Viernes 09 de diciembre 2022

Un club para deleitarse

Redaccion Avances 12/11/2022 - 13.00.hs

Cristian Cerezal y su hermano Joel abrieron hace unos meses un nuevo lugar con una gran variedad de opciones gastronómicas. Ubicado en pleno centro, se destaca por la calidad y buena atención.

 

Cuando hace la enumeración de todos los trabajos que tuvo a lo largo de los años queda claro que si algo no le falta es iniciativa. Y que su espíritu emprendedor siempre lo acompaña más allá de las circunstancias y los tiempos. Hoy, Cristian tiene su propio local gastronómico y desde hace meses que su energía se volcó cien por ciento a “El Club”, una esquina que ya se hizo conocida por su sabor y calidad. 

 

Cristian Cerezal tiene 37 años y junto a su hermano Joel (27) abrieron el 1 de agosto una casa de comidas en la céntrica esquina santarroseña de Don Bosco y Bartolomé Mitre. Allí preparan una amplia carta de menús saludables, menús calientes, ensaladas, tartas, sandwiches con pan de masa madre, lomitos, hamburguesas, ensaladas de frutas. Opciones ideales para pasar y llevar al mediodía o por las noches los fines de semana, cuando le agregan otras posibilidades sobre todo lo relacionado con la lomitería y la hamburguesería. 

 

“Cuando terminé el colegio me fui a estudiar mecánica dental a Bahía Blanca, estuve dos años pero la carrera no me terminó de convencer, así que me volví y empecé a trabajar en el área de encomiendas de una empresa de micros de larga distancia, después entré a La Anómina y estuve tres años ahí. Luego entré a una agencia de autos de la pareja de mi mamá y al tiempo trabajé con mi viejo, que también tiene agencia de autos. Estudié gestoría del automotor, pasé por otro par de laburos hasta que fui papá y necesitaba algo más estable, así que empecé a trabajar en el área de control de calidad del frigorífico Carnes Pampeanas”, enumera el más grande de los hermanos Cerezal. 

 

 

Carrito. 

 

Pasó el tiempo y Cristian comenzó a buscar la chance de generar su propio emprendimiento. Su hermano, que hizo la carrera de profesional gastronómico en Córdoba y abrió una fábrica de pastas en la capital de esa provincia, había regresado a Santa Rosa y preparaba tartas para Amusin Saludable. “Yo renuncié al frigorífico y empecé a vender tartas en Casa de Gobierno, en la AFIP, en todas las oficinas públicas o lugares donde trabaja mucha gente y entonces planeamos algo juntos y pusimos un carrito de comidas en la laguna Don Tomás. Estuvimos seis meses y nos fue bien. Hacíamos lomitos, hamburguesas, sándwiches de pollo, de vacío y la respuesta de la gente fue muy buena, pero ahí dependíamos mucho del clima y entonces se ponía un poco inestable el trabajo”, reconoce. 

 

 

Local propio. 

 

Esa buena experiencia con el carrito le dio el impulso necesario a los hermanos para animarse a ir por más y así alquilaron un local que durante mucho tiempo funcionó como pollería, en Don Bosco y Mitre. Lo alquilaron en febrero pero recién el 1 de agosto pudieron abrir las puertas de El Club, con un arduo trabajo previo para dejar todo en condiciones. 

 

“Las cosas más o menos se dieron, así que dimos el paso pero al local lo tuvimos que trabajar muchísimo para restaurarlo, la cocina la hicimos de cero. Y en todo ese proceso previo hubo muchísima gente que nos ayudó, como la carnicería, la distribuidora. No teníamos plata pero nos fueron dando las cosas y ahora vamos pagando, eso fue fundamental. Estamos en una esquina muy transitada, con mucho movimiento y también es cierto que abrimos en una época dificilísima en lo económico y con precios que se disparan en lo alimenticio. Siempre tratamos de mantener precio y calidad aunque somos conscientes de que no todo el mundo puede comprar una vianda diaria para comer, pero pese a todo ello nos mantenemos bien y ampliando la carta. En la medida que podemos, sumamos cosas y la gente lo valora”, dice Cristian. 

 

 

Ampliación. 

 

El local gastronómico es amplio y la llegada de la primavera y el próximo verano le da otra expectativa a los Cerezal, que trabajan para poder disponer unas mesas en la vereda y así sumar más posibilidades a El Club, cuyo número de WhatsApp es 2954-475872. 

 

“Estamos con el tema de lo que es necesario para la habilitación, pero queremos ir creciendo y agregando cosas. Los menúes de la noche los fines de semana son todos caseros, los lomitos, las hamburguesas, los sándwiches desmenuzados, la mayonesa. Tratamos de mantener la calidad. Con los lomitos mantenemos la impronta del carrito y la carne es de bife de chorizo, no de cuadrada. Nuestra idea de acá a cinco años es que se convierta en una franquicia, también tener puntos de venta en Santa Rosa y hoy ya estamos vendiendo tartas y ensaladas de frutas en un lugar que nos compra. Esto lo hicimos todo a pulmón y día a día le metemos con todo, era una esquina que estaba muy venida abajo y le dimos otra vida, le cambiamos la cara”.  

 

 

Equipo de trabajo. 

 

Cristian se encarga de la atención detrás del mostrador, de los pedidos, de las redes sociales. Joel está en la cocina y junto a él jóvenes colaboradores que trabajan y aprenden. 

 

“La idea es armar un buen grupo de trabajo que a su vez aprenda un oficio como es el gastronómico, que tiene mucha salida laboral. Hoy en Santa Rosa hay una explosión en ese sentido, muchísimos lugares que abren, gente que hace cosas por su cuenta, hay una movida muy fuerte en ese aspecto y creo que hay que saber aprovecharlo sobre todo haciendo un buen laburo y ofreciendo cosas de calidad”, resalta Cristian. 

 

Se acerca el mediodía y el ingreso de clientes se intensifica. También los llamados y pedidos. Los aromas hacen tentadora la estadía en un Club que practica distintas recetas y juega sus mejores partidos a la hora de la necesaria pausa. Es cuestión de elegir la opción más conveniente en una esquina que ahora tiene la impronta del mejor sabor. 

 

 

 

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