El trabajo de derribar prejuicios
Adrián López es Licenciado en Historia, docente y tarotista. En su formación integró a su vida una disciplina que, según explica, suele estar rodeada de prejuicios y preconceptos. Para él, lejos de la adivinación o la mística de espectáculo, se trata de una herramienta de trabajo orientada al autoconocimiento, la salud emocional y la identidad.
Adrián nació en Carro Quemado y divide su jornada laboral entre Victorica y la capital pampeana. En el Día del Trabajador, reivindicó las distintas formas de contribuir a la sociedad a través de la ayuda emocional y el autoconocimiento que ofrecen las artes holísticas.
Su acercamiento a las disciplinas holísticas fue el resultado de una fractura personal profunda. En 2017, mientras cursaba su carrera universitaria, Adrián atravesó lo que muchos estudiantes experimentan como una "crisis existencial", que lo desconectó de su propio deseo. "A todos los universitarios nos agarra esa crisis donde no sabés si querés seguir, si lo tuyo es o no realmente eso", resaltó en una charla con LA ARENA.
Fue en ese momento bisagra cuando apareció el concepto de la "noche oscura del alma", un tránsito que atraviesan quienes están en pleno despertar de conciencia. Para él, lo espiritual no tiene una raíz religiosa, sino que se vincula estrictamente con el crecimiento hacia adentro y la necesidad de registrarse a uno mismo para salir del "piloto automático". Esta necesidad de redireccionar su energía lo llevó a realizar un viaje fundamental al cerro Uritorco, en Córdoba.
Fue ahí, en las serranías de la provincia mediterránea, donde una terapeuta artesana le dijo algo que en aquel momento no pudo dimensionar: "Vos tenés un misterio por develar adentro tuyo, tenés que explotarlo a tu favor, porque tenés un don". Ese comentario fue el puntapié inicial para que, con el acompañamiento de una amiga reikista de años, comenzara a desandar el camino hacia el mundo holístico.
Deconstruir.
Como profesional de la Historia, formado en la Universidad Nacional de La Pampa, llegar a dedicarse también al tarot, no fue tan sencillo. Existía una barrera lógica y mental que derribar. "Siempre le tuve un cierto prejuicio, ese que opera en el imaginario social y que asocia al tarot con la brujería de antaño", explicó. “El conflicto era claro: ¿Cómo un profesor de Historia, alguien que estudia culturas ancestrales y rituales desde una perspectiva científica, podía dedicarse a tirar las cartas?”.
Entonces la respuesta llegó a través de un proceso de deconstrucción guiado por su propia psicóloga. Su real desafío fue entrenar la intuición y soltar la necesidad de buscarle una explicación lógica a todo. Su formación como historiador, lejos de ser un impedimento, terminó siendo un valor agregado.
"Si a la intuición le sumás el conocimiento, el resultado es sumamente valioso", reflexionó en el diálogo con este diario. El aprendizaje fue inicialmente autodidacta; las cartas habían estado en su casa como un regalo archivado hasta que decidió que era el momento de sentarse frente a ellas. Luego, su participación en congresos internacionales le permitió entender que el tarot es integral y que existen diversas ramas para abordarlo.
Un canal de energía.
Una de las aclaraciones importantes que Adrián hizo sobre su oficio es que no practica el enfoque predictivo. En sus lecturas, no hay sentencias ni "sí o no" absolutos.
"Las cartas, lo que hacen, es presentarte la energía disponible, después, el consultante elige qué hacer con eso", aclaró. Este enfoque requiere una sensibilidad especial para transmitir el mensaje, un tacto que, según le han reconocido colegas internacionales, proviene de su experiencia frente a los alumnos en el aula.
También rompió con el mito del agotamiento mental y físico tras las sesiones. A diferencia de lo que se cree, el ejercicio de esta terapia no debería drenar al facilitador. "Si sos canal de energía, no trabajás con la tuya, ni con la del consultante. Bajás información. He estado hasta ocho o nueve horas por día atendiendo y nunca termino cansado", aseguró. Para él, cada consulta es una reafirmación de su propósito de vida, una forma de conectar con el disfrute que antes le estaba vedado.
Sanar las raíces.
En la actualidad, su práctica se ha volcado hacia el análisis de los sistemas familiares. Adrián sostiene que muchas personas se acercan a la consulta buscando sanar patrones repetitivos que no les pertenecen, a lo que comúnmente se llama karma.
"El karma no es algo negativo, son lecciones necesarias que nos marcan un punto de inflexión para ser más conscientes de nuestro proceso", explica.
Su trabajo actual incluye el taller que dará este mes, denominado "Heridas de la Infancia", una propuesta integral que fusiona el tarot con la astrología y la psicología.
Junto a otras dos profesionales, Adrián busca "llegar al alma" de aquel niño o niña que fue silenciado o invisibilizado en su sistema familiar. "El niño herido pide volver en el adulto; lo ideal es hacerlo consciente para poder abrazarlo", señaló. Para él, esta labor es fundamental para liberar energías y devolver a cada miembro del árbol genealógico el lugar e identidad que le corresponden.
Espacios de lucha.
Se define como alguien que no puede "caretearla". Su identidad como docente de secundario y como tarotista, se funde en una sola esencia. Se reconoce a sí mismo como la "oveja negra" o el excluido de ciertos sistemas por sus elecciones personales y sexuales, y esa vivencia es la que utiliza para empoderar a otros.
"El aula es un espacio de lucha para mí, igual que lo son las cartas", afirma con convicción. En sus clases, intenta que los estudiantes no asocien el trabajo únicamente con el esfuerzo físico o el sacrificio, sino también con los procesos emocionales y la construcción de la identidad. Para él, ser tarotista es un estilo de vida que requiere un trabajo constante de merecimiento y depuración personal para poder servir de guía a los demás.
Salud emocional.
En el marco del Día del Trabajador, la historia invitó a repensar el concepto de utilidad social del empleo. Su labor aporta una herramienta de autoconocimiento en un mundo que suele vivir en la superficie. "Mi sueño es sostener procesos y acompañar. Que la gente se haga cargo de su propia sanación de manera comprometida y respetuosa", concluye.
A través de su espacio @haseyamagiayconexion, término sánscrito que refiere a conectar y elevarse desde el alma, Adrián continúa transformando el prejuicio en una oportunidad de servicio. Su espacio no es solo un lugar donde se leen cartas; es un territorio donde se busca la esencia, se recupera la identidad y se trabaja, día a día, en la compleja tarea de ser uno mismo.
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