Chiquito Badillo, el maestro del básquet
El deporte fue el centro de su vida porque practicó muchos. Se destacó en natación, pero un rectángulo de juego, la pelota y un aro lo determinaron para siempre. Chiquito Badillo, un verdadero maestro.
MARIO VEGA
Hay gente que anda por las calles quizás sin darse cuenta que es sumamente conocida. Personas que van por allí sin pretender –para nada-- llamar demasiado la atención, que aprendieron a transitar la vida sin grandes alardes, sin aspavientos, aunque lo que estuvieran haciendo mereciera la consideración de tanta gente…
Un caso de una persona que se me ocurre es así es el de este hombre que, pisando el umbral de los 80, sigue con la diaria rutina a la que se vinculó cuando era un chiquilín de pantalones cortos.
Desde el 60.
Un día de hace mucho tiempo, ese personaje advirtió que venía llegando un gigante de más de 2 metros de altura picando sobre la vereda despareja una pelota. No sabía entonces que sería un momento trascendental para él porque se iba a enamorar definitivamente del básquet. Y no lo abandonaría jamás, hasta hoy mismo cuando está transcurriendo la etapa del sosiego.
Carlos Nicolás Badillo, Chiquito para todo el mundo es, sin dudas –hay otros, claro-- uno de los pioneros de nuestro baloncesto lugareño. En ese ambiente quién no lo conoce, quién no sabe de sus conocimientos, de su capacidad, y de su infinita paciencia para ser docente en un deporte que lo atrapó aquella mañana de 1960, cuando se disputaba en Santa Rosa “el más argentino de los campeonatos”.
Un pionero.
Aunque toda mi vida estuve vinculado a diversas disciplinas –ya practicando alguna, o en mi condición de periodista en mis primeros años en la profesión--, nunca tuve demasiada cercanía con Chiquito. Y no sé por qué. Pero siempre pensé que es de esas personas que merecen el respeto y el reconocimiento de todos.
“Es el hacedor del básquet de All Boys…”, lo reconoció por estas horas `”Chango” Fazzini, quien fue su discípulo cuando era pibe (tiene con él una cercanía familiar). “Ha sido un gran DT, estudioso, que hizo infinidad de cursos de entrenador viajando mucho a Buenos Aires… incluso con Pat Riley, leyenda de la NBA. Y aún colabora en el club, porque es el nexo para saber qué le falta a cada jugador de la Liga Federal, y se encarga del desayuno, la merienda y las viandas… Es una persona excepcional”, lo definió.
Chiquito para todos.
“Si alguien me llama Carlos ni me doy vuelta”, me dice apenas comenzamos la charla. Sucede que los hermanos Badillo eran cinco: “Aquiles (fallecido), docente y gran dibujante que alguna vez supo trabajar en La Arena; Santiago que se jubiló como taquígrafo en la Cámara de Diputados; Susana que fue maestra y directora de la Escuela 1; Francisco (Paco) quien supo ser funcionario del Banco de La Pampa; y después vine yo, el menor… y ahí quedó lo de Chiquito”, explica.
Los Badillo… Los tengo perfectamente presentes. A todos. Un poco porque vivían en la mismo Villa Tomás Mason donde me crié, y donde aún continúa este hombre con el que charlamos sentados a una mesa en la vereda del club donde pasó tantos años de su vida.
Los padres.
Nacido en Winifreda, su padre fue Marcelino Badillo, maestro primero en Puelén, y que iba a terminar como director en la entonces Colonia 25 de Mayo. Su mamá era precisamente del oeste, y se llamaba Irene Herrera.
“Papá fue el creador a su manera de las colonias de vacaciones en la provincia, en 25 de Mayo… pasaba que los chicos en los veranos iban a sus casas, generalmente eran hijos de puesteros, y cuando regresaban después de un par de meses era evidente que no se habían alimentado bien, así que ideó que empezaran a quedarse y a darles actividades, y sobre todo hacer que comieran”, contó.
Larga charla.
Veníamos postergando esta charla, y ahora –después de hacerla-- confieso que me la estaba perdiendo. Porque tenía agendada una reunión importante, pero mientras Chiquito desgranaba recuerdos y me hacía algunas confesiones que me sorprendían, el tiempo pasaba y también el horario en que debía entrevistarme con otra gente. Llegué muy tarde a mi reunión, pero no me arrepiento. De verdad.
“Papá tenía casa en una parcela de 40 por 50 justo donde hoy está la terminal de ómnibus, y cuando el gobierno de (Helvio Nicolás) Guozden se la expropió nos tocó ir a la casa donde todavía vivo: eran entonces las calles 21 y 26, hoy Gobernador Duval y La Rioja”.
¡Récord en el secundario!
Se jacta de tener dos récord. Uno en natación, en estilo pecho donde se destacaba e hizo una marca regional que fue superada no hace tanto tiempo. La otra tiene que ver con los estudios secundarios. La cercanía lo llevó a hacer la primaria en la Escuela 4. Y después –a lo mejor para reafirmar los conocimientos con la repetición (?)-- hizo nueve años de secundario (¡¡!). “Tiene su explicación”, se defiende con una sonrisa que lo vende. “Lo que pasaba es que hacía todos los deportes: atletismo, básquet, natación, vóley, sóftbol… viajaba bastante y por supuesto en ese momento el estudio pasaba a segundo plano”, se ríe. Pero no obstante los completó en el nocturno, en el Ayax Guiñazú.
Su familia.
Más tarde llegaría a su vida Silvia (Bertolini). De esa unión nació Nicolás, que estudió en Córdoba y les dio dos nietas: Ema (16) y Lucía (12).
El tiempo pasó y Chiquito más tarde formalizó pareja con Rossana Caringella. “Una de las hijas de ‘Pepino’ (querido personaje), con quien tuvimos a Marcelino, quien ahora está viviendo en Playa del Carmen con su compañera Romina Aguirre, que es también de Santa Rosa”, cuenta. En ese paraíso caribeño el menor de los Badillo juega al básquet, y también entrena chicos.
Dicen que cada tanto el padre se toma un avión, se aparece en México y se queda varias semanas disfrutando de ese lugar maravilloso.
“El mar me puede… me encanta y puedo estar horas ahí. En un tiempo íbamos seguido a Monte Hermoso y pasábamos días en una carpa… El mar me tranquiliza, y pienso que nos hace tomar dimensión de lo insignificante que es el hombre ante tanta inmensidad de la naturaleza”, razona.
Llegada al básquet.
Hincha de Ríver, aunque admite que nunca fue bueno para el fútbol, lo sigue bastante a través de la televisión. “Es lo que miro: deportes, porque lo demás...”, hace un ademán que se entiende perfectamente.
Recuerda que fue por la natación –era gran figura de ese tiempo-- que llegó a All Boys, con un grupo de esos amigos de la preadolescencia.
“¿Cómo llegó al básquet? Un día estaba jugando a los cochecitos en el cordón de la vereda, cuando vi un flaco que venía picando una pelota. El tipo me miró y me dijo si lo podía acompañar hasta All Boys, para que le alcanzara la pelota cuando él lanzaba al aro. Le pedimos permiso a mi mamá y fui… cuando terminó yo no podía ni levantar los brazos. Tiró 250 tiros… ¿Sabés quien era? Gustavo Chazarreta, que medía 2,05, integraba la selección de Santiago del Estero y también estaba en la Selección Argentina”.
Aquella final.
Los equipos que participaban se alojaban en la Escuela Hogar, y se jugaba el Campeonato Argentino en el estadio Centenario, sobre una cancha hecha con asfalto… “¡Querés creer que en la final entre Santiago y Santa Fe, en el banco de suplentes estuve sentado yo! Desde ese día me enamoré definitivamente del básquet”, rememora sonriente. Como si le viniera a la mente la imagen del pibito que era cuando eso sucedió. Y sí, desde ese día el básquet sería el centro de su vida.
Jugar y enseñar.
Luego comenzó a jugar en All Boys con sus amigos Yuyo Regazzoli (“metía de todos lados”, recuerda), Tachi Montigni, Coco Maraschio, Jorge Domínguez, Chupete Armayor y Carlos Navarro Sarmiento. Un día se produjo un trueque entre los auriazules y Estudiantes, por el cual Jeta Gavazza y Toto Funes pasaron a All Boys, y Chiquito y Perita García fueron a vestir la camisola celeste. Algunos de los que jubaban era El Turquito Fernandez, Tito Batisttoni, Tincho Pérez Isa y el Sapo Carrizo entre otros. Todos dirigidos por ese muy querido profe que fue Horacio González. “Horas nos pasábamos charlando de básquet y de la vida con él”, lo recuerda Chiquito.
Si bien pasó por el celeste Badillo es considerado un símbolo alboyense. Así que regresó, ya no a jugar sino a trabajar en las formativas que All Boys no tenía. Chiquito ya tenía claro que lo que lo apasionaba era la enseñanza, sobre todo a los más chicos.
Primer trabajo.
Paralelamente con el deporte había empezado a trabajar en La Arena. “Ah! No sabías… sí, me gustaba la fotografía, y aprendí a hacer fotomecánica con el Gringo De Pián. Estuve un tiempo, y alguna macanita me mandé… siempre recuerdo la foto de un arboricidio en la avenida Edison”. Esa vez Chiquito montó una foto “patas para arriba” y por supuesto vino la reprimenda. “A usted le parece que esto puede ser”, le dijo muy serio don Raúl D’Atri. “Aunque esa vez no me echó”, señala. Fueron casi dos años haciendo esa tarea, y la recuerda con cariño.
La noche en su vida.
Fue más o menos por esa época que reconoce lo que considera “una etapa oscura… Fueron cinco años muy difíciles. Me había separado y anduve demasiado de noche… y no andaba bien”.
Para entonces había sido disc jockey de 04, una de los primeros boliches de Santa Rosa. “Me convencieron el Negro (Julio) Braile y Luis Zunino… y era algo que me gustaba mucho. Eso sí: ¡Nunca puse a Palito Ortega ni nada que se la pareciera!”, confiesa.
Con esa actividad anduvo por provincia de Buenos Aires, Trenque Lauquen, Pehuajó… “También estuve en Capital, y me acuerdo que en el ‘78 fui a ver la Copa Intercontinental William Jones entre Obras Sanitarias y Real Madrid”. Se trataba del mundial de básquet organizado por FIBA que se hacía en el templo del rock. “Es que más allá de cualquier cosa el básquet seguía siendo muy importante para mí”, completa.
Chiquito y el minibásquet.
Superado ese período frustrante volvió a All Boys. Y allí se iba a dedicar con enorme pasión al minibásquet. “Fue la primera vez que hubo divisiones inferiores, porque hasta ese momento, los que jugaban lo hacían después de haber practicado por su cuenta, acercándose a los clubes”. Y casi podría decirse que allí encontró su lugar en el mundo.
“La verdad es que la llegada de los dos norteamericanos para jugar la Liga Nacional para All Boys fue un boom… Revolucionó todo, y fue tan trascendente que llegamos a tener 300 chicos en el minibásquet… sí, fue una locura”, reconoce Chiquito.
“Sabés qué me gustaba de trabajar chicos… que varios que estuvieron conmigo como Fede Ingrassia, Andrés Gil Domínguez, Fabio Santillán (vive en Canadá), y algunos otros cuando se fueron a estudiar pudieron ayudarse haciendo de monitores en clubes, o de árbitros. Eso me ponía muy contento”, dice. Y muestra esa sonrisa en banderola que cada tanto se le dibuja en el rostro.
“Fidel me echó”.
Fidel Bretón y Carlos Yorio fueron dos de los artífices del arribo de los yanquis Helman Griffin y Chris Brazier. “Fue tremendo lo que generó”, dice ahora Badillo.
Y no tiene empacho en contestar cuando le pregunto: “¿Cómo te llevabas con Fidel? Mal, me llevaba mal. Pero pasó el tiempo y ahora estamos bien”, se ríe con ganas.
Es que Chiquito era el entrenador del equipo que lideraban los morenos norteamericanos, y en el que jugaban además Aníbal Bertón, Marcelo Forneris, Lito Aguerrido, Raúl Carrizo, Turi Fazzini, Marcelo Pinciarolli, un jovencito Pablo Yorio y Rodrigo Bermejo. “Un día fuimos a jugar a Neuquén un amistoso… yo no iba a mostrar lo mejor que teníamos, porque iban a ser rivales después en el Torneo Nacional. La cuestión es que perdimos y Fidel me dijo: ‘Ahora cuando volvamos te echo. Y sí, me echó”, se sonríe.
Chiquito no alcanzó a debutar en el torneo, ,porque horas antes lo reemplazó “El Chino” Weigandt, que hasta allí hacía la parte física; y más tarde contrataron a Carlos Ríos de Bahía Blanca.
Docente del básquet.
No obstante Badillo iba a seguir con los pibes, y además se vincularía con la Universidad Nacional de La Pampa. “Me preguntaron si me interesaba trabajar, y que había un torneo de universitarios en Misiones. Al principio dudé, pero empecé y al final me terminé jubilando como Director de Deportes” de la UNLPam.
Hoy, retirado de su condición de docente del básquet, va prácticamente todos los días al club, y a los partidos que se disputan en el gimnasio auriazul, pero también a otros escenarios.”Sí, porque el básquet me dejó amigos por todos lados, y es lindo volver a verlos”, completa.
Un aro, la pelota, su vida...
Si me parece verlo en aquellos viejos tiempos… El paso cansino y el morral al hombro, andando hacia el club con un cierto aire de despreocupación para hacer lo que más le gustaba: enseñar básquet.
Ya no están el cabello largo y la barba oscura, pero sus facciones no cambiaron demasiado... Es verdad que casi frisando los 80 naturalmente algún achaque que otro aparece, pero se sabe, los años no son más que juventud acumulada… “Es que somos grandes, sí, pero siempre digo que no hay que dejar entrar al ‘viejo’… Por eso venir al club, estar siempre cerca de lo que más me gusta es un aliciente que reconforta… si al cabo el básquet ha sido mi vida”.
Sí, y cómo no reconocerlo… tiene razón maestro. Claro que sí.
“Lo que más me gusta es enseñar”.
“Siempre me gustó enseñar. En mi casa son todos maestros, pero en un momento el único que daba clases era yo. Di en el secundario sin ser profesor, tanto en el Comercial como en el Nacional. Pasó que cuando los viejos profesores como Catón Montoya y Héctor Mario Vega se jubilaron no había profes de Educación Física en la ciudad”, cuenta Chiquito Badillo.
“Incluso me calificaron como uno de los mejores… yo no lo podía creer. Pero lo cierto es que me gustaba enseñar”.
Badillo explica que la idea no era solamente básquet, sino que los chicos tuvieran otras experiencias. “Con ellos viajamos a lugares increíbles, mucho al sur, conocieron la Patagonia, Comodoro Rivadavia… Me interesaba la parte social, que aprendieran la cuestión de la producción de petróleo, o cómo era la vida donde nos tocaba ir… que tuvieran otra visión”, amplía.
En All Boys.
Cada mañana trata de estar en el entrenamiento de los mayores, para ver qué necesitan, para charlar con el entrenador Ezequiel Santiago, que “es muy abierto, se le puede dar una opinión y escucha”, dice Chiquito.
Hace una consideración acerca de los clubes locales, y sostiene que All Boys siempre estuvo a la vanguardia en todo. “Porque empezó con el fútbol, con la Liga Nacional de básquet, la de Vóley, el natatorio cubierto, la pelota a paleta… Después es verdad que otros clubes fueron imitando, y está muy bueno. Con lo de básquet la verdad es que me apena que Estudiantes no haya podido clasificar porque lo merece, y además hubiese sido buenísimo tener el clásico en esa categoría”, reflexiona.
Grandes jugadores.
Cuando se le pregunta por grandes jugadores menciona a algunos, con el temor de olvidar otros. “Pero te digo, Jorge Racca, Tata Cuello, Marcelo Aguirre que fue excepcional… y quiero mencionar al Negro González de épocas anteriores. Era un jugador diferente”, califica.
No tiene dudas, y sostiene que “dirigir me ha gustado más que jugar. Tiene una cosa especial eso de dirigir, sobre todo divisiones inferiores”. Toda una definición de quién es Carlos Nicolás Badilllo. Chiquito, el maestro.
Una vida en imágenes.
Con sus hijos.
En el aeropuerto de Ezeiza con sus hijos. El mayor vive en Santa Rosa, y el menor está radicado en Playa del Carmen, en México.
En la historia.
Una foto histórica. Chiquito entre los dos morenos norteamericanos que revolucionaron nuestro básquet: Helman Griffin y Chris Brazier.
Reconocimiento.
En el centenario del Club All Boys hubo un reconocimiento a Chiquito. En la foto Badillo, El Manso Blanco, Guillermo Bergonzi, Chango Fazzini y Gustavo Bergonzi.
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