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Lunes 11 de mayo 2026

Una lección de dignidad

Redacción 11/05/2026 - 00.12.hs

Los políticos no suelen ser fuertes en Historia, ni siquiera en la de sus propios países y mucho menos de los que visitan para congraciarse. Lo acaba de reiterar la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso, en su gira por el país para encontrarse con representantes de la derecha mexicana, con una reivindicación abierta de la conquista española y, en especial, de Hernán Cortés, el conquistador de México, y esto nada menos que en las propias tierras mexicanas, que siempre han hecho un orgullo de sus luchas históricas contra españoles, franceses y estadounidenses. El conservadurismo mexicano de extrema derecha ha aceptado sin chistar conceptos como la reivindicación de Hernán Cortés y el rechazo de los programas de bienestar instaurados por el gobierno, dado que los pobres lo son porque no trabajan. Como se advierte, toda una provocación al mejor estilo Javier Milei, quien por algo acaba de aportar un cuarto de millón de dólares para una campaña de difusión contra los progresistas de América Latina.

 

Esa campaña, y no es casualidad, llega en medio de las presiones de Estados Unidos sobre el gobierno en materia de combate al narcotráfico, que, en palabras del desquiciado presidente norteamericano, podría llegar a una ocupación militar de México. La visita –según la izquierda española- tiene que pedir perdón por llamar “narcoestado” a un país libre y soberano, precisamente ella que viajaba en un barquito junto a un narcotraficante. También se le reprocha que su viaje ha tenido “un enorme costo económico e ínfimo valor institucional”.

 

La imprudencia de sus palabras han impactado en la opinión pública del país a tal punto que ni los líderes de la derecha mexicana han tenido para con ella más que un tibio acompañamiento, en lo posible sin presencias oficialistas.

 

Ante semejante provocación, la presidenta Claudia Sheibaum ha tenido una reacción inteligente diciendo que México es un país libre donde cualquiera puede expresarse, pero sin deformar una historia que arranca siglos atrás y recordó que el suyo “acogió al exilio republicano cuando todos les cerraban la puerta, a los españoles que lo perdieron todo con el fascismo”.

 

La firme pero cuidada reacción de la presidenta mexicana no sólo expandió el apoyo de los habitantes de su país; también el de la izquierda española que calificó la presencia de “insulto” al pueblo mexicano, y decidió ofrecer unas disculpas públicas “ante las faltas de respeto de una ultraderechista” y “agitadora internacional”.

 

Así, en estos días en que unos pocos mandatarios del subcontinente mantienen una posición digna ante la pretensiones del país del norte (con algunos ejemplos cercanos que llegan a la abyección) la presidenta de México ha dado una lección de dignidad y espíritu latinoamericano, interpretando cabalmente a la gran mayoría de su pueblo.

 

De paso, recalcó el desaire generado por la desubicación e ignorancia histórica de su visitante al escribir México con j.

 

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