Importaciones que no aportan

Redacción 05/12/2021 - 02.00.hs

El país padece una restricción externa (así le llaman ahora a la escasez de dólares) y aún así los argentinos nos empecinamos en continuar importando porquerías que nos hacen perder divisas y que nos resultan perfectamente inútiles, cuando no contraproducentes. En lugar de incorporar las cosas que hicieron grandes a los países del primer mundo, parece que nos encanta imitar sus mañas y defectos.

 

Negro.

 

Véase sin ir más lejos este asunto del Black Friday, o Viernes Negro en inglés. Cruel invento del hombre blanco, esta supuesta fecha festiva designa al viernes de noviembre, inmediatamente posterior al Thanksgiving day (Día de Dar Gracias) y marca el comienzo de la famosa Shopping Season (época de comprar regalos) que así se prolonga, por casi un mes, hasta Navidad.

 

La criollada toda la vida armó el arbolito de Navidad el 8 de diciembre -como dos semanas después- y no para salir corriendo a los negocios, a protagonizar escenas de pugilato con otros consumidores, a la caza de la última oferta de Iphones, Arpones, o cualquiera de esos chiches electrónicos. Se supone que la natividad que festejamos es un acontecimiento espiritual y de renovación, como sin ir más lejos lo denotan el ritual del atracón con Vittel Toné, la garrapiñada y las trompadas que suelen intercambiar los primos ante el espanto de la abuela.

 

¿Necesitábamos, realmente, el Black Friday? ¿No habíamos quedado que el adjetivo "black" era políticamente incorrecto? Y, más aún, ¿no es una ironía anunciar el comienzo de una temporada de compras, cuando nadie tiene un mango, viejo Gómez?

 

Brujas.

 

Y ya que estamos, observe el lector esa otra importación reciente, el espantoso Halloween (Noche de Brujas), coincidente con el Día de los Santos Difuntos. Al menos así lo llamamos aquí, que tradicionalmente usábamos el santoral para bautizar a las criaturas, hasta que llegó esta epidemia de Braians, de Johnattanes, de Kevins y vaya a saber cuánto nombre gringo non sancto.

 

La fiesta es francamente bizarra. Supuestamente rememora un episodio colonial en el pueblo de Salem, Massachussetts, EEUU, donde en un frenesí de locura colectiva, un pueblo entero se dio a la tarea de perseguir y asesinar a un grupo de mujeres -algo extravagantes ellas- acusándolas de brujas. Es un misterio cómo esta desgracia se tradujo en el ritual actual, que consiste en usar zapallos como lámparas, disfrazar a los niños de monstruitos, y dejarlos salir de noche a asustar gente y manguear golosinas por todo el vecindario.

 

Aquí no hemos tenido cazas de brujas. Hemos tenido persecuciones políticas de toda laya, con muertes y desapariciones incluidas, pero no nos da el ánimo para festejarlas. Capaz que nuestros niños se divierten con esos disfraces y con la efímera libertad que les proporcionan. Pero, convengamos, su afán de asustarnos es vano. Los argentinos hemos perdido la capacidad del espanto, salvo, claro está, cuando periódicamente aparece Domingo Cavallo en TV a decirnos lo bien que va todo. Monstruos eran los de antes.

 

Gracias.

 

En vez de importar estas porquerías, quizá haríamos bien en incorporar esta fiesta del Thanksgiving (Día de Dar Gracias). Convengamos, es una celebración muy yanqui, con un origen tan dudoso como tantas otras... el carnaval, por ejemplo, que habíamos perdido y parece que ahora estamos importando, nuevamente, desde la Banda Oriental.

 

Cuenta la leyenda que el origen del Thanksgiving fue un encuentro de los colonos pioneros que llegaron a América del Norte desde Inglaterra -perseguidos por la intolerancia religiosa- con las tribus aborígenes de lo que hoy es Nueva Inglaterra. Mataron un pavo, dieron gracias, se lo comieron, y al decir de Humphrey Bogart, ese fue el comienzo de una hermosa amistad.

 

Bueno, no tanto, ya que los perseguidos colonos, para no perder el estado físico, se dedicaron a su vez a perseguir a los pueblos originarios americanos, a exterminarlos casi por completo, y a los que quedaron, a encerrarlos en "reservaciones" adonde lo único que pueden hacer para ganarse la vida es regentear casinos.

 

Hoy el día de dar gracias se dedica a la reunión de la familia, lo cual en aquellos pagos representa una cantidad impresionante de viajes en avión. Cocinan un pavo y se lo comen con puré y una salsa de frutos rojos bastante abominable. No es un buen día para los pavos, eso sí. Salvo para un par de ellos, a los que tradicionalmente "perdona" el presidente de la nación, en un acto público. Es un lindo día en la Casa Blanca, con fotos del presidente y el pavo, y el acertijo consiste en saber cuál de los dos parece más inteligente. Si un animal que busca sobrevivir, o un gobernante dedicado a la pavada.

 

Es un poco bizarra esta fiesta también, pero a lo mejor, a los argentinos nos vendría bien un día de dar las gracias por las bendiciones que, pese a lo mucho que la maltratamos, nos ha dado esta tierra. Un día en el que rezongar, putear contra el país y amenazar son irse al extranjero, estén vedados por un rato. Con probar no perdemos nada.

 

PETRONIO

 

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