Con fuego artístico

Redacción 08/01/2022 - 00.02.hs

Fabricio Irusta se dedica a la forja y de su trabajo salen cuchillos de alta calidad pero también figuras artísticas siempre cargadas de mensajes y simbología. Un creador a puro fuego, golpe de maza e imaginación.

 

Una flor de un cardo que emerge llena de vida desde una máscara para fumigar con agroquímicos, un corpiño abierto que representa un grito contra el patriarcado, un puño en lucha que simboliza las revueltas sociales y juveniles en Chile, un kultrun que representa al pueblo mapuche.

 

Sus obras combinan la belleza artística con el mensaje. "El arte algo tiene que agitar, tiene que transmitir, no creo que sea solo belleza por belleza misma porque si no, ahí atrás solo puede haber un vacío", postula por si hiciera falta aclarar cuál es su ideología de arte y su inspiración cargada de proclama.

 

Fabricio Irusta tiene 45 años y es mucho más que un forjador. Cada pieza de hierro que pasa por el fuego, por el yunque y por la maza adquiere un significado que su hacedor busca transformar en un mensaje que, en lugar de flotar en una botella al mar, sale a la búsqueda de la mirada inquieta de quien quiera admirar y conocer.

 

"Lo que hago -y no lo dejo porque es lo que me genera el ingreso para llenar la olla como se dice- es la cuchillería. Los cuchillos artesanales me permitieron hacerme un lugar entre los forjadores y eso es mi eje, pero llegó un momento en que sentí que estaba en una meseta, que había llegado al techo y ahí aparecieron las esculturas, que justamente es algo que no tiene tope, solo se lo da tu imaginación y tu inspiración, por eso es lo que más me atrapa y estoy en la búsqueda constante a través del aprendizaje y el hacer. Es algo que siempre me impulsa a ir por más", describe Fabricio en su galpón de la calle Olga Orozco (WhatsApp 2954 55 1774), ahí donde el fuego enciende las ideas que luego serán arte con voz propia.

 

"Mi viejo fue metalúrgico toda la vida, laburaba en Monarca, una fábrica de carrocería y chasis de camiones, luego se puso su propio taller y hacía su laburo ahí. Ese fue mi primer acercamiento a este mundo además de que a la vuelta de casa el padre de un amigo tenía un taller mecánico, entonces también algo fui aprendiendo del tema. A los 16 años necesitaba laburar y empecé con la pintura de obra. Todo lo de la forja lo veía como algo muy lejano pero un día me cansé de la pintura y la albañilería, sobre todo porque trabajaba con alguien que no me reconocía económicamente así que me vine con mi viejo al taller", recuerda Fabricio.

 

"Mi papá me decía que apenas tenía trabajo para él, pero al tiempo trajeron un acoplado que estaba muy dañado por un vuelco y ahí empecé con los hierros", agrega. El trabajo de albañil no solo era duro y hostil sino que quien debía pagarle por su tarea siempre tenía problemas a la hora de repartir el dinero. Fue ahí entonces que Fabricio decidió que al menos desde lo emocional, lo físico y lo espiritual iba a encontrar más tranquilidad si hacía su propio camino emprendedor.

 

"Un día fui al cumpleaños del nene de un amigo y en una charla con varios que había ahí alguien sacó un cuchillo artesanal. Me llamó la atención, estaba hecho con un pedazo de disco de arado así que me vine y empecé a hacer lo mío. Al tiempo una sobrina me sugirió que lo difunda y lo venda pero no estaba muy convencido. Si veo hoy esos primeros cuchillos había mucho déficit de trabajo y de conocimiento, pero era natural. Entonces un amigo vino y me compró una daga. Y así fue que empecé, necesitaba generar ingresos y la cuchillería fue la alternativa más interesante".

 

Artístico.

 

Fabricio se fue perfeccionando. Estudió, practicó, aprendió. Comenzó a hacerse un nombre, incluso más conocido fuera de la provincia que en su propia tierra. A fuerza de golpe e inspiración. La llama ardía y el trabajo demandaba.

 

"Estudié desde cero cada detalle de la composición del hierro. No hay libros que te enseñen a forjar, que te muestren cómo se hace, así que empecé y los primeros trabajos que hacía eran horribles, pero si hay una característica de la personalidad que tengo es que soy perseverante. Así fui logrando tener mi propia técnica, que es la que aplico y enseño. Hace unos años fuimos a Córdoba a un encuentro de forja y di una clase pública en vivo. Fue una clase de cuchillería criolla y está bueno eso de poder mostrar lo que uno hace".

 

Pero Irusta sintió que la cuchillería le marcaba límites. Su búsqueda le pedía más y comenzó a forjar pequeños productos. "Hacía destapadores, percheritos, hojitas, de todo un poco. Me gusta mucho hacer rostros", señala y muestra una nariz, una oreja y una boca que conformarán un rostro integral, una escultura de las tantas que en los últimos años supo alumbrar con su propia imaginación y la de su compañera de vida, Mayra, quien también hace sus trabajos (los exhibió y vendió en un stand en la reciente Feria Navideña en la plaza San Martín).

 

"En un encuentro de forjadores en Buenos Aires había que hacer algo alusivo al Día de la Mujer y ahí salió lo del corpiño abierto. Esa obra se llama 'Reventando el patriarcado', y así van surgiendo cosas como 'Prevalencia', que para un encuentro en Pico lo hicimos porque esa es la zona por excelencia del campo y al ir por la ruta ya se ve el efecto de los agroquímicos. Entonces desde una máscara que se usa para fumigar y que está ahí arrumbada emergen las flores del cardo, emerge la vida", explica Fabricio quien en julio de 2019 fue el gran impulsor de una obra que está a la vista de quien pasa por el Centro Cultural Medasur.

 

"Organizamos el Festival de Forja y estuvo buenísimo, con el cierre a cargo de Rubén Patagonia que lo invitamos especialmente. Y a mí se me ocurrió hacer un kultrun (el instrumento musical por excelencia de los mapuches) porque no teníamos algo que represente a la nación mapuche. Si bien hay monumentos como el Pincén de la rotonda del Mate representa más que nada a una persona y lo que quería era algo más general. Por suerte vinieron un montón de forjadores y la obra quedó muy buena. Nosotros cuando trabajamos en conjunto nos presentamos como Club Forja Pampa", resalta Fabricio mientras muestra otra obra con un alto significado: 'En busca del rostro del Toki Calfucurá', la cara esculpida en hierro de la máxima jerarquía de esa parte de los pueblos originarios de la provincia. Porque como dice su autor, el arte se hace con imaginación, trabajo y mensaje. Con fuego artístico.

 

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