El viejo sueño del “está despedido”
Finalmente la derecha argentina logró lo que parecía imposible en este país forjado en luchas por los derechos laborales de trabajadores y trabajadoras.
La media sanción en la Cámara de Diputados de la Nación luego de hacerlo en la Cámara de Senadores la semana pasada, es un hito ominoso. Significa el cumplimiento de un viejo sueño de la derecha argentina: tener como en Estados Unidos el poder de decirle a un empleado las dos palabras más ansiadas de todo empresario sin compromiso social: “está despedido” y no tener que pagarle nada o casi.
Esta sanción en Diputados significa en los hechos que la democracia argentina, como nunca antes, ha sido capaz de parir una mayoría de representantes funcionales a los intereses más retrógrados que, hasta ahora, han operado en las sombras de las antesalas de los despachos oficiales pero nunca a cara descubierta, ni transmitida en directo a todo el país, reduciendo casi a cenizas la estabilidad laboral.
Porque en toda la maraña de artículos que horroriza a los que aún creen que la clase trabajadora, como productora genuina de la riqueza, debe ser merecedora de más respeto, los que realmente importaban a los que en las sombras elucubraron esta ley, es el que disminuye drásticamente las indemnizaciones por despidos.
Es el punto central de toda la reforma. Este y la creación del llamado Fondo de Asistencia Laboral. El primero porque las indemnizaciones pierden el cómputo de aguinaldo, bonos y extras y tienen un límite que disminuye a menos de la mitad en muchos casos, el importe que debe percibir un trabajador despedido sin justa causa.
El otro punto central, y complementario del primero, es la creación del FAL, un regreso al robo de los fondos de los jubilados que significó en su momento el engendro menemista de las AFJP, las jubilaciones privatizadas que le robaban a los jubilados descaradamente un 30% de sus aportes de entrada.
No terminaba allí el robo de los jubilados que ahora se reedita. En complicidad con las empresas que emitían acciones, le seguían robando con el mecanismo de apropiación coordinado entre los gerentes de las AFJP y las empresas más grandes del país, que emitían acciones caras que las AFJP compraban para financiar las empresas con la plata de los jubilados.
El FAL usa el mismo mecanismo que las AFJP de robo a los aportes al Anses.
Ahora lo hace con la excusa de la creación de un fondo para subsidiar a los empresarios que despidan personal.
Cómo está hecha la ley, ese fondo se usará, además, para pagar la deuda que el gobierno libertario emite para financiar su ruinosa política económica.
Así lo dice el articulado en los que se precisa cómo ese fondo debe destinarse a comprar bonos de deuda pública y otros papeles emitidos por empresas.
De esta forma, la nueva ley permitirá que el proceso de destrucción de empresas pueda hacerse mucho más barato para los empresarios que tendrán una drástica reducción de las indemnizaciones y un subsidio para esos despidos que vendrá directamente del ahorro de los trabajadores.
Y todo para cumplir el sueño de la derecha empresaria, para que le salga más barato decir las dos palabras que, sueñan, disciplinarán a la clase trabajadora: “está despedido”.
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