Alma de carpintero

Redaccion 10/09/2021 - 22.22.hs

Desde hace 20 años Mario Alfredo Richter tiene su propia carpintería, una minipyme que se convirtió en referencia gracias al trabajo en distintos rincones de la provincia. Un emprendedor que supo aprender cada secreto del oficio en base a esfuerzo, dedicación y excelencia.

 

«El otro día me puse a pensar en cuántas cosas uno usa o ve a diario y se construyeron acá: las puertas o el lugar donde te apoyás en el Colegio de Escribanos, en los bancos de madera del boulevard de la avenida San Martín, en los juegos infantiles del Parque Luro, los que hay en Casa de Piedra, las camillas de un quirófano…», enumera Mario y se da cuenta de que la lista puede ser interminable. Sus creaciones y trabajos aparecen por todos lados, siempre con la utilidad y la calidad como premisa.

 

En este 2021 la carpintería de Mario Alfredo Richter (49) cumple dos décadas desde ese día en que abrió sus puertas justo en un 2001 donde el país era una llama en combustión. Pero su vinculación con ese tan noble como tradicional oficio nació mucho antes, cuando descubrió en su casa familiar a un hombre con maderas y herramientas.

 

«Me acuerdo de que estaba en séptimo grado y mi mamá le encargó un placard a un carpintero. Cuando fue a instalarlo, se encerró en la habitación y empezó a trabajar, eso a mí me dejó fascinado porque quedó algo lindo, cómodo y funcional. ‘Yo quiero hacer esto’, dije en ese momento». Y Mario no tardó demasiado en poner en marcha su deseo porque supo que en el Centro de Formación Profesional de la entonces ENET Nº 1 (Escuela Nacional de Educación Tècnica) -ahora EPET Nº 1- brindaban un curso de dos años de carpintería y podían anotarse desde los 14 años.

 

«En esa época el curso era para adolescentes, yo hice un año y me fui a la carpintería de ese señor que había trabajado en mi casa. Directamente fui a pedirle trabajo. Y la verdad que me mostró absolutamente todo lo que era ser carpintero, es una persona que me marcó muchísimo en la vida, nunca se guardó nada y me aguantó todas las macanas que hice en mis inicios. Estuve cinco años con él y fue fundamental», dice Mario y no puede evitar emocionarse al recordar a Héctor Martínez. «Falleció hace poco tiempo y la verdad que me cuesta hablar de él».

 

Richter también menciona especialmente a Omar Liboa, otro carpintero que era amigo de Martínez y con quien trabajó diez años. «Uno me dio la chance de aprender el oficio y el otro de pulirlo, fueron mis mentores y yo durante 10 años ahorré peso por peso para cumplir el sueño de abrir mi propio lugar. Con Graciela hicimos muchísimo esfuerzo para ir comprando el terreno, hacer el galpón y finalmente comprar una máquina que es lo primordial para arrancar con una carpintería», describe Mario y con un gesto amoroso deja en claro la importancia de quien está sentada a su lado.

 

Con Graciela García (52) están juntos desde hace 30 años, tienen dos hijos -Matías (26) y Francisco (21)- y ella se encarga del área administrativa del taller. «Organiza todo mi desorden», sonríe Mario mientras recorre ese galpón repleto de máquinas, herramientas, maderas y materiales en el que, desde afuera, ya se advierte una atmósfera de trabajo.

 

Por la provincia.
«Richter carpintería y diseño» se ubica en Santiago Álvarez 1756 (el WhatsApp es 2954 685728) y allí se hace «de todo». Desde grandes amoblamientos para empresas, oficinas o escuelas, hasta pequeños muebles para el hogar.

 

«Antes se trabajaba un 80 por ciento en madera y 20 por ciento en melamina, hoy es al revés y nos fuimos acomodando a la demanda. Eso nos permite trabajar con cosas muy diferentes. Hacemos de todo, desde restaurar una puerta que tiene 100 años pasando por un placard, una cocina, un mueble para quirófano. He hecho el pizarrón con el que después mis hijos aprendieron en la escuela», cuenta Mario cuyos trabajos se distribuyen por distintos rincones de la provincia.

 

Jardines de infantes en Toay, el hospital de 25 de Mayo, en Intendente Alvear, en Chacharramendi, los banquitos de madera que decorarán el remodelado paseo del Mate santarroseño. Richter ofrece un amplísimo abanico de posibilidades, y no solo de creación y trabajo sino también de financiamiento.

 

«Trabajamos con el Compre Pampeano del Banco de La Pampa y es una herramienta muy útil, sobre todo para las empresas. Los particulares por ahí no la tienen tan incorporada pero es válido porque te permite afrontar el gasto con otras posibilidades de pago», resalta.
En la carpintería también trabaja Daniel (hermano de Richter) y Kevin Tello, un joven que ingresó hace poco tiempo y aprende e incorpora los secretos de la mejor madera, así como Mario aprendió e incorporó durante años todo lo que hoy hace y hace tan bien.

 

Círculo.
«Para mí es una satisfacción diaria poder venir y trabajar de lo que me gustó toda la vida, y la devolución de la gente, de los clientes, es la caricia que se necesita para seguir adelante. Hoy me pasa mucho que chicos a los que les hice la cama o el mobiliario de la habitación porque sus padres lo encargaron, lo vienen a pedir para ellos porque se casaron o tienen su propia casa, entonces es un círculo que se va formando y que genera satisfacción», señala Mario que encuentra en la fotografía de aficionado su «cable a tierra» cuando no está rodeado de maderas, máquinas y elementos de trabajo.

 

Desde hace un tiempo Richter también se enfoca en otro proyecto -complementario a su carpintería- que son las casas prefabricadas, donde la madera tiene un eje clave en algunas de las alternativas que ofrecen las nuevas posibilidades de viviendas y construcción.

 

«Es algo en que venimos trabajando hace varios años pero lo queremos pulir bien. Las cosas se van transformando, hay cambios rápidos pero el oficio de carpintero sigue muy vigente», sentencia Mario, un Gepetto pampeano que en lugar de las aventuras de Pinocho construye su propia historia, la de un emprendedor de buena madera.

 


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