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Infraestructura como política de Estado urgente e indulgente

Redacción 19/10/2026 - 00.11.hs

El reciente Hackathon Vial, desarrollado en el marco del V Congreso Nacional de Seguridad Vial bajo el lema "Señal de ausencias eternas", contó en su Mesa 7: Infraestructura y Tecnología (Diseño para la Vida) con la participación y debate de un destacado panel interdisciplinario de expertos. Entre ellos, aportaron su visión técnica y humana Walter Gorbak (presidente de la Asociación Argentina de Medicina Legal y Ciencias Forenses), Silvia González (presidenta de la Fundación Estrellas Amarillas), Patricia Mazzitelli (Economista Jefe de Fepevina y Comisión Directiva de Sevina), Sebastián Monteleone (secretario de Seguridad e Higiene Sutpa), Patricia Stanga (Autoconvocados Ruta Nacional 3 y Estrellas Amarillas de Azul), Víctor Ojeda (chofer profesional e instructor), Héctor Ragnoli (Director Coordinador de Tránsito de General Pueyrredón) y Tomás Raspall (ex director Nacional de Investigación de Sucesos Automotores en la JST). Las deliberaciones de este espacio han marcado un punto de inflexión definitivo en la manera de concebir el tránsito y la obra pública en la República Argentina.

 

Las conclusiones de esta mesa especializada arrojan una premisa que nos interpela de forma directa como sociedad y, de manera particular, a quienes administran los recursos del Estado: la siniestralidad vial ya no puede seguir siendo tratada como un emergente casual o una consecuencia exclusiva de la negligencia individual. Por el contrario, se visibiliza una responsabilidad compartida que exige respuestas estructurales de fondo, donde la infraestructura civil se convierte en la primera y más sólida línea de defensa para el resguardo de la vida humana.

 

Históricamente, el viejo paradigma punitivo ha volcado toda la culpabilidad sobre el usuario. Sin embargo, los consensos alcanzados en este encuentro nos obligan a abrazar de forma urgente el enfoque internacional del Sistema Seguro promovido por la Asociación Mundial de Carreteras (PIARC). Este modelo introduce un concepto técnico tan revolucionario como profundamente humanitario: la necesidad de consolidar vías indulgentes. Partiendo de la base de que el error humano es inevitable y plenamente previsible, el diseño de nuestras trazas viales debe estar planificado para "perdonar vidas", absorbiendo las equivocaciones de conducción para evitar muertes o lesiones graves en nuestras rutas y calles.

 

La urgencia de este cambio se vuelve indiscutible al observar las cifras que motivaron el debate: más de 6.000 muertes anuales en el país y un impacto económico equivalente al 1,7% del PBI nacional. Frente a esta sangría cotidiana, los especialistas delinearon directrices de aplicación inmediata que superan la obsoleta visión de medir la gestión pública en simples "kilómetros de asfalto", pasando a medirla bajo un nuevo paradigma centrado en vidas salvadas.

 

Exito global.

 

Las propuestas técnico-físicas de alta eficacia son contundentes y de comprobado éxito global. El reemplazo de las intersecciones tradicionales por rotondas bien planificadas reduce las colisiones entre un 40% y un 80%. Asimismo, la instalación de medianas físicas con barreras disminuye los choques frontales hasta en un 70%. A esto se suma la necesidad crítica de pavimentar banquinas dotándolas de bandas sonoras vibrotáctiles, despejar los márgenes laterales de objetos fijos, sectorizar flujos vehiculares a través de terceros carriles de sobrepaso seguro y aplicar de forma estricta el diseño de "Zonas 30" para pacificar el tránsito en los ejidos urbanos y entornos escolares.

 

Paralelamente, la infraestructura moderna ya no puede disociarse de la innovación tecnológica. La implementación de Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS) -como Paneles de Mensaje Variable para gestionar velocidades según las condiciones climáticas, demarcación vial termoplástica de alta retroreflexión y cartelería inteligente con integración de Inteligencia Artificial e Internet de las Cosas (IoT)- es clave para emitir alertas dinámicas capaces de romper la distracción en el último milisegundo. Tampoco puede haber soluciones de ingeniería sin una rigurosa fiscalización y preservación vial, controlando el pesaje mediante básculas homologadas y dinámicas para evitar que la sobrecarga del transporte pesado destruya prematuramente las calzadas. Cuidar el asfalto es, en definitiva, cuidar la trazabilidad de la vida.

 

Finalmente, este cambio de paradigma debe plasmarse en el plano legal y presupuestario. La propuesta de incorporar el concepto de responsabilidad por omisión funcional establece de forma clara que la falta de inversión estatal en tramos críticos conocidos como deficientes configura una falta grave. Los recursos específicos de seguridad vial deben asignarse con criterios científicos y basados en datos unificados provistos por Observatorios Viales, terminando con la improvisación.

 

Honrar la memoria de las víctimas viales y las luchas de las asociaciones civiles que transforman el dolor en acción implica asumir el compromiso técnico, político y ético de actualizar nuestra infraestructura. El acceso a rutas seguras y conectadas no es un lujo ni una mera cuestión de obra civil: es un derecho humano elemental que el Estado debe garantizar de forma absoluta para que cada ciudadano que transita por las rutas de nuestra Nación tenga la certeza de regresar a casa.

 

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