Notables mapas de hace más de un siglo
La amabilidad del doctor Pablo Calmels puso en mis manos una publicación tan singular como antigua. Se trata de una necrológica que editara como separata en 1908 la Revista del Museo de la Plata, en su Tomo XV. El impreso está destinado a rendir homenaje al geógrafo Enrique A.S. Delachaux, que fuera destacado profesor de aquella casa de estudios y falleciera el 10 de abril de 1908, casi exactamente 102 años atrás.
Trayectoria.
A estar por su trayectoria Delachaux debió haber sido uno de aquellos inquietos científicos europeos que arribaron a la Argentina en el último cuarto del siglo XIX, atraídos por las posibilidades que presentaban la ciencia y la investigación en el joven país sudamericano. Había nacido en Neuchatel, Suiza, el 18 de abril de 1864 y recibido una clara influencia cultural francesa que incluyo cursos en la Universidad de la Sorbona, por entonces una Meca de la ciencia mundial. Mientras vivió en Francia integró el equipo de la Oficine Geographique, donde se inició su interés por las obras de ese género científico y, especialmente, por sus complementos cartográficos.
Cuando llegó a la Argentina, a fines del siglo XIX, trabajó en algunas áreas afines a su conocimiento hasta que el doctor Francisco Moreno lo llevó al Museo de La Plata para ponerlo al frente de una nueva sección de geografía que organizaba la entidad. Esto último, y con las concepciones y herramientas que nos da la modernidad, parece poco trascendente, pero por aquellos días la Argentina era un país desarticulado en una visión geográfica integral, con enormes desconocimiento de su rostro físico, que en los hechos se traducían en calvas que aparecían en sus mapas. De hecho algunos mapas europeos desconocían nuestra soberanía sobre la Patagonia y el mismo gobierno solía verse en problemas para la percepción cartográfica de algunas regiones.
Un cartógrafo notable.
En 1896 Delachaux dirigió la Sección Cartográfica del Museo en reemplazo del doctor Moreno, que había sido nombrado perito de la parte argentina en el diferendo de fronteras con Chile; simultáneamente también ocupaba la secretaría de la comisión demarcadora de límites. Posteriormente, ya entrado el siglo XX, fue catedrático de geografía física en las universidades de La Plata y Buenos Aires y tuvo a su cargo la jefatura cartográfica del Instituto Militar del Gran Estado Mayor, antecedente del Instituto Geográfico Militar.
La producción bibliográfica e investigativa de Delachaux está dispersa en numerosas publicaciones ambiciosas para la época, caso de un atlas meteorológico y un mapa a gran escala del país. También escribió un ensayo revalorizando la esencia e importancia del estudio de la geografía física y los problemas geográficos del territorio argentino. Un folleto de su autoría -"Representación gráfica de las formas más características del terreno de la República Argentina"- fue durante mucho tiempo una muy buena definición de las regiones orográficas argentinas, muy utilizado por quienes se dedicaban al levantamientos de cartas y planos.
Su relación con La Pampa.
Sin embargo, con ser importantes, no son los antecedentes anteriores los que nos mueven a la realización de esta nota sino su relación con La Pampa. Una relación en principio teórica -dada su condición de geógrafo- y más tarde muy estrecha, tanto que en ella estuvo el principio de su muerte. En efecto, a través de los partes militares, relación de viajeros y mapas de época Delachaux había tomado conocimiento de la presencia de un considerable macizo montañoso existente en medio del desierto pampeano: la sierra de Lihué Calel. Esa presencia lo intrigaba ya que hacía presumir no sólo una anomalía geográfica en el entorno sino también porque mezclaba la leyenda y la historia muy tempranas de nuestro territorio, una tentación a la que no pudo escapar. Delachaux quería conocer por sí mismo la importancia y estructura de las sierras a fin de incorporarlas al mapa de nuestro territorio, que preparaba por entonces la sección cartográfica militar.
Mapas y datos.
Carecemos de datos precisos sobre la estadía de Delachaux en las sierras, aunque sí sabemos que fue allí donde contrajo el tifus que posteriormente lo llevó a la muerte. De su estadía dejó como testimonio dos notables planos que establecieron una clarificación cartográfica del sitio, ambos utilizando la técnica del sombreado con luz del noreste para resaltar el relieve. En el primero de ellos, realizado a escala 1:50.000, cabe señalar que, a la descripción literaria, directa o indirecta, que habían hecho viajeros anteriores le agregó los datos que se puntualizan:
1. Menciona al macizo correctamente como Lihué Calel, sin agregarle la "l" eufónica pero equivocada a la primera palabra.
2. Ubica correctamente los cordones aledaños de las sierras Chica y Cortada, ubicadas al este y oeste de la principal.
3. Delinea, aunque sin identificarla, la traza del antiguo "Camino de los Chilenos" en el que, a partir del establecimiento La Asturiana, hay una bifurcación de caminos: una vía conduce a La Escondida y General Acha y la otra a El Carancho. El camino pasa también por Aguas Blancas.
4. Indica la huella o rastrillada que conduce a La Reforma.
5. Ubica y nomina algunos puestos de pobladores: Contreras, Arrese, Pacheco (¿?) Sorrei, en aledaños de la sierra y el establecimiento La Justina, sobre su frente norte.
6. Indica la existencia de dos pozos (obviamente de agua) sin identificación, uno de ellos muy cercano a Aguas Blancas, en plural.
7. Nomina el valle principal de las sierras como "De Namuncurá", a la vez que se lo indica, correctamente, como origen de los principales arroyos que vierten el norte y suroeste. El curso del norte se identifica como arroyo Lihué Calel.
8. Hay al menos dos nombres ilegibles en el plano: uno interior a las sierras, donde parece indicarse el pico más importante, otro en el extremo sur del macizo. En un tercero, sobre un camino que se abre al suroeste, puede leerse con esfuerzo "Mensajería a Epupel"
9. Curiosamente el plano consigna una línea, -"teléfono", dice-, que comienza o termina en Aguas Blancas, pasa por Sorrei y se pierde cerca de la Sierra Chica. Llama la atención la identificación técnica, ya que lo más común por esos años era el telégrafo.
10. El actual salitral Levalle aparece identificado como "Gran Salitral"
11. Acaso lo más significativo: en el lado occidental de la sierra en su extremo sur, se puede leer "Pozo Jesuitas", un topónimo que, por la época en que fue relevado y la seriedad del ejecutor del mapa, da pábulo a la antigua tradición de la presencia jesuítica en el lugar dos o tres siglos antes.
El segundo plano.
El segundo de los planos de Delachaux, trazado a escala 1: 100.000, está basado en el croquis anterior, aunque tiene algunas variaciones y permite interpretar nuevos datos. Así:
1. A los puestos antes nombrados se agregan Cabrera, en la parte noroccidental de la sierra; Sepúlveda, en su extremo sur; Ramos a oriente y Patiño en el Valle de Namuncurá.
2. En los caminos trazados se indica "A las minas" en el que pasa junto a la sierra y sobre el que sale de Agua Blanca (ahora en singular) al sur se ubica "San Máximo chico" como población.
3. El teléfono llega desde Agua Blanca hasta La Asturiana.
4. En el macizo principal se ubican los cerros Estado Mayor y Sud, y al nombre general de las sierras se le agrega entre paréntesis "Soc. Científica", al parecer siguiendo la efímera toponimia de Estanislao Zeballos.
5. El salitral Levalle aparece nombrado como tal.
Un gran aporte.
Como se advierte tanto en lo físico como en lo humano el aporte de los mapas de Delachaux es considerable, máxime si se tiene en cuenta la época en que fueron realizados y los medios con que se contaba. Complementario a la publicación que mencionábamos al comienzo de esta nota, aunque casi cuarenta años después, la parte de Geología del Instituto del Museo de la universidad Nacional de La Plata, en su serie Notas, Nº 37, publicó en 1945 el trabajo de Delachaux bajo el título "Un reconocimiento expeditivo de la sierra de Lihué Calel", un opúsculo que contiene los dos mapas analizados más un comentario de reconocimiento y homenaje por Alejandro Bouchonville.
Hoy, casi exactamente a 102 años de la muerte de aquel pionero de nuestra ciencia y nuestro conocimiento geográfico, tal vez sea llegado el momento de rendirle un homenaje en algunos de los ámbitos que le fueron afines.
Walter Cazenave
Geógrafo y escritor
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