La escuela del futuro y su rasgo de no debatida

Señor Director:
Los alumnos secundarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires han resuelto suspender la ocupación de escuelas por estimar logrado su propósito inicial de recibir información sobre la naturaleza del proyecto que el gobierno ha dispuesto implantar a partir del próximo año. También se logró que el tema saliese del umbral penumbroso dentro del cual fue presentado.
Sucede que el gobierno porteño anunció que ponía en marcha lo que llama “escuela del futuro” sin dar información ni posibilidad de participación a la comunidad educativa: alumnos y docentes También se dejó saber que este lanzamiento no se agotará en la Ciudad Autónoma sino que se quiere que impere en todo el país, excluyendo de toda forma de participación a la comunidad educativa nacional y a los gobiernos de provincias. Una reunión de provincias anticipó oposición tanto al procedimiento como a algunos de los rasgos de la reforma por aplicarse en la CABA.
Sin posibilidad de conocer y debatir el proyecto, sus fundamentos y objetivos, tampoco se puede tener una opinión final sobre lo que el gobierno de la CABA presenta como “la escuela del futuro”. Esta expresión confirma el propósito de generalizarla.
Estaríamos ante una reforma mayor, totalizante, puesto que también condicionará a los otros niveles de enseñanza y, en particular, al sistema universitario. Sabido es que la escuela “media” ha sido pensada básicamente como el eslabón intermedio entre la escuela primaria (y las pre-primarias que han estado desarrollándose en los últimos años) y los estudios superiores. Si bien existen institutos de nivel medio como es el caso de las Escuelas Técnicas y el conjunto de los que tienen un papel terminal para capacitar en la diversidad de los empleos y las profesiones, la escuela media o secundaria está pensada como un instituto que completa la formación básica de los jóvenes para que, llegados a ese nivel, estén en condiciones y aptitud de elegir la orientación de su preferencia. Los jóvenes tendrían ante sí la oferta de la universidad (medicina, economía, ingeniería, abogacía, etcétera), así como los desarrollos de posgrado.
Este punto es de suma importancia, porque lo que se quiere es que cada persona, todo estudiante, disponga de la información y tenga la preparación básica necesaria para hacer una opción libre. Es decir que todo individuo esté dotado de los conocimientos necesarios para tomar decisiones como tal en cuanto a su porvenir. La alternativa de esta oferta actual supone que la decisión o bien se la adelanta para el momento de salir de la primaria o se la deja en manos de la autoridad política. Por eso, la escuela media no es terminal y no requiere actualmente que el estudiante sea direccionado y condicionado a desempeñarse en determinadas actividades laborales. Previo es que madure y pueda asumirse como persona.
En el cambio propuesto el sujeto (el estudiante) quedaría condicionado en función de los intereses del mercado laboral de cada momento y país. Puede no ser ésta la intención, pero el punto merece aclaración. Se han escuchado demasiadas expresiones de funcionarios que llegan a preguntar, como ha sucedido, qué sentido tiene que una mujer estudie matemáticas si no ha de salir de su ambiente rural y de la ocupación que éste provee. O sea que el mercado condiciona las opciones reales. Queda cuestionado el derecho de toda persona de contar inicialmente con las mismas opciones que las demás y que obliga al Estado a asegurar la existencia de la igualdad de oportunidades. Caso contrario el que nace pobre sigue pobre y el que nace rico tiene facilitado seguir siéndolo porque puede pagarse otras opciones, en su país o fuera de él.
Cuando se antepone el reclamo de una información completa sobre un proyecto de cambio es porque tal es la naturaleza de lo que llamamos democracia. Que cada individuo pueda ser protagonista de su vida.
Atentamente:
Jotavé