¿Por qué Milei está tan irritado con el modelo pampeano de gestión?
Por Héctor J. Pampa
Milei necesita replicar su libreto anarco-capitalista en todo el país. Algunas provincias ya funcionan como franquicias de ese proyecto, pero en La Pampa el escenario es otro. Hay un modelo de gestión que funciona, sostiene niveles de bienestar y, en medio de la turbulencia nacional, expone el contraste.
El peronismo gobierna La Pampa desde el inicio de la democracia. En todos estos años construyó un ethos de gestión que, con sus matices y diferencias, logró sostenerse y distinguirse incluso en los momentos de mayor agitación nacional. Hoy, en las antípodas Milei-Ziliotto, la historia parece repetirse. Mientras el presidente grita, insulta, hace berrinches y emplea medidas que solo favorecen a grupos reducidos de poder, el gobernador pampeano gestiona desde la institucionalidad con políticas públicas concretas.
Esto irrita a Javier Milei, que, con el consejo de sus asesores y mucha nafta puesta en publicidad de redes sociales, intenta imponer a Adrián Ravier como su réplica pampeana. Pero el experimento, además de generar ruido dentro del frente opositor, está convirtiendo al vocero presidencial en una suerte de versión karaoke de aquel Milei de la campaña de 2023. Una imitación que conserva el estilo pretendidamente provocador pero sin originalidad ni encanto.
Un contraste que encandila.
De 1983 a esta parte, por el gobierno pampeano pasaron diferentes gobernadores, con sus estilos y particularidades, pero todos sostuvieron tres pilares fundamentales: 1) un histórico equilibrio fiscal que permitió consolidar una clase media con altos estándares de calidad de vida; 2) un entramado institucional fortalecido por políticas públicas concretas; y 3) un Estado de bienestar sostenido en la redistribución del ingreso y la provisión de servicios esenciales como la salud, la educación y el cuidado intergeneracional.
“En La Pampa se vive bien”, “en La Pampa es otra cosa”. Son frases que se repiten en el acervo popular y que exceden los límites del propio peronismo. El bienestar y la calidad de vida alcanzan a todos los sectores. El modelo funciona, es una realidad. Y, claro, se puede mejorar, pero funciona.
Eso explica que el país ponga los reflectores sobre La Pampa ante un gobierno nacional que está aniquilando a las pymes y a la industria nacional, que, en contra de su promesa, no para de agregar impuestos, que ajusta sobre jubilados, personas con discapacidad y laburantes, que incumple con la ley de financiamiento universitario, que corta becas y programas, que hace de la confrontación una herramienta permanente mientras hace malabares para tapar sus causas de corrupción y que, de forma agresiva y acelerada, destruye valores y consensos que construyeron las bases de nuestro país.
Una respuesta política.
Ante este antagonismo entre formas discursivas y concretas de gestión, La Pampa está demostrando, desde su propio modelo, una forma concreta de responder al avance de la “extrema derecha”. Chantal Mouffe ya en 2010 señalaba que las derechas reaccionarias se favorecen cuando la discusión se estanca en el registro moral. Según la autora, el “acá estamos nosotros, los buenos” y “allá están ellos, los malos”, planteado por sectores de la socialdemocracia, crea una frontera que despolitiza y confunde. Agrega, además, que es precisamente esa dinámica la que crea las condiciones para que surjan demagogos con talento capaces de articular la frustración popular.
Ese nivel conduce inevitablemente el debate al terreno de lo personal, y ahí gana la derecha, porque la verdad es que buenos y malos hay en ambos lados y la ciudadanía tiene fundamentos de sobra para desconfiar de esa antinomia. La discusión debería darse sobre qué modelo es capaz de organizar mejor la vida cotidiana de las personas, qué Estado puede garantizar mejores condiciones de bienestar y qué políticas públicas tienen efectos concretos sobre esa realidad. Cuando el registro pasa de lo moral a lo político —no confundir con lo partidario—, los reaccionarios se quedan sin argumentos y La Pampa tiene mucho para decir.
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