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Viernes 27 de marzo 2026

La honestidad no se presume

Redacción 27/03/2026 - 00.14.hs

Presumir honestidad no suele ser una buena carta de presentación. Es un atributo de esos que cuesta toda una vida ganarse. Cuando se autoproclama tiene un tufillo… como que huele a engaño.

 

No fue el caso de la Argentina donde una mayoría creyó ese canto de sirena de los que se presentaron como la alternativa honesta a la corrupción reinante.

 

Esa convicción de millones parecía blindada a la evidencia. La sola mención de la autohonestidad parecía resistir las evidencias que, tempranamente, asomaron en el gobierno libertario.

 

Así, un legislador a quien le pagaron su voto a una ley ruinosa para el país, lo encontraron saliendo de las fronteras con centenares de miles de dólares que no podía justificar su origen. Era evidente que se trataba de un capítulo de la saga “los bolsos de López”, pero como las sospechas debían recaer sobre los que ganaron la elecciones presumiendo ser los “honestos”, y los medios de la runfla que agitaban cuanto caso de corrupción real, inventado o dudoso, no dijeron nada del origen de los fondos, el caso pasó.

 

(Claro, tampoco investigaron la pista macrista de los bolsos de López, esa que llevaba a una financiera del primo como el origen de los dólares de acuerdo a lo certificado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos).

 

Lo mismo sucedió cuando las evidencias mostraron que alguien cobraba en efectivo para repartir los cargos del partido libertario o para tener una entrevista privada y oficial con el propio presidente. Silencio, los honestos no pueden hacer eso, parecía ser la consigna.

 

La cosa se puso más difícil de ocultar cuando el caso $Libra estalló desde el propio twiter del presidente y se transformó en un caso mundial de estafa cometida por la más alta investidura presidencial.

 

O cuando un amigo del presidente y funcionario del propio organismo, con entrada franca a Olivos y a la Rosada, confesó que la hermana del mandatario se quedaba con el 3% de comisión por los sobreprecios que se le cobraban por su orden a las farmacéuticas que debía abastecer los programas de la Andis, la Agencia estatal de Discapacidad.

 

Era de manual, pero igual se resistían a creer que los honestos pudieran robar así la plata del Estado (que venían a destruir). Más aún luego de la cruzada donde el vocero, entonces alopécico, acusaba a las personas con discapacidad de estafar al Estado al presentar huesos de perro como radiografías de sus discapacidades (una mentira del vocero que nunca se investigó), que las máximas autoridades de la Nación usaran su poder para robarse la plata de los discapacitados en un escándalo de corrupción. Pero a poco de andar se tapó y los medios de la runfla sacaron el caso de la agenda. La palabra corrupción se usaba solo para la AFA. Los honestos no podían robar, ni estafar, ni quedarse con vueltos, comisiones ni nada.

 

Hasta que llegó el caso del avión privado del vuelo carísimo para ir a ver el carnaval de Montevideo del jefe de gabinete y hubo quienes tiraron del hilito para ver qué salía y salió mucho: tarjetas de crédito con millones en el saldo, una casa en un “cántri” con caballeriza, un departamento en Chacabuco…

 

Para hacer todo eso, incluyendo el peluquín artificial carísimo que se puso en su cabeza, con los tres millones y monedas que declaraba como ingresos, no se puede. Es evidente. Y fue la chispa que encendió el pajar.

 

Como el presidente con el caso Libra, el jefe de gabinete salió a desmentir. Pero las mentiras suelen tener patas cortas. Y lo que era un romance con millones que los creían honestos, parece haber llegado a su fin. Ahora una mayoría, lo dicen las encuestas, ya no le cree a los honestos que venían a bajar la inflación porque todo indica que ni son honestos... ni terminan con la inflación.

 

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