estudio de estas cuestiones. Por ejemplo, comienza a derribarse aquel mito de que quien ha decidido la auto destrucción tarde o temprano lo logra (tal la expresión acuñada por el psiquiatra inglés Norman Kreitman).

 

Sin embargo, fue en Gran Bretaña que esta creencia comenzó a resquebrajarse a mediados de los años sesenta, cuando la cantidad de suicidios descendió, abruptamente, un 35%, mientras en el resto de Europa seguía ascendiendo. Nadie encontraba una causa: ni el progreso de la medicina y las nuevas drogas antidepresivas, ni la mejora en la calidad de vida en la posguerra lo explicaban.

 

Fue el propio Kreitman quien descubrió desató este nudo gordiano, casi por accidente: cuando el Reino Unido dejó de usar el gas de carbón como combustible para las cocinas, los niveles de monóxido de carbono descendieron, y con éste, desapareció el método de la asfixia por inhalación de gas, que se empleaba en la mitad de los intentos de suicidio, como fue el caso de la poeta Sylvia Plath.

 

Ocasión.

 

Parece, entonces, que bloquear el acceso a un método para quitarse la vida, puede hacer una gran diferencia, porque el suicida no necesariamente está condenado a reintentar la muerte hasta lograrlo: en muchos casos se trata de un acto impulsivo.

 

Es lo que ocurrió en Sri Lanka cuando se restringió la importación de pesticidas tóxicos, que la gente empleaba como el método más extendido para autoagredirse: esta sola medida provocó el descenso a la mitad de los casos de suicidio.

 

En EEUU acaban de concluir las obras de "sellado" del puente Golden Gate, en San Francisco: una red de acero inoxidable que se extiende por veinte pies debajo a los costados, hace que saltar hacia el río sea virtualmente imposible, desalentando así ese método.

 

Pero mientras en el resto del mundo se hacen progresos y los índices disminuyen, en el país del norte ha habido un incremento del 35%, llegando al impactante número de 50.000 muertes anuales. Y no hace falta ser Einstein para descubrir la causa: la abundancia y disponibilidad de armas de fuego; es un método extremadamente efectivo, al punto que nueve de cada diez intentos de suicidio por esta vía terminan en la muerte.

 

Cuando hay un arma cargada disponible en la casa, basta con unos minutos de impulsividad para perder a uno de los miembros de la familia. Pero claro, para evitar eso sería necesario tocar el pingüe negocio de unos pocos. Y la supina estupidez de otros muchos.

 

PETRONIO

 

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