Sabado 22 de junio 2024

Carina, con traslado en ambulancia

Redacción 16/05/2024 - 00.04.hs

Carina Cisneros (49) había reclamado por este medio que la burocracia no impidiera que le sigan brindando el servicio de ambulancia para ir a rehabilitación a un centro de salud. La mujer, que padece de neuropatía diabética crónica, se moviliza en silla de ruedas, amputada de ambas piernas.

 

Al día siguiente de la publicación en este diario –la semana anterior-, se le informó que se hacía lugar a su pedido, con lo que el problema empezaba a solucionarse. La decisión que ella rechazó era que en el futuro debería trasladarse en taxi con posterior parcial reintegro de lo que gastara. De esa manera se interrumpía el servicio que se le prestaba hasta hace unas semanas, cuando se la llevaba en camilla y ambulancia.

 

En taxi no.

 

Carina había expuesto en LA ARENA que se encontraba muy mal por la situación: “Me subió la presión y la diabetes… había empezado en abril a hacer gestiones para conseguir que se continúe con el servicio que me estaban otorgando: que me envíen la ambulancia para ir al centro de rehabilitación donde debo ir de lunes a viernes”. Le habían dicho que en el futuro debía usar taxi: “Y yo no tengo plata para pagar eso”.

 

Ayuda familiar.

 

La mujer recordó que “primero me amputaron una pierna y al año la otra”, con lo que obviamente se le presentó un cuadro que no se le desea a nadie. Debió movilizarse, mínimamente, en silla de ruedas, y sólo la voluntad de sus familiares más cercanos –su padre, su hermano y su hija--, y el aporte del Estado provincial, le dieron incentivos para seguir adelante a pesar de todo.

 

Su padre, Héctor “Camacho” Cisneros, de profesión albañil, le construyó una linda casita en el asentamiento ubicado a metros del barrio Santa María de Las Pampas. “Papá puso sus ahorros y su trabajo para levantar la casa donde vivimos con mi hija”, contó Carina.

 

Aporte de la CPE.

 

Pero había otro problema: carecía de energía eléctrica, con lo que no podía utilizar heladera para tener los medicamentos (es insulina dependiente), y Héctor debía ir todos los días en bicicleta desde su domicilio –ubicado bastante lejos-- hasta la casa de Carina a llevarle el fármaco que necesita.

 

Después que el tema se planteó en este diario, la CPE Santa Rosa –atendiendo a un cuestión solidaria-- le proveyó la luz y llegó el alivio.

 

El Sempre respondió.

 

Pero después, desde el Sempre se le pidió que presentara certificados de su discapacidad, y eso desató el enojo de Carina: “Que me pidan un certificado de superviviencia puede ser… pero no se dan cuenta que a mí las piernas nunca me van a crecer…”, se quejó con lágrimas en los ojos.

 

Además había pedido que le cambiaran las ruedas de la silla, y eso se demoraba.

 

El viernes anterior, luego que todo eso fuera planteado en estas páginas, hubo respuesta. Desde el Sempre le comunicaron que iba a continuar el servicio de ambulancia para ir a “Rehabita”, y que también se le haría el “service” correspondiente a su silla de ruedas.

 

Estado presente.

 

Obviamente esa solución aportada desde el organismo oficial cambió de manera rotunda el estado de ánimo de Carina Cisneros. Enhorabuena.

 

Y hay que decir que –en este caso- hubo funcionarios que prestaron atención a un reclamo que se le efectuaba. Y qué bien que así sea, porque con un Estado presente siempre es mucho mejor.

 

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