Domingo 04 de diciembre 2022

La producción de avena creció un 60% en La Pampa

Redacción 21/05/2022 - 13.26.hs

A pesar de los vaivenes climáticos que atravesó el territorio provincial durante esta campaña, uno de los principales verdeos de invierno, la avena, llegó al 9,34% del global del país que trepó a 715.625 toneladas.

 

JUAN JOSE REYES

 

La Pampa con 66.865 toneladas producidas en 42.650 hectáreas cosechadas tuvo un rendimiento de 1.568 kilos por hectárea logrando además exportar el 18% a otros países. Las zonas de mayor producción en la provincia se dieron en los departamentos Trenel con 10.560 kg/ha seguido de Hucal 9.537; Atreucó 8.730; Guatraché 8.372; Toay 8.232; Capital 6.708; Conhelo 5.980 y Quemu Quemu 5.320 toneladas entre otras aunque los mayores rendimiento se dieron en Quemú y Chapaleufú con 2.800 kg/ha respectivamente.

 

Conocida como el cereal del invierno por su sensibilidad a las temperaturas, la avena es uno de los seis cereales más importantes para la generación de grano a nivel mundial. Si bien en La Pampa la fertilización es una herramienta imprescindible para aprovechar el potencial productivo de los verdeos, el éxito es consecuencia de un manejo agronómico integral.

 

Allí intervienen otros factores además de los nutricionales (labranzas y selección de especies) que deben ajustarse para alcanzar altas disponibilidades forrajeras. El período invernal a punto de iniciarse, es una limitante de los sistemas ganaderos basados en recursos pastoriles. La utilización de gramíneas en esta época permite solucionar el problema, sin embargo, para producir en cantidad y calidad el manejo debe ser eficiente, pues la fertilización es una herramienta clave.

 

Gracias a su adaptabilidad, la avena puede sembrarse de manera anticipada o tardía, ya sea a inicios de otoño o finales de invierno, provocando una cosecha granífera que favorece a la alimentación de los animales y a la producción del heno. Cuando llueve, la fertilización de los verdeos invernales para alcanzar alta productividad es una rutina para el productor, pero se complica cuando el ciclo húmedo tarda.

 

La siembra se da desde principios de febrero hasta fines de marzo, en cambio en otras regiones, por disponibilidad de forraje suficiente y por el sistema adoptado, la fecha tiende a retrasarse. Los departamentos más sembrados fueron Hucal y Guatraché con 34.700 y 32.200 hectáreas respectivamente sin embargo donde hubo mayor superficie cosechada se dio en Hucal con 8.670 hectáreas seguida de Guatraché con 6.440 y Toay con 5.880. También fue relevante en Atreucó con 5.820 y en el departamento Capital con 5.160 hectáreas cosechadas.

 

Excelencia forrajera.

 

Entre los cultivos forrajeros con mejores posibilidades para adecuarse a los cambios climáticos de aquí se encuentran los cereales de invierno, siendo la avena y el centeno las especies de mayor importancia teniendo en cuenta el panorama varietal y difusión que presentan.

 

Al ser La Pampa una de las zonas con el mayor porcentaje de producción en el país, los productores ganaderos llevan a cabo la compra o canje del grano producido en la región para el consumo animal, principalmente en caballos y vacas y para generar nuevas siembras.

 

Según el INTA, el cultivo de avena, ha experimentado una continua declinación en tanto que la producción, si bien manifestó una tendencia similar, resultó de menor magnitud, pues creció el consumo humano producto de un cambio en los hábitos de alimentación, relacionado con la incorporación a las dietas de más fibras y menos calorías. En La Pampa en la década de los 80 se alcanzaron valores de áreas sembradas y cosechadas altas. Tal comportamiento obedeció a que la avena es un cultivo fácil de producir y almacenar, pero el hecho de ser considerado como una excelente alternativa dada su plasticidad y su multiplicidad de usos, su crecimiento se detuvo.

 

Para quién produce ganado su principal destino es la utilización es como verdeo invernal. La gente de campo prefiere las avenas sobre el resto de otros verdeos ya que cuentan con cultivares más tolerantes a heladas y enfermedades, además de poder sembrarlas a fines de verano y más tardíamente a fines de invierno, en este último caso con posibilidades de cosecha granífera, para consumo animal o destinándose para la elaboración de heno en rollos y fardos. Según la fecha de la siembra se puede catalogar como tempranas, intermedias o tardías. Cada productor lo hará acuerdo a la necesidad de forraje que le fija el sistema productivo adoptado.

 

Condiciones climáticas.

 

La avena es considerada una planta de estación fría, localizándose las mayores áreas productivas en los climas templados más fríos (zona centro sur de La Pampa), aunque posee una resistencia al frío menor que la cebada y el trigo.

 

Es una planta muy sensible a las altas temperaturas sobre todo durante la floración y la formación del grano. Además es exigente al agua por tener un coeficiente de transpiración alto, aunque le perjudican los excesos de humedad. Las necesidades hídricas de la avena son altas como todos los cereales de invierno, por ello se adapta mejor a los climas frescos y húmedos.

 

Así, la avena exige primaveras muy abundantes de agua (como lo fue la pasada), y cuando estas condiciones climatológicas se dan, se obtienen buenas producciones. Es sensible a la seca en la formación del grano. Es una planta rústica, poco exigente en suelo, pues se adapta a terrenos muy diversos. Prefiere los profundos y arcillo-arenosos, ricos en cal y que logren retener humedad, pero sin que quede el agua estancada.

 

Producción de granos.

 

El segundo destino de la avena es la producción de granos. Parte son conservados en los establecimientos agropecuarios para su posterior uso como simiente. Para el INTA "si se considera una densidad de siembra de 100 kg/ha, y se parte del supuesto de que toda la semilla fiscalizada se comercializa en la campaña, se llega al siguiente resultado: como promedio de las últimas 10 campañas de solo el 3,8% de la superficie

 

implantada con avena habría sido sembrada con semilla fiscalizada".

 

Un dato preocupante, porque el valor tecnológico de una semilla está en la información genética que porta que permite obtener cultivos de rendimientos crecientes y diversas resistencias. El resto de la semilla que se recolecta es utilizada como forraje para consumo animal. Se estima que el volumen de granos destinados a tal fin supera holgadamente los tonelajes reservados por el productor para ser utilizados como simiente.

 

También se la usa con destino industrial para consumo humano, ya que de su molienda se obtiene avena arrollada, harina y salvado de avena. Mientras en Argentina la producción de avena creció un 41% respecto de la campaña pasada, en nuestra provincia ese guarismo fue muy superior, ya que alcanzó superar el 60%.

 

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