Milei, con M de Macri
Ya ocurrió en 2018. Hay gobiernos que a los dos años comienzan a mostrar y a mostrarse como incapaces de responder a sus promesas de campaña. Parece ser el tiempo de gracia que tienen los que llegan al poder prometiendo lo que saben que no van a cumplir.
Ahora está volviendo a ocurrir. A solo poco más de cuatro meses de las elecciones donde el oficialismo libertario consiguió los votos propios y de aliados que le permiten avanzar con leyes regresivas contra los derechos de la mayoría, el humor de los argentinos parece haber operado un cambio.
En dos años, el avance de la desocupación, del cierre de empresas, de la retracción económica, de las deudas de las familias y pymes, de la baja calidad y cantidad en la alimentación que acecha y padecen un número creciente de familias de clase trabajadora, ha comenzado a operar lenta pero sostenidamente, sobre el ánimo de quienes creyeron que votando a un outsider de la política (para decirlo con educación pues es el término no alcanza para describir con alguna precisión al personaje que hoy nos gobierna) se iban a terminar los males que creía padecer con los gobiernos que acusaban de utilizar el Estado para distribuir y llamaban, despectivamente, “populistas”.
El gran aparato mediático logró sostener todo este tiempo un programa económico que desde el primer momento se mostró sin disfraz como de empobrecimiento, ajuste y entrega de los recursos al capital extranjero, y de ninguna señal a favor de los trabajadores, de los jubilados, de los emprendedores, de la educación pública, de la salud pública. De nada de nada para el común de la gente y de todo para el “inversor” financiero.
En La Pampa, donde el Estado y su presencia se asumen históricamente como una parte fundamental del desarrollo de la provincia y su gente, aun aquí, la elección de medio término de hace solo cuatro meses mostró un núcleo duro de votos de ciudadanos pampeanos capaces de elegir a los representantes de su destrucción, la del Estado, y no hacerse cargo de las consecuencias que ese voto tuvo en la aprobación legislativa, con el voto de sus representantes, de leyes nefastas para la mayoría.
En localidades donde el Estado provincial invierte en hospitales y escuelas, en infraestructura y en apoyo a la producción, las elecciones mostraron en no pocos de ellos, que los vecinos apoyaron con su voto mayoritario a los abanderados de la destrucción del Estado, de la destrucción de la salud pública, del ataque al hospital de niños de referencia nacional, el hospital Garraham, a los que levantaron la mano para destruir la jornada de 8 horas y que permiten ahora el despido de los trabajadores más fácilmente.
Cuatro meses después, y no bien el blindaje mediático se comenzó a resquebrajar por los escándalos de corrupción en los que se envuelven los funcionarios libertarios, desde el presidente y su hermana hasta el abanderado de la honestidad que oficiaba de vocero, las encuestas muestran que el humor social ya no les perdona todo lo que antes.
Como si se tratara de una olla tapada que juntó presión, el cuerpo social comienza a sospechar que no hay un futuro donde se cobrará en dólares ni donde la economía crecerá como pedo de buzo detrás de la retórica libertaria. Que todo lo que le dijeron era un verso para hacerlo entrar como a un caballo al matadero mientras los grandes amigos del presidente y su banda hacían negocios financieros y los funcionarios se dan la gran vida viajando en aviones privados y durmiendo en hoteles a 5.200 dólares la noche.
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