Abba suena a Abba

Redaccion Avances 14/11/2021 - 10.26.hs

Han pasado cuatro décadas desde su anterior álbum, pero poco ha cambiado: el cuarteto compone luminosas melodías para un trabajo que se grabó en secreto.

 

 

Carlos Marcos *

 

La última aparición pública de Abba fue en noviembre de 1982, en The Late, late Breakfast Show de la BBC británica. El presentador, Noel Edmonds, no esperó mucho (justo al minuto de entrevista) para hacer la gran pregunta: “Se rumorea que os vais a separar”. En ese momento, Benny Andersson, sentado en un extremo del sofá, agita el brazo en un gesto de “eso no es verdad”. Luego, dice: “En el momento en el que no nos divirtamos en el estudio será cuando lo dejemos”. “Eso deberías haberlo dicho hace mucho tiempo...”, añade el otro miembro masculino del grupo, Björn Ulvaeus. Y los cuatro ríen, aunque las aguas emocionales de todos andaban revueltas: los dos matrimonios que forman el grupo sueco se habían divorciado meses antes. En realidad, no mentían. Abba nunca anunció oficialmente su disolución. Frenó toda actividad como banda pocos meses después de aquella entrevista. Se marcharon en silencio, y así han estado 39 años. Hasta que recientemente se han vuelto a reunir los cuatro en un estudio y se han divertido para confeccionar Voyage, diez nuevas canciones que conforman el regreso más relevante de la música pop.

 

 

Siempre Abba.

 

Los primeros versos cantados que suenan en Voyage, pertenecientes a la balada I Still Have Faith In You, no pueden ser más adecuados para situar a los protagonistas y lo que personifican: “Todavía tengo fe en ti. / Me doy cuenta ahora. / A pesar de todos estos años la fe sigue intacta”. Después de un tiempo en el que el mundo no ha podido pasar por más calamidades, el cielo se abre con la música y los mensajes curativos del cuarteto sueco. Lo mejor que se puede decir de Voyage es que suena a Abba. Es como si todo hubiese quedado congelado en aquel 1982 y el grupo hubiera vivido ajeno a las tendencias musicales de las últimas cuatro décadas.

 

Las voces de Agnetha Fältskog (Suecia, 71 años) y Anni-Frid Lyngstad (Noruega, 75 años) no suenan tan excelsas como en los setenta, pero todavía transmiten confort y mecen al oyente con su pop de edredón. La mitad de las canciones son baladas. Alguna recuerda a éxitos como Chiquitita, en otra hacen un guiño a la Navidad… Irrumpen coros infantiles, orquestaciones… Al oyente le entran ganas de agarrar la mano del que tiene al lado y unirse al coro.

 

La otra mitad del álbum se encuadra dentro del pop ligero marca de la casa. Don’t Shut Me Down remite a su época disco; Just a Notion resulta optimista, bailable, con algo de los Beach Boys (“sonríe, porque bailaremos toda la noche”, cantan); When You Danced with Me transmite felicidad con sus armonías celtas… Es música sin aristas, melodías brillantes, Abba en esencia. Hasta la batería suena cálida, como ocurría en las grabaciones de los setenta.

 

 

Fenómeno Abba.

 

El cómo se ha llegado hasta Voyage supone la otra parte interesante de esta gran historia de retorno. Quizá ahora se olvide que Abba fue un fenómeno de ventas desde aquel Eurovisión de 1974 con Waterloo, pero pocos críticos se rindieron inmediatamente a sus encantos. A mediados de los setenta la música vivía entregada a la grandilocuencia de bandas como Led Zeppelin, Pink Floyd o los Rolling Stones. Gustaba el rock adusto y varonil. Luego llegaron el punk y sus canciones breves y furiosas, y la música disco y los desbarres del Studio 54. Abba eran considerados ñoños. Vendían mucho, pero suponía casi un placer culpable para los que alardeaban de entender de música.

 

Cuando en 1982 se separaron no hubo demasiados rostros apenados. Y así se pasó la década de los ochenta. Hasta que en los noventa comenzó una demanda de su música tan grande que resulta inédita en la historia del pop. Seguramente habría que citar a Björn Again, una banda tributo al cuarteto que tuvo una tremenda repercusión de directo; un grandes éxitos, ABBA Gold: Greatest Hits, que en 1992 ocupó el número uno en ventas en muchos países; la reivindicación de su legado por artistas como Elvis Costello, Metallica, Blondie, Ozzy Orbourne... Completó el fervor por la música de Abba Mamma Mía!, primero en su versión teatral de 1999 y luego en el cine, en 2008, con el protagonismo de Meryl Streep y Pierce Brosnan. En 2010, ingresaron en el Rock & Roll Hall of Fame.

 

 

Hologramas.

 

Con la música del cuarteto sonando por todas partes y desprendida de todo prejuicio (el tiempo, en música, lo suele poner todo en su sitio), comenzaron los movimientos. Se habló de una oferta de 1.000 millones de dólares (864 millones de euros) por una gira, desmentida por el grupo. Lo que sí les sonó bien fue una propuesta del productor Simon Fuller, cerebro de la franquicia Idols y creador de Spice Girls: un espectáculo televisivo con hologramas. Gran idea para un grupo que siempre disfrutó más en el estudio que en el directo: en sus 10 años de actividad (de 1972 a 1982) no llegaron al centenar de actuaciones.

 

Las negociaciones con Fuller no llegaron a un acuerdo, pero el grupo se quedó con la idea: montar un espectáculo con avatares, pero en un estadio en lugar de un frío plató televisivo. Solo había que entrar a grabar para justificar estos conciertos virtuales. La parte femenina del grupo se embarcó en el proyecto solo con una condición: no participar en ningún acto de promoción. Alejadas de la música desde hace años, Agnetha y Anni-Frid no quieren ni entrevistas ni fotos para revistas. Solo pusieron sus voces.

 

El plan era grabar solo dos temas. Una vez conseguida la conformidad de ellas, ellos (Björn Ulvaeus –Suecia, 76 años– y Benny Andersson –Suecia, 74–) prepararon un buen puñado de composiciones, seguros de que si surgía la magia se podía hacer un esfuerzo mayor y registrar un disco completo. Se citaron en 2017 en un estudio RMV, en Estocolmo. Allí, casi clandestinamente, sin que nadie de la industria musical se enterara, dieron forma a Voyage. Justo 40 años después de su último disco de larga duración, The Visitors, que se publicó en noviembre de 1981.

 

“Nos tomamos un descanso en la primavera de 1982 y ahora hemos decidido que es el momento de ponerle fin a la historia”, ha dicho el grupo en un comunicado reciente. El espectáculo de hologramas se inaugura en mayo en Londres, en un recinto que se va adaptar especialmente y en el que llevan trabajando meses especialistas en efectos visuales que trabajan con el gigante del entretenimiento Disney. Media docena de músicos interactuarán con los hologramas del cuarteto, cuya imagen será la de 1979, en todo su esplendor disco. En ese momento solo quedará que empiecen los acordes de Dancing Queen para que esa arma poderosa llamada nostalgia realice bien su trabajo.

 

 

* El País

 

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