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Domingo 19 de abril 2026

Lenguas que no sabemos que sabíamos

Por Redacción 19/04/2026 - 15.00.hs

Una conferencia del escritor mozabiqueño Mia Couto, que hace hincapié en los límites de la lengua y en la trascendencia de la lengua (desconocida), nos permite repensar el lenguaje más allá de la propia comunicación.

 

Sergio De Matteo *

 

"Hasta mañana, lengua” ha escrito dos veces en la “Décima sexta palabra” el poeta pampeano Juan Carlos Bustriazo Ortiz, una lengua que trasuda todo el Libro del Ghenpín (1977, 2004). La lengua, el lenguaje, la palabra o el verbo, son conceptos que siempre han estado en el epicentro de la creatividad e imaginación de la humanidad, así como de la discusión y el análisis literario, sea por parte de poetas, escritores o ensayistas.

 

Es amplio el reservorio de definiciones que existen sobre esta productividad lingüística, inherente sólo al ser humano, donde se abre y cierra, a la vez, el campo de interpretación y entendimiento.

 

Tanto abstracciones míticas, místicas o religiosas, como científicas, experimentales y lúdicas, tratan de dar asidero y anclaje a dicho material gramatológico. En ese sentido, el signo o símbolo puede ser trascendente, quedando sin sujeción ni explicación, ingresando, incluso, al orden de lo mágico, esotérico o cabalístico; así como también ser atado, encorsetado o diseccionado por la ciencia.

 

Dos destacados filósofos, uno alemán y el otro austríaco, han resaltado su importancia capital y sus limitaciones, por ejemplo, Martin Heiddeger ha dicho que “Sólo hay mundo donde hay lenguaje”, es decir, sólo existiría lo que puede ser nombrado, lo que tiene la marca existencial del continuo devenir. Ludwig Wittgenstein ha propuesto que “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”, por lo cual no hay más allá de lo pensable, de las “experiencias del pensamiento”, que se enmarca con su idea mayor de “juegos de lenguaje” (Sprachspiele). En esa línea indica que “La definición de una palabra a través de otras palabras lleva a una regresión ad infinitum (comprender la palabra explicada requiere comprender las palabras que sirven para explicarla, y para comprender éstas hace falta comprender las palabras que las explican a su vez, y así sucesivamente), por lo que tendríamos una especie de bucle interminable como la propia cinta o banda de Moebius.

 

Detrás de lo real.

 

Así como en lo racional y lo lógico puro, también podríamos indagar en lo fantástico, inverosímil o ficticio. En consecuencia, es posible repensar esta construcción de significados y significantes, bajo la impronta de Roland Barthes (“les signifiés passent, les signifiants restent”), por lo cual, un signo que representa algo hoy puede ser distinto mañana, por lo que la búsqueda de un significado único es temporal, mientras que los significantes (formas, imágenes, palabras) perduran, convirtiéndose en transmisores de nuevas significaciones y mitos.

 

El escritor mozambiqueño Mia Couto, en una conferencia sobre literatura brindada en Estocolmo en 2008 (Conferencia Internacional de Literatura WALTIC), intercala reflexiones y textos narrativos de su autoría. Hay un cuento breve que se titula “Lenguas que no sabemos que sabíamos”, que hasta ese momento no había sido publicado, pero luego formó parte de su libro E se Obama fosse africano? e outras intervenções (2009). Este cuento en donde hay una intersección entre lo mágico y lo real, teniendo como eje la lengua y la oralidad, se relata la situación de una mujer en su lecho de muerte, pero también da sustento a la reflexión, porque explora las formas de comunicación más allá del lenguaje verbal, basándose en la cultura, la emoción y la sabiduría oculta de Mozambique.

 

El texto destaca cómo los seres humanos poseen una capacidad innata para entender lenguajes emocionales y culturales, incluso aquellos que no se enseñan formalmente.

 

En la breve narración la mujer le solicita a su marido que le cuente una historia, pero que lo haga “en una lengua desconocida”, éste, al principio, no comprende el pedido, pero deja fluir el habla, y haciendo caso omiso al orden del discurso comienza a “balbucear unas palabras extrañas y sin sentido”, y lo hace en un “idioma sin reglas”.

 

Fuera ya del cuento, continuando con la conferencia, Couto comenta: “En nuestra infancia, todos experimentamos este primer idioma, el idioma del caos; todos disfrutamos del momento divino en que nuestra vida podía ser todas las vidas y el mundo aún aguardaba un destino. James Joyce llamó a esta relación con el mundo informe y caótico “caosmología”. Esta relación, amigos míos, es lo que hace que la escritura se mueva, sea cual sea el continente, la nación, el idioma o el género literario. Creo que todos nosotros, poetas y novelistas, nunca dejamos de perseguir este caos seminal. Todos aspiramos a regresar a esa condición en la que estábamos tan fuera de un lenguaje que todos los lenguajes eran nuestros. En otras palabras, todos somos traductores imposibles de sueños. De hecho, los sueños hablan en nuestro interior lo que ninguna palabra puede expresar”.

 

Couto nos retrotrae a un caos seminal u original, donde conviven lo real y lo ilusorio, conectados por un lenguaje desconocido, trascendental, donde los seres humanos seríamos traductores de sueños. Por eso resalta: “Sin embargo, los idiomas que conocemos -e incluso aquellos que no sabíamos que conocíamos- son múltiples y no siempre se dejan capturar por la lógica racionalista que domina nuestra conciencia. Hay algo que escapa a la norma y a los códigos. Esta dimensión esquiva es lo que más me fascina como escritor. Lo que me conmueve es la vocación divina de la palabra, que no solo nombra, sino que inventa y produce encantamiento”.

 

Lenguaje mesiánico.

 

Una palabra que se sustenta en la invención, en el encantamiento y nombra. Couto apela a esa lengua que nos pertenece desde la niñez pero, a la vez, despliega la posibilidad de un idioma que no conocemos, y lo paradójico del cuento es que nunca oímos ese lenguaje extraño, pero, por la imaginación sabemos que ha sido pronunciado.

 

Para Walter Benjamin, el lenguaje mesiánico no se refiere al contenido de un mensaje religioso, sino a una cualidad del lenguaje que busca recuperar su potencia comunicativa original y sagrada, perdida tras la caída del hombre. Esta concepción une su teoría del lenguaje con su filosofía de la historia y la redención. Este pensador alemán sostiene que, originalmente, el lenguaje no era una herramienta para transmitir información, sino un acto divino de creación. En el paraíso, el hombre nombraba las cosas y, en ese nombre, residía la esencia espiritual del objeto. Por lo cual, la tarea del traductor es mesiánica porque intenta rescatar el “lenguaje puro” (reine Sprache) que subyace en todas las lenguas. Al traducir, se busca la armonía entre las distintas lenguas para que, juntas, apunten hacia esa lengua original perdida. Mia Couto nos dirá que “Un idioma no es simplemente un conjunto de palabras para comunicarse, sino una forma de ser y existir, de comprender el mundo y a uno mismo, lo externo y lo interno. Dentro de cada idioma reside un universo entero, y cada hablante lo recrea a partir de su experiencia”. La traducción de Benjamin, la interconexión ancestral/actual a la que infiere Couto, queda plasmada en el cierre de la conferencia: “Lo que defiendo es un ser humano plural, dotado de un lenguaje plural. Junto a un lenguaje que nos integre al mundo, debe coexistir otro que nos permita trascenderlo. Por un lado, un lenguaje que nos arraigue y nos dé un lugar. Por otro, un lenguaje que nos impulse a emprender un viaje. Junto a un lenguaje que nos humanice, debe existir otro que nos eleve a la condición de divinidad”.

 

Lengua extranjera.

 

Para Marcel Proust, en Contra Sainte-Beuve, escribir bien implica que el autor sea capaz de crear “una especie de lengua extranjera” dentro de su propio idioma. Los grandes escritores no usan el lenguaje común de forma convencional; lo fuerzan, lo deforman y lo reinventan para que pueda expresar su sensibilidad única. Al hacerlo, el idioma resulta extraño incluso para los hablantes nativos, como si fuera una lengua nueva nacida de la original. En este libro de ensayos y crítica, Proust instituye la idea de que “los libros hermosos están escritos en una especie de lengua extranjera”.

 

El filósofo francés Gilles Deleuze resignifica el planteo de Proust, donde la escritura crea “una especie de lengua extranjera” dentro de la propia lengua materna. No se trata de hablar una lengua extranjera, sino de hacer vibrar la propia lengua, forzándola a nuevos límites sintácticos y estilísticos, convirtiéndola en una lengua “menor” o experimental para liberar un “afuera” creativo.

 

Dentro de los juegos de lenguaje es posible romper sus limitaciones, expandir sus sentidos y modificar su grafía. Couto ha dicho que el idioma permite “comprender el mundo y a uno mismo, lo externo y lo interno”, además, adosarle matices, pliegues y repliegues, a la lengua existente.

 

Como destaca Deluze en Crítica y clínica, la literatura no impone una forma a la materia, sino que se convierte en un proceso de experimentación que traza una lengua extranjera. Sin embargo, esta tesis se basa en los siguientes puntos clave: Hacer tartamudear la lengua: El escritor no usa el lenguaje de forma convencional o comunicativa, sino que lo lleva a sus límites. Crea variaciones, rupturas y nuevas sintaxis que hacen que el idioma propio suene extraño, como si fuera una lengua que todavía no existe. Coinciden en esa lengua que sustenta el orbe, Heiddeger y Wittgenstein, que es conculcada a una trascendencia en Benjamin y Couto. Pues, patenta el Devenir-otro: Escribir en esta lengua extranjera es un proceso de devenir. El autor se convierte en un extranjero en su propio país y en su propio lenguaje, rompiendo con las formas hegemónicas de hablar y pensar.

 

Entonces, desde la literatura, desde la propia lengua, diferentes autoras y autores trazaron su propia impronta que se sustenta, nada más ni nada menos, que en la configuración de un espacio literario propio, inserto en un colectivo, y siempre en relación con la serie literaria. En la experiencia extrema de subvertir a la lengua en clave latinoamericana se destacan César Vallejo y Trilce, Raúl Bopp y Cobra Norato, Vicente Huidobro y Altazor, Oliverio Girondo y En la masmédula, Severo Sarduy y Big Bang, Susana Thénon y Distancias, Néstor Perlongher y Emeterio Cerro y el neobarroso, Leónidas Lamborghini y sus reescrituras, Juan Carlos Bustriazo Ortiz y Libro del Ghenpín, Ariel Williams y Conurbano Sur.

 

Cada uno de ellos, como lo incita el propio Mia Couto, abrió en sus procesos creativos las compuertas del lenguaje al flujo libre de ciertas palabras condenadas por la lengua hegemónica y por las reglas gramaticales, es decir, reinventaron la lengua.

 

* Colaborador

 

 

Lenguas que no sabemos que sabíamos”

 

Una mujer, con una enfermedad terminal, le pide a su marido que le cuente una historia para aliviar su insoportable dolor. En cuanto empieza a narrar, ella le hace parar:

 

-No, no así. Quiero que me hables en una lengua desconocida.

 

-¿Desconocida? -pregunta él.

 

-Sí, una lengua que no exista, pues yo necesito tanto de no comprender nada!

 

El marido se preguntaba: ¿cómo se puede saber hablar en una lengua que no existe? Comienza balbuceando palabras extrañas y se siente ridículo, como si estuviera demostrando su incapacidad para ser humano. Sin embargo, poco a poco se va sintiendo más cómodo con este lenguaje sin reglas.Y ya no sabe si habla, canta o reza. Cuando se detiene, se da cuenta de que la mujer está dormida y que una sonrisa de profunda paz se dibuja en su rostro. Más tarde, ella le confiesa: esos murmullos le trajeron recuerdos de antes de que tuviera memoria. Y me brindaron el consuelo de ese mismo sueño que nos liga con lo que existía antes de que estuviéramos vivos.

 

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