¿Para qué sirve la nostalgia?
Usualmente recordamos momentos de nuestro pasado con cierta melancolía tanguera. Muchas personas caminan bajo la idea de que todo pasado fue mejor. Y quizás lo haya sido, pero ¿a qué viene tanta nostalgia? ¿Sirve para algo?
Alejandro Villarreal *
Hace unos días charlábamos con viejos amigos sobre la fiesta de despedida de egresados (promoción 2001 de la escuela Normal). Todos en el grupo tenían recuerdos diferentes de esa noche, pero el consenso dictó: esos fueron los mejores años. Tiene sentido, éramos jóvenes, teníamos una batería inagotable y un lugar a dónde volver. Tuvimos la suerte de que así sea.
Pero hoy es sólo eso, un recuerdo más dentro de un mar de memorias que, al evocarlo, pareciera darnos cierta tranquilidad. La tranquilidad de los “mejores” años.
Algunas personas creen que “vivir” en el pasado es síntoma de depresión, probablemente como consecuencia de un presente (mucho más complejo) que no alcanza las mismas expectativas. Dicho de otra manera, lo que pasó está guardado y es intocable. Pero el presente siempre parece ser más “frágil”, porque aun está pasando y las cosas pueden fallar haciendo a un futuro incierto.
Pero hay corrientes de pensamiento y nuevos descubrimientos basados en el método científico que apuntan para otro lado.
Desde la psicología.
La evocación de recuerdos lindos como los que mencioné, y tantos otros (jugar en el patio de casa, viajes en familia, etc), nos da una idea de nuestras raíces. Es importante en nuestras personalidades. Tal es así, que ha inspirado una rama científica dentro de la psicología que estudia este tipo de comportamientos y el porqué lo hacemos.
Originalmente, la nostalgia se describió como un “problema neurológico de procedencia demoníaca”. Pero al parecer, la nostalgia es todo lo contrario. Algunos resultados muestran que la nostalgia (el recuerdo de un pasado lindo o reconfortante), contrarresta la soledad, el aburrimiento y la ansiedad. Hace que la gente sea más generosa con personas desconocidas y aumenta la tolerancia a otras personas. Personas que están en una relación del tipo amorosa, se ven más felices y cercanas al compartir memorias nostálgicas entre sí. En días fríos (o en habitaciones frías), la nostalgia nos hace sentir, literalmente, más cálidos. Esto último, tendría un valor evolutivo importante. Imaginen poder mantener un poco más la temperatura en un ambiente frío con sólo evocar un recuerdo de naturaleza nostálgica. También, pareciera ser que el uso de la nostalgia cambia con las edades. Adultos jóvenes, por ejemplo, usarían la nostalgia como recurso al momento de dejar sus casas. Luego, el uso de la nostalgia volvería a aumentar en adultos mayores, probablemente, al dejar ciertas rutinas asociadas al trabajo. Se sugiere que el uso de la nostalgia acompañaría transiciones en la vida.
Experimento.
En abril de 2022, investigadores e investigadoras de China y el Reino Unido mostraron los efectos analgésicos de la nostalgia. El experimento consistió en mostrar a participantes, mujeres y hombres, distintas imágenes que evocan o no recuerdos nostálgicos. Las imágenes eran de, por ejemplo, bicicletas antiguas y modernas, entre muchas otras.
Luego de mirar las fotos, las personas recibían un estímulo de dolor que consistía en tocarles el antebrazo, por arriba de la muñeca, con un metal a distintas temperaturas. Luego, las personas puntuaban con valores del 0 al 10, cuánto les había dolido el estímulo. Escribían 0 al no sentir nada, 1 si sentían cálido y así hasta llegar a 10 que marca la máxima percepción del dolor. Las temperaturas máximas eran cercanas a 55ºC y no lastiman. Es la temperatura ideal para el café, dicen.
Mientras las personas miraban esas fotos, se tomaban imágenes de resonancia magnética de sus cerebros. La resonancia magnética es un método no invasivo que no involucra cirugía ni agujas, de mucha utilidad en la clínica y en la investigación. Permite ver qué zonas del cerebro están más activas en un momento dado, por ejemplo, al momento de mirar una foto.
Al finalizar el experimento, las personas completaban otra encuesta indicando si las fotos les producían nostalgia y/o sensación de placer (con valores que van del 1 al 5).
Los primeros resultados de estos experimentos mostraron que si el estímulo de dolor se daba después de una foto que evocaba nostalgia, la percepción del dolor era menor. Es decir, la nostalgia parece tener un efecto analgésico. Pero además, las imágenes de resonancia magnética mostraban que las zonas del cerebro asociadas al dolor se activaban menos luego de mirar las fotos nostálgicas. Esto confirmaría lo que las personas completaban en las encuestas.
En resumen, el trabajo sugiere que la nostalgia evocada por fotos “desactiva” ciertas regiones del cerebro, provocando una menor percepción del dolor. La región del cerebro que parece estar participando de esta conexión, entre nostalgia y dolor, es una región anatómica que se llama tálamo.
Sin pastillas.
Lo interesante de todo esto es que el efecto analgésico de la nostalgia podría tener que ver con alguna adaptación remanente en la evolución. Las adaptaciones se pueden pensar como aquellas características que sobreviven la historia de los seres vivos al cumplir funciones positivas para las especies. Poder sentir dolor es una adaptación que nos indica que algo malo, o peligroso, pasó o está pasando. Y eso es importante, claro. Pero a veces, sentir menos dolor también es importante para la vida. Por ejemplo un animal sale de su cueva a comer y resulta lastimado por algún depredador. Seguramente sentirá dolor, pero es necesario que ese dolor sea olvidado (o al menos limitado) porque ese animal tiene que salir a comer de nuevo. De no hacerlo, morirá.
No está muy claro cómo la nostalgia y su efecto analgésico entran en estas historias evolutivas, pero pareciera tener sentido cuando se lo piensa desde el punto de vista de dolor emocional. La nostalgia, en la forma que la vengo describiendo, parece ayudar a sobrepasar situaciones de transición.
Algunas personas planean hoy su vida de tal manera de generar recuerdos nostálgicos para la posteridad. A esto se le llama nostalgia anticipatoria. Se parte de la base de que recuerdos que hoy nos dan nostalgia y son vistos como algo bueno, seguramente fueron creados inconscientemente de esto. Como nuestra despedida de egresados. Mientras vivíamos esa noche, puedo asegurar que nadie pensó en su valor nostálgico a futuro. La nostalgia anticipatoria sería buscar hacer lo mismo, pero con mayor consciencia de que lo estamos haciendo y así, en lugar de tener algunos recuerdos nostálgicos, tener muchos.
La propuesta es generar un repositorio de recuerdos de los cuales valerse en el futuro, cuando hagan falta. Quizás no hay que hacer mucho, simplemente presentar más atención a lo que nos pasa cada día. Guardar las fotos, sí, pero estar ahí también. En mi familia somos cuatro durmiendo en una habitación chica. Creo que es un buen comienzo como recuerdo para evocar algún día frío da acá en 20 años.
* Investigador de CONICET. Instituto de Biología Celular y Neurociencias “Profesor Eduardo De Robertis” - Facultad de Medicina - UBA
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