“Yo es otro”
Juan José Scorzelli, psicoanalista argentino, dialoga con nosotros acerca del poder gestante del lenguaje sobre el cuerpo biológico y de la subversión política y cultural que tiene esta noción sobre la sociedad.
Sofía Pavesi *
Juan José Scorzelli es Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Realizó un posgrado en Ágora Escuela Multidisciplinaria Psicoanalista del Río de La Plata, también presentó trabajos en instituciones psicoanalíticas y congresos internacionales. Fue concurrente del Servicio Nº 3 de Agudos, del Hospital Neuropsiquiátrico de Hombres “José T. Borda”. Estuvo radicado en Asunción del Paraguay durante varios años y es fundador de la Casa del Psicoanálisis Sigmund Freud de ese país. Actualmente, reside en Buenos Aires, es representante de la Asociación Internacional Psicoanalítica Apertura para Otro Lacan (APOLa) y también, en Paraguay. El pasado 20 de noviembre se publicó su libro, La subversión de Lacan desde otro psicoanálisis, partitura psicoanalítica en clave del otro a través de la editorial Incorporales.
EL CUERPO
El encuentro con Juan José Scorzelli comienza con una excusa, dice “Voy a hacer como si supiera”. Hace alusión a la posición de Lacan frente al conocimiento, atravesado siempre por un agujero, por un imposible lógico. Sin embargo, la pregunta que sigue apoya su peso en el centro de una afirmación inobjetable en la enseñanza del psicoanalista francés, quien define el inconsciente como una estructura lingüística.
Si bien Lacan defiende la idea del cuerpo hecho a través del lenguaje, es posible pensar las palabras como una intromisión en el cuerpo biológico, en especial, si hablamos de aquello que llamamos sensación:
- ¿La encarnación del cuerpo podría operar como instrumento del inconsciente a través de lo que oculta su silencio?
- Ante la pregunta que me hacés, lo primero que es necesario aclarar es la diferencia entre palabra y significante, de hecho, podrían considerarse casi opuestas. El significante puede ser una palabra, pero también un grito, un golpe, algo que se tome como tal. Esto conlleva una clave fundamental, la ausencia de significado. El analista no sabe lo que quiere decir el significante que pronuncia el analizante. Por ejemplo, si dice estar triste, es importante indagar qué significa “triste” para esa persona, lo que implica que el significante no tiene esencia, en cambio la palabra sí, remite a un significado. La función del significante es barrer los significados comunes de las palabras, el diccionario, y referir a las inclinaciones particulares del sujeto, que no las conocés, incluso el sujeto tampoco.
Por supuesto que usamos las palabras, claro que sí, de otra manera sería imposible la comunicación, pero en un análisis es necesario ir de la palabra hacia el significante.
Con respecto a la otra parte de tu pregunta, acerca de si el cuerpo sabe, respondo rotundamente: el cuerpo no sabe un carajo.
- Esta ignorancia del cuerpo conforma un llamamiento a preguntarse, por ejemplo, ¿un escalofrío, no puede considerarse un significante?
- Por supuesto, lo que ocurre es que “escalofrío” es una palabra, lo que podemos decir es que es un eco en el cuerpo. Esto expone una de las principales diferencias entre Freud y Lacan. La teoría de Freud asocia la representación de la palabra con las cosas del mundo, ello marca “huellas” finalmente nunca nombradas de forma literal por el sujeto, pero que demarcan su satisfacción o insatisfacción en el inconsciente. En este caso, sí podríamos decir que “el cuerpo habla” porque estarían las huellas de eso que ha sido dicho u ocurrido. En la teoría de Lacan, esto se rompe a partir de la noción de “significante”: el significante no remite a nada, entonces no hay huella. Lo que esto significa es que se quiebra el esencialismo que asegura las definiciones preestablecidas. De esta manera, la significación se encuentra entre el vínculo de los significantes.
Lo importante aquí es el quiebre del esencialismo porque implica el quiebre del individualismo. Si ya nada está definido de forma definitiva, si hay vacíos que deben indagarse, la noción de identidad tambalea. Por lo tanto, la teoría de Lacan es anti-individualista.
- Imagino que en tu libro desarrollás esta idea acerca de la posición política de Lacan.
- Respecto de eso, lo más relevante es que, de acuerdo con Lacan, no hay realidad prediscursiva, es decir, primero es el lenguaje y luego es el cuerpo. Si definiéramos el cuerpo separado del lenguaje, deberíamos decir que es un cacho de carne, pero como encarna el significante, habla y ese hablar resuena como un eco. Lo interesante es que en ese eco del decir es la pulsión del sujeto. En cambio, para Freud el cuerpo es el lugar, en términos biológicos, donde la pulsión trabaja. Esa es la diferencia central entre las dos teorías, una es discursiva y la otra es orgánica. Lacan barre con todos los conceptos de base biologicista y vitalista.
ESO QUE HAY ENTRE SUJETO Y SUJETO
- Hasta ahora, queda claro que, para Lacan no existe el cuerpo sin el lenguaje, ¿qué es el sujeto entonces?
- Al sujeto lo podemos dividir en dos: el sujeto-partícula, el individuo; el sujeto que le interesa a Lacan, y al psicoanálisis en general, es el sujeto-onda, aquel que se encuentra “entre”. El sujeto-onda tiene una implicancia importante porque al entrecruzarse una onda con otra, se pierden. Nuevamente, el individualismo desaparece y, al hacerlo, ya no se puede asegurar quién habla, quién dice y la responsabilidad del inconsciente desaparece. La construcción “Eso habla en mí”, puede extenderse a “Eso piensa en mí” o “Eso goza en mí”.
- Respecto del denominado “sujeto-onda”, ¿es posible considerar que entre dos subjetividades se conforme un decir ininteligible, un inconsciente entre?
- Absolutamente. Es más, muchas veces el otro intuye, a través del lenguaje y otras clases de significantes, mucho más de uno, que uno mismo. Lo importante de diferenciar este inconsciente-entre del que hablás y el de la Clínica, es que el último se direcciona hacia la cura.
- Frente a la idea de que en una conversación podría decirse que se juega el inconsciente en el entre de los interlocutores, ¿es posible, entonces, pensar que hay un inconsciente en la relación que existe entre los significantes de un libro y su sujeto lector; entre el hilado de los significantes emitido por actores en una escena teatral y el silencio de los espectadores interpretando; entre una pintura o una fotografía y quien la mira asociando los significantes que ve en ella?
En este contexto, me permito citar una afirmación del ensayo No hay sustancia corporal, del psicoanalista argentino Alfredo Eidelsztein: “El inconsciente habita en el entre, y ese entre es -para Lacan, no así para Freud- la fuente de los pensamientos, sentimientos y afecciones”.
- Sí, claro, porque el lector, los espectores o quienes ven una imagen están interpretando. Quizás, podríamos decir que, en los dos primeros casos, la verdadera trama se construye en ese entre. En estos ejemplos, lo importante es la subversión de Lacan, que considera el pasaje del cada-uno al entre.
- ¿El efecto de la cultura podría considerarse, entonces, una “línea de fuga” frente a la imposición de significados esencialistas incuestionables, es decir, del sentido común?
- Está muy bien eso que decís, un paso rupturista de significaciones coaguladas. La cultura permite descoagular, es más o menos lo que uno hace como analista cuando pregunta eso de “¿qué es ‘triste’ para usted?”. Se descoagula el sentido común, no lo das por supuesto y está bien, muchos usan para eso también la poesía, que permite romper significaciones coaguladas. Respecto de esto último, deberíamos mencionar la posición de Lacan frente a la poesía, él consideraba un error el intento de acercamiento a decir lo real con el modo del decir poético, cuando lo real no se puede decir, es imposible. Para Lacan lo real es un efecto discursivo y es interno al discurso. De ninguna manera es algo del orden de lo inefable, algo que se quisiera nombrar y no se puede, a Lacan esto no le importa.
- En estos términos teóricos, ¿qué ocurre con la autoría?
- Lacan cuestiona la autoría, al afirmar “Eso piensa”, ocurre como en la poesía: ¿quién crea la poesía? Eso habla en uno, no solo el inconsciente, constituido por el otro, sino la época incide en esa construcción autoral. Por ejemplo, en una de sus conferencias, llamada comúnmente “Conferencia del Baltimore” (1966), destaca una anécdota real que ocurre entre dos sujetos en lugares geográficamente imposibles de conectar que inventan lo mismo. La propiedad última sobre lo que se dice en una obra queda cuestionada por Lacan, aunque sea inevitable acudir a ella, la (1) hegemonía yoica cambia.
IMMIXIÓN DE OTREDAD
- ¿Qué es “Immixión de otredad”?
- La Immixión es clave, hasta podemos decir que es un concepto central en este momento. Es una noción que resalta Alfredo Eidelsztein, no tomado por mucha gente. Es una noción que Lacan menciona en 1966, en la Conferencia de Baltimore en que su punto central, en realidad, era el estatuto del sujeto.
Immixión quiere decir que no hay sujeto sin otro. O sea, para Lacan, el sujeto siempre tiene una anterioridad lógica, del otro parte el lenguaje y el lazo social, no hay un sujeto independiente del otro.
En política, este concepto tiene una importancia radical porque defiende una teoría anti-individualista y anti-biologicista, con lo cual deja de importar el ser humano como órgano carnal, dividido de los otros. De hecho, en el análisis es indistinguible quién es el hablante en el discurso, se trata más bien de los dichos -ondas- entrecruzados entre lo que sale de la boca del analista y lo que sale de la boca del paciente, es en ese texto en el que tenemos que hacer el análisis de lectura, no en el yo-tú. No se trata de que uno tiene un inconsciente y el otro tiene otro. Es cierto que Freud inventó nada menos que el dispositivo analítico, pero la teorización freudiana queda un poco corta ya porque tiene una física antigua, no usa la matemática y se explica a través de filosofías vitalistas, por ejemplo, una de sus citas más nombradas es “La anatomía es el destino”: ¿es posible asociar esta afirmación con algo de lo que hoy en día está pasando, quiero decir, con el género y las identidades asociadas a los cuerpos antropológicos? Ya desde esta última aseveración, no es Lacan, sino directamente la época la que avejenta su teoría. En cambio, el concepto de Immixión de otredad, es subversivo. La idea de que no hay sujeto sin otro, de que ser sujeto requiere obligatoriamente una alteridad es revolucionaria no solo para la clínica, sino, sobre todo, para el campo socio-cultural actual.
(1) Neologismo lacaniano de dificultosa traducción en varias lenguas. En español, Inmixión.
(2) El título de esta nota hace alusión a la cita del poeta Arthur Rimbaud “Je est un autre”.
* Colaboradora
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