Tres desastres y una esperanza
La semana que pasó será inolvidable, pero no porque nos vaya a dejar buenos recuerdos. El denominador común fue el desastre en todas sus facetas: el político, el económico-social y el meteorológico. Fue una bofetada tras otra, sin tiempo para reponerse.
Desde la política, el paso de la reforma laboral por la Cámara de Diputados no dejó margen para entusiasmarse. Debieron quitar un artículo, obligadamente, porque ya era demasiado hasta para los propios. El avasallamiento de derechos parece que no encuentra límites para una dirigencia de ultraderecha que está engolosinada y que se aprovecha de una sociedad absolutamente anestesiada, a la que no la ayudan ni los opositores sin rumbo ni liderazgo y tampoco los gremialistas que hacen equilibrio entre la defensa de los trabajadores y su propia conveniencia.
Mientras tanto, el modelo libertario sigue haciendo agua. La inflación dibujada se desborda igual, la recesión no cesa y casi no queda nada para mostrar como saldo positivo para el gobierno nacional. Terminó el carnaval y retornamos a la realidad cotidiana: “vuelve el pobre a su pobreza y vuelve el rico a su riqueza”, diría el gran Joan Manuel Serrat.
Se sigue perdiendo el poder adquisitivo en cada visita al supermercado. Los salarios no suben y los precios no bajan. Crece el desempleo y se pierden derechos. Y para peor, nada indica que el panorama vaya a mejorar en lo inmediato. Siempre la promesa se estira hacia un futuro indeterminado que nunca llega.
En medio de ese debate, el que no la está pasando para nada bien es el senador pampeano Daniel Kroneberger. Cómo estará de complicada su situación que hasta sus propios correligionarios lo citaron en el partido para pedirle explicaciones por su voto favorable a una ley de “modernización laboral” que a todas luces va en contra de los principios que dice defender el radicalismo. El legislador ya la pasó mal hace un tiempo, cuando en una movilización lo increparon por una postura un tanto “ambigua”. Ahora no quiso presencia periodística a la hora de fundamentar su voto en la reunión realizada en el Comité de la UCR. Queda por saber cómo le irá a la hora de volver al llano, teniendo en cuenta que ya hay dirigentes gremiales que lo catalogan a él y a otros tantos como “traidores”. ¿Podrá mirar a la cara a sus comprovincianos y explicar sus procederes?
Nada para festejar.
Desde la realidad económica y social fue otra semana sin nada para festejar y con mucho para lamentar. A nivel nacional, los más de 900 puestos laborales perdidos en Fate muestran a las claras el fracaso de un modelo para pocos. A nivel provincial, los casi 200 despidos en el Frigorífico Pico nos acerca el drama social y le pone rostros conocidos a una angustia creciente.
En la misma semana en la que se votó la reforma laboral, hay una pregunta que se impone desde el sentido común: ¿Algún artículo de la nueva ley sirve para defender mejor a un trabajador despedido? ¿Le da más herramientas para protegerse o lo deja más desguarnecido? Hasta el momento, ninguno de los que votó a favor, incluido Kroneberger, pudo dar respuesta al interrogante.
Panorama desolador.
Solo faltaba un desastre natural para completar la semana de infortunios y eso fue lo que ocurrió el miércoles por la tarde, con epicentro en Santa Rosa. Arboles caídos, columnas derribadas, techos volados, autos aplastados, barrios sin luz, tapiales arrasados y casas inundadas pintaron un escenario nunca veces visto en la ciudad.
La rápida reacción de las autoridades, el compromiso de los trabajadores y la solidaridad de los vecinos dieron la nota destacable del suceso. Es la única esperanza que nos queda: saber que ante los peores momentos, al menos por aquí sigue habiendo un Estado presente, organizaciones sociales que responden y ciudadanos capaces de tender una mano al más necesitado, ya sea convocando a una colecta por redes sociales como acercándose para ayudar a los más afectados de cada barrio .
Saber que aún podemos contar con una valiosa red de contención termina siendo la única nota alentadora en medio de tanto desastre. Esa parece ser la única forma de iniciar el camino de la recuperación. Para la ciudad, para la provincia y para el país. Una tormenta de solidaridad es la única herramienta que nos queda como pueblo para contrarrestar este tornado libertario.
DANIEL ESPOSITO
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