Recordarán travesía por el Atuel
El próximo 28 de abril se cumplirá un cuarto de siglo del inicio de una travesía singular por el Atuel y Salado, gesta que doce navegantes llevaron adelante como un acto de reivindicación de los derechos de La Pampa sobre nuestros ríos.
Recordando aquel momento gran parte de los participantes de aquella expedición volverán próximamente para realizar un breve acto en el Puesto Ugalde, donde se inicio aquella aventura; y luego en Algarrobo del Aguila, primera etapa de la navegación y donde se armó un campamento en el Puesto que fue de Don Lucio Navarro, soguero de la zona y mencionado en la poesía de Julio Domínguez “El Bardino”.
Los expedicionarios.
Los que tomarán parte ahora son Juan Pablo Morisoli, Carlos Blanc, Jorge “Negro” Rojas, Miguel “Vasco” Ervitti, César Hernández y Héctor “Quitito” Guaycochea. De aquel grupo que realizó la navegación hace 25 años fallecieron Oscar “Sangre” Santamaría y Oscar Riestra; y por razones personales no estarán esta vez López, Scovenna y Bonnet.
El acto que realizarán en el oeste es para rememorar esos momentos, con la idea que también sirva para continuar visualizando los reclamos que hace tantos años se realizan --a través de distintas gestiones, oficiales y otras organizaciones-- por nuestros derechos como integrantes de la cuenca.
Recientemente aquel acontecimiento fue recordado al culminar los actos de la Semana del Agua en Algarrobo del Águila, oportunidad en que uno de los oradores se refirió a la expedición que realizó lo que se denominó grupo Konumpanien (significa guardar, o tener en la memoria).
Un viaje distinto.
“Konumpanien” es un grupo de amigos, amantes de La Pampa profunda, donde la pampeanidad se siente a flor de piel y donde los sentidos se ponen a prueba. Aquella vez, exactamente el 28 de abril de 2001 el grupo decidió emprender “un viaje distinto” que marcaría a sus integrantes para siempre y sin querer --¿o queriendo?-- iba a poner en agenda nuevamente un tema sensible para los pampeanos.
Jorge Rojas, uno de los participantes de aquel suceso sostuvo que fue “una iniciativa realizada con profundo amor y compromiso con la causa que habían comenzado otros en décadas anteriores, desde Angel Garay (el policía telegrafista que le escribió al entonces presidente Perón), pasando por la Copdrip. Fue una manera de retomar el camino de la lucha para volver a instalarla definitivamente como una política de todos, es decir una política de Estado por los derechos pampeanos sobre los ríos interprovinciales que Mendoza se apropió”.
Un gran apoyo.
Se puede decir que esa expedición contribuyó a levantar otra vez las banderas para la recuperación de las aguas del río, y se conformó el “Grupo Atuel”, integrado por la Fundación Chadileuvú, el Grupo Konumpanien y la Asociación Alihuen.
Los navegantes fueron apoyados por instituciones, municipios ribereños, organismos públicos, Organizaciones No Gubernamentales y también por el sector privado, como la CPE Santa Rosa, Fundación Chadileuvú, Diario LA ARENA, YPF Norte y Grupo Márquez, entre otros.
Las repercusiones.
La travesía tuvo repercusiones políticas luego del viaje, y el ministro de Obras Publicas de entonces convocó a la CIAI Pampeana para que participara del diseño de las nuevas estrategias para encarar el tema del Atuel.
Después de la navegación los integrantes del grupo recibieron la convocatoria de escuelas de nivel primario y secundario, y también de Ongs, del Rotary Club y de Cooperativas para brindar charlas y contar esa experiencia. Así se plantearon en distintos ámbitos debates acerca de cuál era el rumbo a seguir para encontrar caminos que condujeran a una solución por las aguas que nos correspondían según la sentencia del año ‘87.
Dos años después el gobernador Carlos Verna creó primero la Subsecretaria de Recursos Hídricos y en 2004 se transforma por ley en la actual Secretaría de Recursos Hídricos.
Desde Santa Rosa.
Al momento de la partida desde la capital provincial hacia Santa Isabel, los expedicionarios lo hicieron desde la Fundación Chadileuvú, sobre la calle Rivadavia, donde fueron despedidos por un nutrido grupo de personas, entre familiares, amigos y directivos de la ONG.
Lo previsto era que sólo alguno de los miembros del grupo navegaran en dos embarcaciones: un bote inflable con motor fuera de borda propiedad de César Hernández, y el hidrodeslizador que construyó Juan Carlos López. Sobre esta embarcación cabe decir que tenía un motor tipo avión, hélice y doblaba por timones neumáticos. El casco era metálico, lo que lo hacía resistente a los golpes de alambrados y ramas que pudiera haber en el cauce del río. Podía desarrollar buena velocidad y llevar hasta cinco personas, aunque en esa oportunidad sólo transportó a dos tripulantes.
La lucha continúa.
Luego de tanto tiempo la mayoría de aquel grupo volverá al oeste provincial para rememorar la gesta. En tantos años de reclamo nada ha cambiado demasiado, aún con la decisión de la Corte Suprema de Justicia que instaba en sus fallos al menos a una cota mínima para recuperar el medio ambiente desertizado por el accionar de Mendoza aguas arriba.
“De todos modos, y hasta conseguir el objetivo, la lucha continúa”, dicen los integrantes de Konumpanien.
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