Una imagen que se deteriora día a día
Malos tiempos para el presidente Javier Milei, tanto en lo político como en lo personal. Su ausencia de la Casa Rosada durante diez días dio lugar a toda clase de especulaciones en cuanto al motivo, por más que su singular vocero trató de minimizarlas, aunque fue peor el remedio que la enfermedad. Durante ese lapso -increíblemente- el manejo del gobierno quedó en manos de la “hermanísima”, lo que creó fuertes tensiones dentro del gabinete. Y a propósito de enfermedades: ya es común que los medios, aun los que lo apoyan, pongan en dudas la cordura del Presidente para con los acontecimientos que lo envuelven y las consecuentes manifestaciones.
Un caso sería el de la presunta rabieta que lo afectó al saber de las derrotas en el Congreso, que lo llevó a la reclusión en la residencia de Olivos; otro el caso Cerimedo, un antiguo asesor personal que ambulaba por distintos países -Argentina, Brasil y Bolivia al menos- como motivador de alto nivel para la derecha en las plebiscitos de esas naciones.
Cerimedo, actualmente en una cárcel boliviana por un evidente intento de asesinato de su pareja (quien al parecer lo había amenazado con revelar turbios manejos en la relación con Milei, entre ellos la trama que llevó a su hermana a percibir coimas sobre medicinas) también ostenta en su currículum la posesión de caudales cuyo origen no ha podido justificar. Para más datos tenía un despacho personal adyacente al del Presidente de Bolivia y era un personaje de influencia manifiesta.
A estar por algunos comentarios semejantes antecedentes apestan a una cierta condición como agente de la Central de Inteligencia norteamericana, la CIA de triste fama.
Ante la entidad de semejantes acontecimiento ¿cuál ha sido la reacción de Milei? Nada menos que salir a la palestra con una catarata de insultos abiertos y procaces para con un periodista en especial, según él partícipe de una conjura “Castrokirchnerlulista” que afecta a toda Latinoamérica... una falacia en la que nadie cree, seguramente sustentada en el odio manifiesto y confeso que tiene para con el gremio de los hombres de prensa. También, con una monumental imprudencia diplomática, salió en defensa de Cerimedo, “una falta de respeto para con la justicia” y que debiera informarse antes de hablar, según expresara el vicepresidente de Bolivia.
Para colmo de males el Círculo Rojo, grupo económico de grandes empresarios que sirve de apoyo a sus políticas, ha empezado a manifestar desconfianza para con el gobierno, evidenciada con un desaire manifiesto: en la última conferencia presidencial los integrantes prefirieron retirarse de la sala evitando, entre otras cosas, una presencia que los habría obligado en algunos casos a refutar la palabra de Mileil, quien sigue viviendo una realidad económica y social propia y dice aspirar con fundamentos a una reelección, que desmienten las encuestas a las que tanto aprecia. Las referencias coinciden en la presencia de un Milei desprolijo, vacilante, con dificultades para expresarse y rasgos faciales alterados.
En suma: un presidente contumaz cuya imagen se deteriora día a día frente al quebranto de la economía popular. “Desde que Lionel Messi hizo el mismo diagnóstico en pleno Mundial, que Milei carga con el estigma de grandes personajes hablando de las complicaciones diarias de la gente”.
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