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Miércoles 20 de mayo 2026

“Acá los chicos se olvidan de las pantallas”

Redacción 20/05/2026 - 11.57.hs

La manera de hacer una instalación de sanitarios, de electricidad o de gas es lo que aprenden cada año decenas de alumnos del colegio técnico santarroseño que, además, tiene un convenio con el municipio de Toay para realizar prácticas profesionalizantes.

 

REDACCIÓN

 

En el ambiente hay ruido como en cualquier colegio secundario, aunque no en todos son iguales. En este caso los sonidos son diferentes porque en cada sector de la recorrida se alterna el martilleo contra una pared, el de una hormigonera mezclando cemento, agua y arena, el de una sierra en la madera o el de un trabajo de termofusión. Hay ruido a ladrillos que se derriban, a una carpeta de cal que se extiende en el piso, a una instalación eléctrica que enciende la energía o a una mesa que adquiere su forma. El movimiento es constante y el ruido es inconfundible, el de gente trabajando. Gente que son alumnos y que son docentes. Y es que el área de Construcciones se mueve por toda la EPET Nº 1 porque ahí, en ese enorme edificio de distintas plantas, “se aprende a construir futuro”. Se aprende “a hacer de todo”.

 

“A diferencia de Automotores y de Electromecánica, nosotros no tenemos un sector fijo, andamos por toda la escuela porque donde hay que arreglar, construir, demoler o instalar algo, vamos y lo hacemos ya que esas son las prácticas para los chicos. Como se dice en la calle, ponemos manos a la obra”, explica a LA ARENA Juan Carlos Gatica (53) que primero fue alumno, luego docente y hoy es el Jefe de Taller del área de Construcciones de la Escuela Provincial de Educación Técnica Nº 1 de Santa Rosa, una modalidad que brinda la posibilidad de finalizar el ciclo del colegio secundario con el título de Maestro Mayor de Obra.

 

“En esta etapa nuestro grupo está aprendiendo y practicando cómo hacer termofusión, podemos entender cómo se hace una obra y cuando nos recibamos estaremos en condiciones de dirigir una obra porque ya vamos a saber todo el proceso. Eso es re importante porque te da la chance de una salida laboral pero además podemos ayudar en casa, a un familiar, a un amigo, a un vecino. Aprendés muchas cosas sobre construcción, los sistemas constructivos por ejemplo, y sé que voy a tener el conocimiento de una instalación de gas, de un sanitario, de electricidad”, valora Gabriel (17) en una pausa del trabajo que realiza uno de los grupos de alumnos que está bajo la supervisión del docente Víctor Roldán.

 

En otro sector de la Escuela chicos y chicas quedan bajo el polvillo de una demolición. Con los cascos, los mamelucos y los anteojos adecuados, tiran abajo una pared porque construirán una nueva aula. No solo que aprenden lo necesario sino que lo que hacen, lo que construyen con su aprendizaje y con su práctica de albañilería, es en favor de toda la comunidad de la EPET.
“Tienen todo: los materiales, los docentes, la enseñanza. Damos vueltas por todo el edificio porque por ejemplo el otro día había una losa que tenía una pérdida de agua y la arreglamos, los chicos tienen la chance de probar y equivocarse, de practicar hasta que el trabajo quede bien, porque saben que lo que estudian en el aula, en lo que es la teoría, lo llevan a la práctica”, remarca Juan Carlos mientras continúa mostrando las distintas áreas del colegio que tiene su ingreso sobre las calles O’Higgins y Urquiza.
De buena madera.

 

Si los más grandes tiran una pared abajo o practican para una instalación de gas o de electricidad, los más chicos arman una matera, una mesa o un calendario de madera. Trabajan en la carpintería.
“Me interesa aprender distintas cosas para poder ayudar en mi casa. Es re entretenido además porque ahora estamos con la madera, pero más adelante vamos a aprender otras cosas y eso lo podés usar en tu casa. Lo que está bueno para mí es que en cada clase aprendés algo nuevo y eso te incentiva”, le cuenta a LA ARENA Maia (12) que recién inició el ciclo y ya está en el proceso de adquirir las primeras herramientas para hacer, para arreglar, para construir. Para proyectar.

 

Y si aparece la palabra proyección, vale recordar que la semana pasada se realizó en Santa Rosa, en General Pico y en todo el país una masiva marcha en defensa de la educación pública. En reclamo, al Gobierno nacional, del financiamiento universitario. Y en ese marco desde algunos medios porteños se mostró una imagen de una camioneta antigua que en su caja transportaba una mezcladora, seguramente para realizar algún trabajo. Se señaló las dificultades que tenía para circular por los cortes de calles a raíz de la movilización hacia la Plaza de Mayo. Y frente a esa imagen se contrapusieron otras voces que reflejaron que las dos situaciones, la del trabajador y la de la marcha, son complementarias y se unen en un mismo punto. Porque para que ese hombre descargue su mezcla y haga la tarea que le encomendaron, antes hubo un maestro mayor de obra, un arquitecto, un ingeniero y otros que aprendieron oficios. Profesionales y trabajadores que muy posiblemente se formaron en la educación pública. Como sucede en la EPET 1.

 

“Acá nos ayudan en todo porque tenemos los materiales para trabajar, las instalaciones y porque la calidad de los docentes es buenísima, los profes le meten mucha pasión a lo que hacen y eso se transmite. Venimos al colegio, que es público, y tenemos todo para aprender y trabajar”, subrayó Gabriel al sintetizar una realidad que se sustenta en el aporte, a través del Estado, de toda la comunidad.
“Lo mejor es que el colegio te da la preparación para hacer lo necesario en una construcción. En mi caso aprendí desde cero y todos estos años los aproveché para nutrirme de conocimiento, teórico y práctico, y también de experiencia”, valora Martina (17) que es la única mujer dentro del grupo que está en la clase de termofusión. “Siempre estuve con mayoría de chicos y no hay ninguna diferencia, ningún problema. Todos hacemos todo al mismo nivel”, aseguró.

 

Prácticas.

 

Mientras una pared cae para dar lugar a la edificación de una nueva oficina, en el primer piso de una de las tres naves en que se divide la EPET (además de los galpones, talleres y distintos patios al aire libre) un grupo de alumnos de séptimo año estudia planos e instalaciones junto al docente Lucas Briske. Están transitando el último año del colegio y en breve comenzarán con las prácticas profesionalizantes acordadas desde hace tiempo con el municipio de Toay.

 

“Lo que hacen los estudiantes es el relevamiento de las declaraciones constructivas para que aquellas que no están asentadas, se puedan regularizar. Trabajan sobre los planos de acuerdo a las obras de viviendas sociales para ver qué construcciones no están declaradas. Le conviene a todos: a la Municipalidad porque puede ordenar lo referido a construcciones, al vecino porque declara su situación sin ser sancionado y a nosotros porque los alumnos pueden hacer un trabajo de campo muy bueno para aprender y practicar. También estamos avanzando para que puedan hacer pasantías en empresas, en estudios de arquitectura, en corralones de materiales”, detalló Briske sobre las propuestas para que chicos y chicas tengan de primera mano el contacto con el mundo laboral.

 

“En los primeros años nos damos cuenta a quién le va a gustar y a quién no meterse en los talleres, picar una pared o cortar una madera. Esta es una escuela diferente en muchos aspectos, con doble turno, y que exige otra predisposición”, afirma a LA ARENA Gatica mientras camina hacia el galpón donde un grupo de chicos trabaja en carpintería.
“Acá los chicos se olvidan del teléfono o de la pantalla, no tengo ese problema porque una vez que arrancan a hacer lo que proponemos, se olvidan del resto de las cosas”, apunta Lorena que es maestra mayor de obra recibida en el colegio y que hoy es docente en los primeros años de la cursada.

 

“A estos cursos los llamo el semillero, son como nuestras inferiores porque los que demuestren su interés y su esfuerzo seguramente van a poder llegar a la Primera, si hablamos en términos del fútbol. Nada es garantía, por supuesto, pero lo que es seguro es que de acá van a salir con las herramientas necesarias para hacer muchas cosas”, enfatiza Gatica durante unos segundos de silencio en el ambiente. Unos instantes de pausa antes de que el ruido a construcción vuelva a escena. Es un ruido que construye futuro.

 

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