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La higuera de Miguel Hernández se muere

Redaccion Avances 30/07/2023 - 12.00.hs

La historia de Miguel Hernández, uno de los más grandes poetas del siglo XX. Le cantó a la libertad, era pastor de cabras, fue encarcelado por la dictadura de Franco y murió con tan solo 31 años.

 

Juan Carlos Martínez *

 

Con este título encontramos en Internet una información que tiene que ver con la historia de Miguel Hernández, uno de los más grandes poetas del siglo XX que le cantó a la libertad mientras acompañaba a los republicanos que en el frente de batalla jugaban sus vidas luchando contra el franquismo. Miguel, un pastor de cabras que alternaba sus horas laborales escribiendo poemas al pie de esta higuera en Orihuela, donde nació, fue encarcelado por la dictadura de Franco y murió de tuberculosis a los 31 años en un hospital de Alicante, en cuyo cementerio descansan sus restos. Casado con Josefina Manresa, el amor de su vida, fue padre de un niño al que dedicó uno de sus bellos poemas: Nana de la cebolla.

 

En 1986, junto a amigos y amigas residentes en España, visitamos la casa donde vivió Miguel en Orihuela. En aquella inolvidable visita estuvimos evocando a Miguel en el patio de su casa, al pie de la histórica higuera que se ha ido muriendo desde que el silencio del poeta se hizo dueño del espacio. En homenaje a Miguel se transcriben dos de sus bellos poemas: Nana de la cebolla, dedicado a su primer hijo y Elegía a Ramón Sijé, su amigo del alma, quien nació el 16 de noviembre de 1913 en Orihuela y murió en un hospital de Alicante el 24 de diciembre de 1935 a los 22 años de edad víctima de una infección intestinal. Pese a su corta existencia, Ramón fue un escritor, ensayista, periodista y abogado.

 

El poeta.

 

Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en la pequeña localidad de Orihuela, en la provincia de Alicante, en una familia de un modesto agricultor. Miguel pasó poco tiempo en la escuela, asistió a la primaria sólo dos años y más tarde se dedicó a la autoeducación. Cuando el poeta cumplió veinte años, se publicó su primera poesía “Pastoril”. Un año más tarde Hernández se trasladó a la capital de España, pero pronto regresó a su patria. En 1933, nació la primera colección de poemas del poeta “Perito en lunas” (llamada inicialmente Poliedros), después de la cual Miguel tuvo la oportunidad de viajar por las ciudades y pueblos de España, leyendo poesía y vendiendo su libro.

 

Al llegar a Madrid (1934), conoció a los ya famosos autores, Federico García Lorca, Pablo Neruda, y otros. Su trabajo se encuentra reflejado en la Generación de 1927, con cuyos representantes fue creativo y amistoso. Muchos de los poemas de Hernández fueron adaptados a la música.

 

El 50 aniversario de la muerte del poeta (1992) fue marcado en España por la publicación de una colección en dos volúmenes de sus escritos y cartas. La Universidad de Elche lleva su nombre en honor a este conocido poeta y dramaturgo de extraordinaria importancia para la literatura española y latinoamericana. Disponibles gratuitamente para leer en línea se encuentran Innumerables obras, poesías y otros materiales del autor.

 

* Periodista

 

 

Nana de la cebolla

 

La cebolla es escarcha

 

cerrada y pobre

escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla:

hielo negro y escarcha

grande y redonda.

 

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre.

 

Una mujer morena,

resuelta en luna,

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te tragas la luna

cuando es preciso

 

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es tu risa en los ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que en el alma al oírte,

bata el espacio

 

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.

 

Es tu risa la espada

más victoriosa.

Vencedor de las flores

y las alondras.

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor

 

La carne aleteante

súbito el párpado

el vivir como nunca

coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea

desde tu cuerpo!

 

Desperté de ser niño.

Nunca despiertes

Triste llevo la boca

Ríete siempre

Siempre en la cuna

defendiendo la risa

pluma por pluma

 

Ser de vuelo tan alto

tan extendido

que tu carne parece

cielo cernido

¡Si yo pudiera

remontarme al origen

de tu carrera!

 

Al octavo mes ríes

con cinco azahares

Con cinco diminutas

ferocidades

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes

 

Frontera de los besos

serán mañana

cuando en la dentadura

sientas un arma

Sientas un fuego

correr dientes abajo

buscando el centro

 

Vuela niño en la doble

luna del pecho

Él, triste de cebolla

Tú, satisfecho

No te derrumbes

No sepas lo que pasa

ni lo que ocurre.

 

 

Elegía a Ramón Sijé

 

Otro de los bellos poemas escritos por Miguel es el que dedicó a Ramón Sijé, su amigo del alma, quien enriqueció su cultura. Sijé murió a los 22 años de edad y, como su amigo, dejó un legado que perdura entre lo mejor de la literatura universal.

 



Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.



Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas



daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento.



Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.



No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.



Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos.



Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.



No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.



En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.



Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.



Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.



Volverás a mi huerto y a mi higuera:

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera



de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas

de los enamorados labradores.



Alegrarás la sombra de mis cejas,

y tu sangre se irán a cada lado

disputando tu novia y las abejas.



Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado.



A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

 

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