"Hay un vampiro por las calles, porque hoy es sábado"
Es difícil intentar una columna humorística esta semana, cuando acaba de estallar un conflicto bélico que involucra a todo Medio Oriente y amenaza con extenderse a Europa (OTAN ha tomado cartas por un supuesto misil iraní interceptado en Turquía). Uno de los primeros episodios de la guerra ha sido el asesinato de unas 145 personas, de las cuales la gran mayoría eran niñas, en una escuela primaria en Teherán. Cuando se habla de Irán en esta parte del mundo, invariablemente se menciona la cuestión de los derechos humanos y la situación de sometimiento de las mujeres bajo ese régimen islámico. Se esperan los reportes sobre cómo ha ayudado en ese problema la evaporación de una escuela para niñas.
Sábado.
Como aquel tenebroso poema de Vinicius de Moraes, "Porque hoy es sábado", también en esta ocasión, como en Venezuela, el ataque se lanzó un sábado a la madrugada. Donald Trump tiene una idea algo extraña de cómo divertirse los fines de semana.
Aunque, claro, si nos dejamos llevar por las explícitas declaraciones de su mandamás diplomático, Marcos Rubio, en realidad se trató de una decisión tomada ante la certeza de que Israel lanzaría su propio ataque; y como ello necesariamente implicaría una respuesta militar de Irán contra objetivos norteamericanos en la región -que son indistinguibles operativamente del aparato militar israelí- decidieron que, perdido por perdido, había que pegar primero.
Vale decir que en el lanzamiento de la mayor guerra en décadas, el "presidente de la paz" permitió que otro tomara la decisión por él, o que -como lo puso crudamente una legisladora demócrata- ahora Israel dicte la política exterior norteamericana.
Algún día habrá que escribir el libro sobre el más jugoso negocio de la historia de la humanidad, y es el que hace el lobby israelí en Washington. Mientras su aporte anual en cabildeos en el Congreso apenas supera los tres millones de dólares anuales -a los que debe sumarse un aporte de unos 100 millones extra durante las campañas electorales- lo que recibe Israel por ayuda militar asciende a unos 3.8 miles de millones. Eso, sin contar los aportes extraordinarios como el que se dio con ocasión de los ataques de Hamas en octubre de 2023: en ese entonces, el retorno fue de cien dólares por cada dólar gastado en lobby.
Bien es cierto que esos aportes regresan a EEUU, que es el que provee de aviones y armas, pero el dinero no vuelve al contribuyente, sino a las empresas armamentistas como Lokheed Martin, que fabrica los aviones de guerra F-35, cada uno de los cuales cuesta unos 100 millones.
Impopular.
Después de jurarle a su electorado que su gobierno retiraría a EEUU de todo conflicto ajeno y de las "guerras eternas" como las de Irak y Afganistán, para concentrarse en la economía y la política doméstica, Trump inició esta nueva guerra eterna sin apoyo popular, sin legitimidad jurídica -es el Congreso el que debe declarar la guerra- y sobre todo, sin una visión clara de cómo sigue la película.
Desde el comienzo de las hostilidades, ha tenido tres o cuatro versiones distintas del objetivo final. Pareciera ser que, como en el caso de Venezuela, lo que busca es una suerte de cambio del liderazgo (Maduro la sacó barata en tal caso) pero manteniendo la burocracia más o menos intacta. Y, como tiro por elevación, limitar la influencia de China en la región, y su capacidad de abastecerse de petróleo.
Pero cuando toma la palabra su "ministro de guerra" Pete Hegseth parece un adolescente a los gritos jugando en la playstation: prometió "muerte y destrucción desde el cielo día y noche" sobre Teherán -una ciudad de más de 10 millones de habitantes, aclarando, por si fuera necesario, que "esta nunca iba a ser una pelea limpia: los estamos golpeando mientras están en el suelo, que es lo que tenemos que hacer".
Pero este vocabulario de las artes marciales mixtas no los convence a los aliados norteamericanos en la región (los Emiratos Arabes, Arabia Saudita, Catar, Kuwait, etcétera) que facilitaron su territorio y suministros a bases militares, en la creencia de que eso los protegería de los ataques con drones que ahora les llueven como la peste. Esta respuesta militar iraní ha sido "probablemente la sorpresa más grande" para Trump, que evidentemente no hizo los deberes.
Sorpresa.
Este Medio Oriente donde se está desarrollando la guerra no es una zona marginal como lo fueron en su momento Corea, Vietnam o Afganistán: es un conglomerado de riqueza altamente sofisticado e interconectado. No sólo por su enorme producción de petróleo y gas, sino también por su rol en la aviación internacional, donde se ha transformado en un punto de conexión imprescindible. Que lo digan si no los pampeanos que estuvieron varados durante días en Dubai.
Y -dato no menor- es el lugar donde se albergan cuantiosas fortunas occidentales, incluyendo las del propio Trump y su familia, que pronto tendrán nuevas "sorpresas". Ya no son sólo los consumidores de a pie los que deben preocuparse de la inflación causada por un barril de petróleo por encima de los 90 dólares. También los pitucos como el yerno Jared Kushner.
En todo este desastre el gobierno argentino está sentado en la "mesa de la paz" que comanda Trump, poniéndose "de pechito" para las represalias que nos caerán, como en los '90, por esta nueva aventura chupamedias.
El único lugar donde se ha manifestado algo de dignidad ha sido en Madrid, cuyo gobierno le ha negado a EEUU el uso de las bases militares en su territorio para esta campaña militar, lo que le ha valido la amenaza de suspender por completo la relación económica. España sabe mejor que nadie que en la Segunda Guerra la liberación de Europa terminó en los Pirineos. Y que, luego, en los '50, fue el apoyo norteamericano el que permitió el mantenimiento con vida de la dictadura de Franco. Que vayan a otro lado con el cuento ese de promover la democracia en el mundo.
PETRONIO
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