Con la fuerza del trabajo
“Pasó todo sin pensarlo ni planearlo mucho. Pensé que iba a ser más como ‘bueno, tengo un lugarcito chico para dar gimnasia’, pero no me imaginé que iba a crecer tan rápido”, dice Brenda Riela (34), quien lleva adelante Valquiria Gym, un espacio de entrenamiento donde mujeres de todas las edades se encuentran, ejercitan y crean una comunidad.
Antes de llegar al gimnasio donde hoy da clases -ubicado en José Ingenieros 1425 de Santa Rosa-, Brenda estudió Profesorado de Educación Física en General Pico, y luego se especializó en entrenamiento funcional. “Empecé en el garage de la casa de mis abuelos en 2024, y habré estado ahí cinco meses, desde marzo hasta agosto que entré en el salón. Igual, desde que terminé la carrera en el 2015 siempre dí clases en distintos lugares. Estuve en el Club Estudiantes en el 2022. Y antes, en la pandemia, daba clases al aire libre en la plaza Mitre. También hice el curso de entrenamiento funcional y me empecé a especializar en eso porque veía que movía bastante gente”, recordó sobre los distintos pasos de su camino en el mundo laboral.
“Cuando arranqué en el garage, tenía poquitas cosas y me fui comprando algunas de a poco, mis viejos también me ayudaron un montón. Era un lugar muy chiquito, de tres por dos, así que entraban muy pocas personas. Y un día dije, ‘quiero crecer, quiero meter más gente’. Lo pensé más por ese lado, que por la idea de tener un gimnasio”, relató en una charla con LA ARENA.
En esa búsqueda, encontró el salón del barrio Villa Santillán donde da clases. “Creo que fue mi hermana la que me dijo un día ‘vamos a ver un salón’. De entrada dije ‘va a sobrar muchísimo espacio acá’, pero estaba bueno porque podía meter más gente por turno. Así que me mudé, y a los meses creció un montón”, remarcó Brenda.
El espacio comenzó bajo el nombre BR Vida Fitness, y el fanatismo por los vikingos de Brenda la llevó a rebautizarlo como Valquiria. “Al principio estaba con dudas de cómo me iba a ir, pensaba ‘no me va a conocer nadie’... Pegamos algunos folletos, empezó a venir gente y de a poco se empezó a conocer, y mucho fue por el boca a boca. Y así pasaban los meses y cada vez más gente se sumaba”. Hoy entrenan en Valquiria entre 60 y 70 personas, repartidas en los turnos de la mañana de 8 a 10 y a la tarde, de 18 a 21.
Comunidad.
Así como no se esperaba el rápido crecimiento de Valquiria, Brenda tampoco pensó que su gimnasio fuera solo para mujeres. “En su momento la idea era que fuera mixto. Cuando estaba en el garage iba un chico, y algunos hombres que tenían clases conmigo en el Estudiantes me consultaron para arrancar cuando estaba por abrir acá”, contó.
“Cuando empezamos, vinieron todas mujeres. Después, hablando con las que venían me empezaron a comentar que les gustaba que fuera así, que estaba bueno que sean solo chicas. A algunas capaz les daba vergüenza compartir espacio con otros varones, algunas por ahí se sentían más cómodas en un espacio femenino”.
Brenda tomó esos comentarios y decidió que sea un espacio solo para chicas; y hoy tanto ella como las mujeres que van a sus clases valoran la confianza y complicidad que se genera. “Les gusta la comunidad que se armó. Entre nosotras hablamos de todo, muchas me dicen ‘vengo acá y me olvido de todo’, eso también es algo lindo que pasa acá. El grupo que viene a las 8 de la mañana se hicieron todas amigas, a la tarde también; se juntan afuera del gimnasio. Capaz que se cuentan sus problemas mientras están haciendo ejercicio, y así se hicieron muchas amistades acá adentro”.
Funcional.
El espacio de Brenda hoy se especializa en entrenamiento funcional, pero al ir incorporando máquinas también se trabaja fuerza y musculación. “Siempre hacemos un circuito de entrada en calor, y dos circuitos de trabajo. Hacemos ejercicios de tren inferior, superior, abdomen; hay ejercicios de fuerza y a veces incorporamos resistencia”, detalló.
Destacó también que el entrenamiento funcional es apto para cualquier persona que desee comenzar a entrenar. “Vienen chicas de todas las edades. Han pasado chicas desde los 14 años, y tengo mujeres de hasta 50 años, y más grandes todavía. Como son variados los grupos, todos los ejercicios se adaptan; eso también es lo que está bueno, que es muy inclusivo. Puede venir una señora de 84 años con un grupo de chicas de 20 y no importa, porque siempre se va adaptando”.
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