Una sugestiva intriga
Los asesinatos políticos, o sospechados de tal condición, suelen conllevar una carga de intriga que abre las puertas a distintas teorías y explicaciones sobre su concreción y motivaciones.
La muerte del hijo del por entonces presidente Carlos Menem, ocurrida el 15 de marzo de 1995, cabe dentro de esa clase de sucedidos. Aunque inicialmente se la explicó como un accidente (se estrelló el helicóptero que conducía en la compañía del conocido automovilista Silvio Oltra) transcurridos treinta años del suceso todavía siguen sin aclarar circunstancias muy sugestivas, tanto del hecho en sí como del entorno político en que ocurrió.
Algunos detalles son muy llamativos, a saber: a pesar de que oficialmente fue considerado como un accidente, la madre, Zulema Yoma sostuvo desde un comienzo que se había tratado de un atentado. Por el contrario el por entonces presidente Carlos Menem aseguró que se trató de un accidente.
Eran tiempos de cambios negativos para la Argentina, y a las escandalosas privatizaciones concretadas por el Presidente para con la estructura de servicios estatales legada por el peronismo, se agregó el envío de dos barcos de la Armada Argentina que contribuyeron al bloqueo que los Estados Unidos había establecido contra Irak, en una de sus habituales y mendaces operaciones. Algunos medios comentaron que dentro de la cultura árabe, de la que provenía la familia Menem, una traición se pagaba con la muerte del hijo mayor…
Años después de la muerte de su hijo, en 2017, Menem padre varió esa afirmación y dijo públicamente que coincidía con su ex esposa. En los diecisiete años transcurridos desde la muerte, a instancia de Zulema Yoma, el caso se había reabierto y, al exhumarse el cadáver Yoma afirmó que “los restos habían sido manipulados” como una forma de entorpecer la investigación.
Pero además hubo otros detalles muy llamativos en el caso, graves si se quiere y hasta inexplicables como la muerte secuencial de los testigos que podrían haber aportado –o que aportaron—versiones en apoyo a la teoría del atentado: son o fueron nada menos que catorce personas que, en los siguientes a la muerte de Menem Jr. murieron en circunstancias –cuanto menos—dudosas. La lista comprende desde el encargado del campo, que fue el primero en llegar al sitio del accidente y notó ciertas anomalías, hasta el perito de la fuerza aérea que había dicho sin ambages que “no fue un accidente”, hasta un médico que también fue de los primeros en llegar, pasando por gente vinculada al hampa o de los servicios de informaciones. Varios de ellos fueron muertos a balazos y/o en circunstancias más que dudosas. En un programa periodístico de gran audiencia Zulema Yoma hizo públicos esos nombres y circunstancias. Por cierto que los hechos parecen exceder la casualidad y hasta hubo algún análisis estadístico que negaba la probabilidad de esos hechos. Con semejante marco se comprende que mucha de la gente relacionada con el caso fuera remisa a hablar sobre el tema y reafirma un manto de sospechas sobre el misterio que parece envolverlo.
Curiosamente las circunstancias recuerdan al asesinato del presidente estadounidense John Kennedy en 1963, sobre el que sobreabundaron sospechas presuntamente avaladas por pruebas que apuntaban a distintas causas motivadoras del crimen. Al respecto, en uno de los libros más serios escritos sobre el tema, hay un capítulo titulado “Mientras los testigos mueren” que denuncia cantidad, circunstancias y encubrimientos sobre el hecho, al parecer para que cualquier rastro testimonial fuera borrado de la sospechosa versión oficial.
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