La gesta olvidada
En marzo de 2020 miles de argentinos fueron sorprendidos por la pandemia del Covid-19 lejos de casa, desperdigados por el mundo haciendo turismo, estudiando, de intercambio o por razones laborales. Su situación se hizo insostenible, pues en la mayoría de los casos las disposiciones sanitarias implicaban no solo el aislamiento sino la imposibilidad de regresar porque se suspendieron los vuelos comerciales.
La mayoría de las aerolíneas del mundo canceló sus vuelos regulares a partir del 17 de marzo de 2020 y millones de personas en todo el mundo quedaron varadas a su suerte. Entre ellos cientos de miles de argentinos
Se dispuso entonces por orden del entonces presidente de la Nación, Alberto Fernández, un operativo de repatriación para todos aquéllos argentinos que no podían regresar por sus propios medios y paralelamente, un programa de asistencia económica a través de embajadas y consulados para asistir a los que quedaban varados por la suspensión de vuelos.
El Estado argentino se hizo cargo de la repatriación y envió aviones de Aerolíneas y de la Fuerza Aérea a casi todos los países de Sudamérica y del mundo donde argentinos querían regresar y no tenían medios para hacerlo. Algunos, no pocos, ni siquiera contaban con medios económicos para hacerlo. Fue el caso de los cientos de jóvenes que trabajaban en la Riviera maya mexicana y por el cierre de hoteles quedaron sin trabajo y sin medios para regresar. Allí fue Aerolíneas por orden del presidente a buscarlos.
La compleja logística para estos operativos incluyó el rescate de los cientos de argentinos que estaban realizando cruceros por el mundo y quedaban a la buena de Dios.
El Estado acordó vuelos hacia Estados Unidos, Europa, Asia y trajeron al país a los argentinos que querían volver y no podían.
No fue solo una decisión política del entonces mandatario, sino que era ni más ni menos que cumplir con la ley Ley de Ministerios 22.520 que establece entre las competencias de la Cancillería la de ocuparse de “la protección y asistencia de los ciudadanos en el exterior”.
Los números no dejan lugar a dudas. Entre el 16 de marzo de 2020 y el 30 de junio volvieron a la Argentina 205.769 compatriotas o residentes en el país que estaban fuera cuando arreció el Covid-19. Por aire lo hicieron 88.463, por tierra y agua fueron 117.306.
Fue el mayor operativo de repatriación de la historia argentina, que mostró no solo la capacidad logística del Estado nacional y su eficiencia en hacerlo, sino también la determinación política de no abandonar a su suerte a ningún argentino.
Es una gesta hoy olvidada por el país libertario, que observa insensible como cientos de argentinos han quedado varados en medio de la guerra desatada en Medio Oriente, y el gobierno se desentiende de su suerte.
Aquélla gesta ética en plena pandemia toma mayor dimensión ante esta demostración libertaria de insensibilidad e incumplimiento de la ley que los obliga a cuidar a los argentinos en el mundo.
Imposible no comparar. Sobre todo cuando escuchamos las voces de compatriotas que, desde el otro lado del mundo y en su desesperación, le piden al presidente, no el de la Nación al que saben incapaz de empatizar con la desdicha ajena, sino al presidente de la AFA que gestione su regreso como lo hizo con el gendarme abandonado por Bullrich y Milei en Venezuela.
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