Sin Patria no hay Malvinas ni YPF
Cuentan los historiadores que en tiempos en los que la hoy Fuerza Aérea era una rama del Ejército Argentino (recién en 1945 fue creada como tal), el general Enrique Mosconi advirtió con preocupación la dependencia que tenía en su abastecimiento de combustibles para los aviones de las empresas extranjeras que lo proveían.
Fue cuando una de esas empresas, de bandera inglesa, nada menos, se negó a suministrar la aeronafta para unas maniobras que debían realizar por la falta de pago.
Advirtió allí Mosconi que la soberanía argentina dependía nada menos que de la potencia usurpadora de nuestras Malvinas. Surgió allí entonces la idea de crear una empresa petrolera nacional que, a la vez de extraer el oro negro, lo refinara y abasteciera no solo a las Fuerzas Armadas, sino a las industrias, al transporte y a los argentinos.
Esa identificación del nacimiento de YPF con Malvinas tiene hoy una renovada actualidad no solo porque se acerca la fecha en que se recuerda la gesta de Malvinas que incluye el artero hundimiento del crucero ARA General Belgrano y la muerte de centenares de los nuestros en manos de los ingleses, sino además porque en estos días finalmente se desarmó toda la operación libertaria que quería destruir YPF.
La alharaca por cadena nacional con que el presidente intentó adjudicarse ese fallo que le dio la razón a la estatización de YPF por parte de Cristina Kirchner y de su ministro Axel Kicillof, no alcanzó para borrar de la memoria sus declaraciones garantizándole a los fondos buitres su “intención de pago” de los 16.000 millones que liquidarían la empresa.
Esa cifra astronómica y descolgada de toda realidad, racionalidad y justicia fue dispuesta por la jueza que heredó el juzgado preferido donde los fondos buitres van a plantear sus presuntos derechos en juicios que compran para operar contra el país. Pero una Cámara de Apelaciones de aquél país acaba de anularlo y declaró que la Constitución Argentina y la ley de expropiación son jurídicamente superiores al estatuto de la petrolera. Desarmó entonces toda la maniobra en base a una interpretación retorcida: se intentaba fundir a YPF para que esos fondos ganaran mil veces más de lo que invirtieron comprando el juicio a una de las empresas expropiadas (en cuya gestión se estaba vaciando a nuestra petrolera).
Más aún, el presidente en esas declaraciones hasta dijo que a los fondos buitres le iba a pagar cargando sobre el pueblo argentino con una “tasa Kicillof”.
Por eso su sobreactuación adjudicándose la victoria judicial sobre los fondos buitres resultó una más de sus payasadas mediáticas.
La verdad es que el presidente debía agradecer a Kicillof y a Cristina Fernández pues gracias a su decisión política de estatizar YPF y Vaca Muerta, más la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, todas decisiones políticas del peronismo que tanto odia, hoy puede exhibir, entre tanto desastre, números positivos de exportación de energía que lo salvan en parte del desastre económico en que está sumiendo al país.
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